Experiencias inolvidables

California en un Mustang descapotable es un viaje de señores

Recorrer California en un Mustang era un sueño a punto de ser realidad. Ya tenía los vuelos, el visado, el coche, la mayor parte de los hoteles y un plan de viaje más o menos definido. Salimos de Madrid a primera hora de la mañana, llegando a San Francisco por la noche. 24 horas de luz solar han dejado nuestro organismo hecho polvo.

Recogemos el coche, hablando en español con un dependiente muy amable, cuando nos lo traen en el garaje no me puedo creer que ese monstruo vaya a ser mi compañero de viaje durante diez días. Nos perdemos al llegar al hotel, pero no importa, estoy tomándole el pulso a su motor V6 3.7 capaz de desarrollar 305cv.

Javier

Javier Navarro escribe en El Blog Salmón, pero la economía no es su única pasión, los viajes y coches también requieren su tiempo. Ha vivido en Inglaterra, en Berlín y en varios puntos de la geografía española. Siempre intenta hacer más especial el día en el que vive. Le puedes seguir en twitter en @newjavier.


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San Francisco, turismo al borde del pacífico

Al día siguiente nos encontramos con el tráfico matinal de San Francisco, paramos para desayunar en una hamburguesería y nos dirigimos al Golden Gate. Cruzarlo con el coche descapotado es la mejor bienvenida a la ciudad que me podía imaginar. A otro lado está Muir Woods, un bosque de Secuoyas gigantes cerca del resort de lujo de Sausalito.

Nuestro hotel está en SOMA (South of Market), una zona poblada por mendigos cuyo aspecto no es muy recomendable. También es una zona llena de artistas. Al día siguiente optamos por recorrer la ciudad andando, sufriendo sus muchas cuestas. El centro financiero, Chinatown, Lombard Street, Coit Tower… Comemos una sopa de mejillones en Fisherman’s Wharf y cogemos un tranvía típico para volver al hotel. Todavía nos queda un rato libre, que utilizamos para ir en coche al Golden Gate Park.

El día siguiente nos espera un gran viaje, San Francisco – Los Ángeles por el Big Sur recorriendo la mítica Pacific Coast Highway. Una sucesión de acantilados, playas y bosques al borde del pacífico llena nuestras retinas. Nos hubiera gustado parar en el Hearst Castle, pero el apretado horario nos lo impide.

Sur de California, sentirse dentro de una película

Los Ángeles nos sorprende gratamente. El clima es más suave que en San Francisco y Santa Mónica es un lugar agradable para pasar la mañana. Después de comer nos dirigimos a la excéntrica comunidad de Venice, cuyo bulevard de playa está poblado de culturistas y patinadores tatuados, vendedores de ropa y los “médicos de la marihuana”.

Por la noche subimos a Hollywood, el boulevard de las estrellas nos espera, aunque para llegar nos hemos perdido por el lujoso Beverlly Hills y comprado donuts en una caja rosa en honor a Homer Simpson. Intentamos subir a ver el famoso cartel de Hollywood, pero es demasiado tarde y está oscuro. No obstante nos llevamos una panorama nocturna de la ciudad del cine inigualable.

Al día siguiente nos espera otra de las grandes etapas, empezamos saliendo para Santa Barbara a visitar unos familiares. Santa Barbara es una ciudad pequeña, pero el estar situada en la ladera que baja al mar, su ambiente universitario y de playa y el cuidado estilo arquitectónico hacen que sea uno de mis lugares preferidos de California. Un chico de dieciséis años que se queda en casa de mis familiares durante dos o tres semanas para mejorar su inglés despierta mi envidia, ojala hubiera tenido un verano así a esa edad.

Las Vegas, sins & desert

En Santa Bárbara sólo hemos pasado la mañana, toca un viaje de siete horas a Las Vegas. Las siete se convertirán en nueve por culpa de atascos en las autopistas de Los Ángeles. Cruzar el desierto de Mojave mientras que anochece y acompañan cientos de coches que se dirigen a la ciudad del pecado te hace entender el gran polo de atracción que resulta para esa ciudad.

Nos alojamos en el Luxor, un casino-hotel dentro de una pirámide de cristal negro. Al contrario que el resto de los casinos que intentan atraer al público con sus luces, el Luxor parece un agujero negro salvo por el foco en el vértice. El hotel es barato y ha salido en Mars Attack, no puedo pedir más.

Al día siguiente vemos el Gran Cañón, como ya conté aquí. A la vuelta decidimos ver los casinos. Las Vegas es la tierra de la exageración y el calor no es una excepción. Caminando por el Strip nos abordan cientos de personas ofreciéndonos fotos y teléfonos de chicas cuyo servicio más inocente es un strip-tease. Hace demasiado calor y agradecemos volver al hotel.

