Experiencias inolvidables

“Suerte o Muerte” en el rafting más peligroso del mundo en Zimbabwe

Cuánto mas me repetían viajeros americanos que no entrase en Zimbabwe por su crítica y peligrosa situación social y económica, más me motivaba cruzar la frontera desde Mozambique. La visión imaginaria de las Cataratas Victoria y el río Zambeze con su fama mortal de tragador de amantes del rafting, me atrajo irremediablemente.

La decisión estaba tomada hacía tiempo, tenía que enfrentarme al que está considerado el rafting comercial más peligroso del mundo, bajo la atenta mirada de las majestuosas cataratas que un día de 1855 el mítico David Livingstone descubriese. El nombre de la reina Victoria de Inglaterra quedó así prendido de este tumulto de agua salvaje, sin embargo yo considero más apropiado llamarlas bajo su nombre original, Mosi-oa-Tunya, el “humo que truena”.

Víctor

Víctor Alonso es un jóven emprendedor madrileño que reside en Buenos Aires, co-fundador de Mutocore Snacks, apasionado por los viajes y los deportes de riesgo, autor del libro de viajes “Cartas desde el Planeta Tierra” Ed. Manakel, presentador y guionista de la primera temporada del documental de viajes de TVE2 “Se Busca”, editor de Diario del Viajero y creador del blog El Nómada.

Si el río tenía que enseñarme algo era hora de comprobarlo. Había leído mucho sobre las víctimas mortales que anualmente se cobraba la bravura de aquellas aguas. Quería vivirlo en primera persona, quería sentir la amenaza de la madre naturaleza, pero desde luego, no quería engrosar el listado de percances irremediables.

Después de esperar autobuses que jamás llegaban desde Harare, capital de Zimbabwe, después de encontrar tan sólo en los supermecados, galletitas con sabor a naranja, refrescos y papel higiénico, después de tres días de aventuras y muchas desventuras conseguí recorrer los algo más de 713 km que separaban la capital de Cataratas Victoria.

Los monitores de rafting de todo el mundo conocen a este río como: “suerte o muerte” . No hace falta que os explique el porqué de este apelativo. Me lancé sin mucho pensarlo convencido que de la “suerte” estaría de mi lado, el Zambeze a las pocas horas, casi me arrebata esta idea de la cabeza.

Ve el video en el sitio original.

A partir de la quebrada natural de una verticalidad y altura de vértigo sobrenatural, que forman las cataratas, el río emerge con una bravura insólita y una fuerza devastadora. El camino hasta las balsas neumáticas ya nos hacía vaticinar la locura de esta experiencia. Dos personas del grupo decidieron darse media vuelta y esperar en los 4×4 de la agencia de rafting.

Ya equipados con los chalecos salvavidas, el casco y nuestro remo bajamos entre ramajes y rocas en un zig zag pronunciado. La humedad y el calor sofocante me acompañaban.

Después de recibir unas sencillas instrucciones remamos sobre las aguas calmas de una laguna. El estruendo de los rápidos ya se escucha. Las primeras embestidas las sobrepasamos con justo apuros, pero tras el calentamiento del principio comienzan a entrar en escena rápidos de niveles cuatro y cinco. La dificultad y la tensión ya se reflejan cuando cruzamos nuestras miradas.

—Chicos ahí tenéis delante al “Terminator II”, es de nivel cuatro y medio y la probabilidad de volcar en este punto es del cincuenta por ciento.

Con estos datos poco halagüeños, a los pocos segundos de dar el aviso y después de habernos solicitado que nos ajustásemos los chalecos salvavidas, Terminator II nos presentó sus credenciales.

Surfeamos de manera poco ortodoxa la primera ola y nos encontramos entrando directos en la boca de la segunda. La balsa fue engullida por la hambruna de las aguas ansiosas por cobrarse las primeras presas del día. Sin más aviso que el rugir estrepitoso del agua contra la goma de la embarcación, nos escupió de sus fauces como una catapulta.

Aturdido y magullado, escuchaba los silbidos y gritos del guía. El caos reinaba a mi alrededor tras volcar. Había perdido de vista la balsa, tragaba agua sin control mientras intentaba localizar un kayak de rescate entre el amasijo de espuma y olas.  La corriente me empujaba hacia el siguiente rápido y ya casi doblegado, vapuleado, sentí que sólo me quedaba esperar a que el río se hubiera saciado y decidiese dejarme paso sin que antes alguna de mis piernas se enganchase en las rocas del fondo y peligrara mi vida.

Sólo pensaba en salir de allí como fuera. Entre subidas, bajadas y tragos de agua, localicé un kayak que se mantenía a duras penas en horizontal. Comencé a nadar casi desbocado a brazadas desesperadas y agitando descontroladamente mis brazos llegué y me sujeté al kayak milagrosamente después de una maniobra agónica. Casi hundo el kayak de la fuerza con que me agarre.

En esos momentos los segundos se disfrazan de horas, ¡has leído tantas historias sobre los peligros del Zambeze, que llegas a pensar que quizás no salgas de allí con vida!

La aventura siempre tiene un precio, siempre es caprichosa. El riesgo a veces cobra un peaje alto, pero en mi caso siempre pago la tarifa con gusto, para que en aquellos días donde el trabajo y la monotonía nos preparan una encerrona, pueda recordar, cuando casi como una salvaje, me entregaba a la adicción de la adrenalina, para permitir que la naturaleza me enseñara con que fuerza a veces se expresa la vida.

Imagen | christophercjensen, Víctor Alonso
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Comentarios

  1. Comentario by Mario - noviembre 14, 2011 05:11 pm

    Víctor, ¿qué te falta por vivir? vaya dos experiencias que has contado. ¿En esta ocasión cómo fue la salida del agua? ¿Volver a respirar?

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    1. Comentario by Men Expert - noviembre 14, 2011 08:38 pm

      Gracias por tu comentario Mario. La sensación fue de liberación, de alivio. Me sentí incluso más vivo. Es difícil e explicar la angustia que puedes llegar a sentir, las ansias por sobrevivir como sea. Saludos!

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  2. Comentario by Compañeros de ruta (CIV) - noviembre 21, 2011 12:59 pm

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  5. Comentario by rosa - abril 02, 2012 11:48 am

    Victor
    Tienes toda la razón este rafting es suerte ño muerte.Lo hice hace 8a. y es una de las experiencias mas inolvidable que he hecho viajando por los mundos.
    En uno de los saltos volcamos y piensas a llegado mi hora, no te explicas porque sales a flote, la adrenalina es tal que vuelves a subir a la lancha y quieres seguir al final se hace corto.

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