Experiencias inolvidables

Aprendiendo a conducir un Sidecar, nada que ver con una moto normal

¿Alguna vez habéis tenido oportunidad de conducir un Sidecar? Si es que sí sabréis de lo que voy a hablar a continuación, si es que no, os recomiendo que en cuanto se presente la oportunidad no la dejéis pasar. Aunque como todos los vehículos que se salen de lo común hay que tener cierto cuidado las primeras veces que se conducen, pero no voy a adelantaros acontecimientos.

Lo primero es explicar cómo he conseguido conducir un Sidecar. La oportunidad me la brindó un buen amigo, Nacho Marvá, compañero de aventuras en el Scooter Club de Alicante, que ya hace unos años decidió liarse la manta a la cabeza y reconstruir una Lambretta Li 150 con su respectivo Sidecar. El desafío no era pequeño, ya que en la actualidad es prácticamente imposible legalizar un sidecar en nuestro país si no se trata de una motocicleta histórica. La suerte es que mi amigo Nacho localizó una moto con el atalaje prácticamente completo y decidió volverla a la vida.

Luis

L.Font se define como motero de nacimiento que además ha conseguido transformar su pasión por las motos en su modo de vida. Actualmente es editor de Motorpasión Moto y reparte su tiempo entre montar en Vespa y Lambretta (y repararlas) además de escribir sobre cualquier cosa que tenga dos ruedas y un motor. Puedes seguir sus andanzas también a través de twitter @L.Font

Lambretta Li 150 con Sidecar, la moto

Nos ahorraremos la parte burocrática de todo el desafío, sólo daros unas pinceladas de la misma, ya que además del necesario trámite de rehabilitación de la documentación hubo que hacer la catalogación del vehículo como histórico, su paso por la homologación de Industria para por fin conseguir el permiso de circulación para poder disfrutar del “artilugio” legalmente por las calles y carreteras. Claro que antes había que aprender a conducir algo así.

En mi casa era nombrar la palabra Sidecar (Seicar según mi padre) e inmediatamente salía a relucir la anécdota en la que mi padrino Salvador se había agenciado uno en los años cincuenta y practicando en una explanada del puerto de alicante casi acaba en el mar con todo el invento. El siguiente paso tras mencionar el Sidecar es que mi padre saque las fotos de mi abuelo paterno y sobre ellas comentemos la gran cantidad de gente que era capaz de transportar el abuelo con su Harley Davidson modelo 61 de 1924. Todo muy divertido, pero realmente nadie era capaz de explicarme cómo se conducía un Sidecar ni cómo funcionaba.

Mientras Nacho avanzaba con el papeleo de su Sidecar, en el momento que conseguimos tener todo el conjunto en marcha, el siguiente paso era imitar a mi tío Salvador e irnos con el artilugio a un lugar sin peligros y cerrado al público para poder empezar a experimentar la conducción de un Sidecar. Aunque no somos tan inconscientes como para lanzarnos a conducir algo así sin tener un mínimo de referencias, por lo que tras una búsqueda por la red me pude agenciar una copia del manual de conducción de Sidecar editado por la asociación de Sidecar de USA. Aunque tras empollarlo debidamente en él no se comentaba nada que el sentido común no nos hubiera indicado previamente.

Quizá la parte más novedosa era que el conjunto moto-Sidecar resulta que cuando giras hacia el lado opuesto en el que está el Sidecar funciona como un triciclo, mientras que si giras hacia el lado en el que está el sidecar este puede llegar a despegar su rueda del suelo, transformándose el conjunto en una moto-moto, pero con un añadido que ronda los 100 kg en equilibrio junto a ti. Interesante cuando lo lees, pero aún más cuando lo experimentas por primera vez.