Yosemite, magia de granito

Para ir a Yosemite pasamos una noche en Bakersfield, donde visito a una antigua compañera de piso que trabaja allí. Nos presenta a sus amigos de su iglesia local, algo que contrasta con el ambiente que dejamos en Las Vegas.

Yosemite es quizás el parque nacional más famoso de los Estados Unidos, y con razón. Empezamos por las secuoyas gigantes de Mariposa Grove. Estos gigantes llevan cientos de años en pié, han sobrevivido a decenas de incendios y seguramente seguirán impresionando a los que vengan en el futuro.

Pero Yosemite no se queda en secuoyas, sino que su valle central es un lugar mágico. La vista desde Tunnel View impresiona y es inolvidable. A la vuelta veremos una pareja casándose ahí. Buena elección. No obstante la vista desde Glacier Point es la mejor.

También ver de cerca las Yosemite Falls merece la pena. Pero conseguir llegar por las rocas hasta la pequeña laguna donde caen no es fácil. No llevamos traje de baño, pero nos metemos en el agua igualmente, es una oportunidad única que no queremos desaprovechar.

Bahía de San Francisco, último día

Llegamos tarde a un motel en Berkeley, por lo que no vemos nada de la ciudad. Al día siguiente nos paseamos por el campus de la universidad, el más prestigioso de la Universidad de California. Después de pasearnos por la ciudad comeremos en un restaurante que elegimos por el único motivo de tener a un par de decenas de chicos y chicas de unos veinte años, la mejor elección.

Pasamos por Oakland, aunque nuestro destino está en Palo Alto. Es una ciudad residencial llena de mansiones y comercios de lujo, pero también está en ella la Universidad Stanford. Su campus merece una visita. Da la casualidad de que un adolescente nos pregunta si somos estudiantes de la misma, le decimos que no. En cuanto se va nos reímos, los estudiantes están de vacaciones y nosotros estamos tomando fotos como turistas de libro.

Queda enfilar al aeropuerto. Hemos hecho al coche más de 2.000 millas, pero aunque se hace querer hay que devolverlo. Nos queda un largo viaje a casa y unos días de Jet Lag por delante.

Fotos | Javier Navarro
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Comentarios

  1. Comentario by Javier Costas - septiembre 07, 2012 02:23 pm

    Aunque sea el V6 (mola más el V8) bien merece la pena la experiencia.

    ¿Qué tal los consumos y el coste de llenado? ¿O no reparaste en ello?

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    1. Comentario by javier - septiembre 08, 2012 09:16 am

      El V8 hubiera estado mejor, pero ten en cuenta que el modelo que te alquilan prácticamente todas las empresas es el V6. Además conseguí alquilarlo muy barato, no es para ponerse picajoso, porque entonces ¿porqué no haberlo hecho con uno original de los años 60? Si es por pedir… Habitualmente estoy acostumbrado a un utilitario de 75cv, estamos hablando de cuadruplicar la potencia con la que cuento habitualmente, no perdamos la perspectiva ;)

      Respecto a consumos, no le presté mucha atención. El ordenador de a bordo mostraba un consumo de unas 23.4 MPG en una de las etapas finales del viaje. Solíamos echarle unos 30 dólares cuando se quedaba a un cuarto y después a seguir un montón de millas más. Para que te hagas una idea, entre Santa Barbara y Las Vegas repostamos dos veces, 60 dólares de gasolina para una de las etapas más largas del viaje y eso que pasamos dos horas atascados en las autopistas de LA.

      En EEUU varía mucho el precio entre una gasolinera y otra, a veces aunque estén una al lado de la otra, eso si que lo miramos en cuanto nos dimos cuenta.

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  2. Comentario by Carlos Domínguez - septiembre 10, 2012 01:22 pm

    Gran viaje y experiencia… aunque yo hubiera quitado hoteles y sumado una tienda de campaña :P

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    1. Comentario by javier - septiembre 10, 2012 09:33 pm

      Se nos ocurrió, pero ten en cuenta que al tener destinos mayoritariamente urbanos era más cómodo estar en un hotel relativamente cerca del centro que en campings bien lejos. Sólo la echamos de menos en Yosemite.

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  3. Comentario by juan - diciembre 21, 2012 01:22 am

    Hola, donde lo alquilaste y a que precio si no es mucho preguntar? te cobran tasa por devolverlo en una ciudad distinta?
    saludos y gracias

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  4. Comentario by Los negocios (legales) del porro - febrero 06, 2014 02:20 pm

    […] aunque eso es relativo. Muchos médicos la recetaban con bastante facilidad en lugares como Venice Beach (un barrio de Los […]

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  5. Comentario by Los vecinos que odiaban Silicon Valley - febrero 20, 2014 04:15 pm

    […] otro lado a San Francisco se le puede acusar de ser una ciudad poco interesada en proporcionar una vivienda asequible a sus […]

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