Las primeras prácticas en circuito cerrado

Volviendo a nuestras primeras prácticas, transportamos el Sidecar a un aparcamiento bastante despejado a las afueras de la ciudad y allí le dimos las primeras vueltas al conjunto. En primera instancia con mucho cuidado y despacio, para ir conociendo que era aquello. Con la cabeza muy atenta a que lo que estabas conduciendo no era una moto sola y con el nivel de alerta muy alto para no estropear el trabajo de varios años con ningún accidente tonto. Claro que como uno es atrevido, en cuanto le vas cogiendo confianza al conjunto empiezas a querer ir un poco más rápido, y empiezan a aparecer diferencias con una moto normal. La primera es que el Sidecar es capaz de derrapar controladamente mucho más fácil que cualquier moto. Y muchísimo más fácilmente que cualquier Scooter clásico en los que la potencia es muy reducida.

Así derrapando aprendimos una de las primeras cosas, que si bien el derrape te ayuda a ir un poco más rápido, te puede dar un susto si las condiciones del asfalto cambian súbitamente. El aviso vino cuando precisamente la rueda del Sidecar se frenó en un parche de asfalto más rugoso y la moto hizo un caballito sobre su rueda delantera. El conductor saltó por encima del manillar mientras que el pasajero del Sidecar quedó apoyando la mano en el suelo y manteniendo el equilibrio de todo el conjunto. Menudo primer susto. Suerte que no pasó nada y tras unas cuantas clases más tanto Nacho como yo conseguimos hacer girar el Sidecar más o menos habilidad y a una velocidad digna.

Tras unas cuantas clases privadas y algún susto de este tipo el trámite administrativo fue avanzando, hasta que llegó el día en el que el Sidecar estaba legalmente autorizado para circular por la calle. Ese fin de semana quedamos en el taller y tras repostar, verificar las presiones de las ruedas y asegurarnos de que todo funcionaba correctamente nos lanzamos al tráfico abierto. El taller lo tenemos en una zona de calles estrechas de la zona antigua de la ciudad, así que mientras circulamos por esas calles no hubo problemas, despacito y con giros aún más despacio el sidecar se comporta como una moto a la que hay que girar un poco más el manillar y acompañar la maniobra con el pasajero. Pero en cuanto salimos a una de las principales avenidas se presentó el primer problema.

Y por fin salimos al tráfico real

Este problema no es otro que hacer girar un Sidecar a la velocidad del tráfico que te rodea. Ya no tienes la posibilidad de ir despacio cuando los autobuses y los demás coches te “empujan” mientras te miran con cara de sorpresa. Así llegamos a la primera intersección en forma de Y, tu decides ir por el lado de la derecha, pero el Sidecar decide seguir recto. Aquello no gira como te esperabas, los bolardos que protegen la esquina cada vez están más cerca y el tráfico sigue. Frenada de emergencia, miradas de susto entre el propietario y el conductor y replanteamiento de qué es lo que estamos haciendo.

Resulta que por mucha atención que le dediques a la conducción del Sidecar, por encima están los muchos años de conducción de bicicleta y moto, que te indican que con un balanceo de tu cuerpo las dos ruedas giran y e dirigen más o menos hacia donde miras. Aquí este balanceo no sirve de nada, y te deja con la mente bloqueada porque te dice que tu estás haciendo lo correcto pero la moto no gira. Unos segundos más tarde y tras un borrado parcial de lo que tienes grabado a fuego en tu cerebro retomamos la marcha, un poco más lentos y con más atención a lo que estábamos conduciendo. Así llegamos a la siguiente curva de la avenida y otra vez lo mismo, bloqueo mental y la moto yendo recta hacia la acera contraria.

Esto no va bien, pensé para mis adentros, e imagino que Nacho también pensó sentado en el asiento del Sidecar. Así que por segunda vez en mi vida tuve que poner en marcha todos mis conocimientos de conductor de motos y dedicarle el 150% de mi atención a lo que estaba haciendo para no acabar estampando el Sidecar contra nada ni nadie. A partir de ese momento fuimos ambos mucho más atentos, hablando constantemente de lo que estábamos haciendo y prestándole toda nuestra atención a la conducción. Aquí no vale casi nada de lo que has aprendido los anteriores veinte años de carné. Pero este desafío llegó a buen puerto, porque esa misma tarde conseguimos rodar cerca de 20 km por calles y carreteras cercanas a la ciudad.

Por supuesto que ambos nos fuimos alternando en el puesto del conductor, y la experiencia de ir sentado al lado de una moto, en una barquilla metálica sin nada más que te proteja también es excepcional y requiere total confianza en el conductor. Confianza porque ves pasar muy de cerca todo el tráfico que te rodea, vas en una posición más baja de lo normal y se pasa muy cerca de las esquinas y bordillos hasta que le coges la distancia al Sidecar. Pero no hay nada como ir conduciendo un sidecar, no se parece en nada a conducir una moto, pero sigue siendo una moto, especial, pero una moto, que es una de las cosa más divertidas que se puede conducir en el mundo.

Desde aquel día Nacho, el feliz propietario del Sidecar, le ha hecho un buen montón de kilómetros, asistiendo a concentraciones con su pareja o con algún otro “voluntario” para ir sentado en la barquilla. Su pericia conduciéndolo ha ido aumentando conforme pasaban los kilómetros, y a día de hoy, salvo por la velocidad que desarrolla el Sidecar, se ha convertido en una de sus motos preferidas. Yo tendré que volver a hacer el reciclaje la próxima vez que vuelva a conducirlo, pero ya os digo que si tenéis oportunidad no la dejéis pasar y os subáis al primer Sidecar que se ponga a tiro.

Gracias a Nacho Marvá por permitirme compartirla experiencia y a Romina Pérez por dejarme usar sus fotos.

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Comentarios

  1. Comentario by fernando - abril 08, 2012 11:36 pm

    las modas pasaran y la vespa perdurara

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  2. Comentario by Natxo Sobrado - abril 11, 2012 11:05 am

    Es una gozada ver una moto así, creía que era más fácil conducir un vehículo así, lo que menos sospechaba es que estuviesen ilegalizados.

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    1. Comentario by Luis Font - abril 15, 2012 11:34 am

      Hombre Natxo, no es que sean ilegales, sólo es casi imposible legalizar uno, pero con mucho tesón (y bastante dinero) se consigue casi todo.

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  3. Comentario by ignasi - abril 11, 2012 06:35 pm

    la verdad es que siempre he sentido curiosidad por montar en uno como copiloto! gracias por compartir la experiencia

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  4. Comentario by En moto y sin casco, por la ciudad de las bicicletas - mayo 16, 2012 08:57 am

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  5. Comentario by Tengo un sidecar de 125cc, ¿con qué permiso lo puedo conducir? - octubre 01, 2012 06:40 pm

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  6. Comentario by Carolina - febrero 20, 2013 07:30 pm

    Todos los sidecar vienen instalados definitivamente a la moto???

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  7. Comentario by poelly - septiembre 14, 2013 07:48 pm

    Nostalgico ver las fotos de tan preciosa motocicleta con su sidecar!! Las veia con frecuencia de nina en las autopistas de la Venezuela de los setentas. Solia llamar al el huevito por su forma parecida a un huevo. Se me hacia mucha ilusion ser pasajera del huevito. Al sol de hoy no he podido hacer realidad este deseo y la verdad no he visto una en decadas!!! Muchas gracias por tan bonito articulo!!

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  8. Comentario by angel - octubre 05, 2014 08:29 am

    hola , ayer sabado he montado un side a la lambreta , me di una vuelta y dije ost,,, esto no hay quien lo conduzca , he llegado a pensar que estaria mal montado , ya que el chasis no es orijinal y las convergencias y distancias , lo he sacado de una vespa , y hoy domingo me he liado a buscar y he encontrado vuestros comentarios , y en la mañana dare alguna vuelta para intentar ver si es un problema de montaje o es como decis en vuestro reportaje, si alguien tiene una lambreta con side, agradeceria me mandase las medidas entre ejes y convergencias, saludos y gracias

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