Experiencias míticas

Descubrir a Chris Marker

Hoy muchos descubrirán a Chris Marker. Un hombre que amaba a los gatos, a las lechuzas, a Japón. Un coleccionista de de dobles escurridizos, de biografía imposible o, directamente, inventada: un francés nacido en Ulan Bator, miembro de la resistencia contra el invasor nazi que saltó en paracaídas sobre la Francia ocupada para, después, luchar por otra revolución con la cámara como arma. Un ex alumno de Jean-Paul Sartre que se escondía de un mundo del que consiguió apearse, al menos públicamente: ya fuera detrás de un enorme gato naranja, Guillaume-en-Egypt, o metamorfoseado bajo el alias binario de Sergei Murasaki, su segunda vida en la despoblada Second Life. Más que un cineasta, Chris Marker se veía a si mismo como un manitas. No del cine: del multimedia. Del todo, un artista total. Y es que sus proyectos no eran verdades a 24 fotogramas por segundo. Esa es otra de las etiquetas que no pueden reducir su figura, su obra, su legado. Documentalista, fotógrafo, padre del ensayo fílmico, geek octogenario, revolucionario, viajero, poeta. Chris Marker era, será, todo eso y más.

Hoy muchos se descubrirán frente a su obra. Dirán que Marker dirigió ‘La Jetée’, una fotonovela de ciencia-ficción de 1968 en la que reconocemos plagios inconfesos (o dejémoslo en coincidencias afortunadas, verdad ¿James Cameron?) y homenajes explícitos (’12 monos’, en la que Terry Gilliam acredita a Marker como coguionista). 28 minutos de imágenes fijas –o casi totalmente estáticas– que cuentan la historia de un viajero del futuro que debe resolver en el pasado, un París post-apocalíptico, su presente. Una obra extraña, singular, profética, poética.

Hoy muchos descubrirán que ‘La Jetée’ esconde una carrera descomunal, revolucionaria, comprometida. Esta fotonovela sea posiblemente su film más influyentemente mainstream, el más conocido pero, también, el menos indicado para hacernos una idea de qué era Chris Marker. ¿La única ficción en una filmografía anclada o, mejor, propulsada desde el documental? Puede que sea incluso de más ayuda ver su estudio, el espacio de creación. Agnès Vardà, compañera junto a Marker, Alain Resnais, Marguerite Duras o Alain Robbe-Grillet en lo que los entendidos llamaron la Rive Gauche, nos descubrió hace unos años en su serie documental para Arte ‘Agnès de ci de là Varda’ su estudio.

Hoy muchos descubrirán que, tras Chris Marker, se esconden otros hombres más allá del manitas multimedia. Como el amante de los gatos. El entusiasta de las lechuzas. El enamorado de Japón. Un amor recíproco si nos creemos a Claude Lanzmann, que asegura en sus memorias ‘La liebre de la Patagonia’ que le consta que hay en Tokio, en el barrio de la yakuza, la mafia japonesa, un club nocturno estrecho y oscuro que se llama La Jetée. Pero también un revolucionario, alguien capaz de desafiar el boicot estadounidense y hacer llegar al Chile colpista un cargamento de bobinas para que Patricio Guzmán pueda rodar ‘La batalla de Chile’, Historia rodada a 24 fotogramas por segundo.

Yo descubrí a Marker siguiendo a un director que perseguía el recuerdo de una mirada. Wim Wenders viajó a Japón para descubrir qué quedaba del Tokio de Yasujiro Ozu. ‘Tokyo-Ga’ es una búsqueda, un homenaje, uno de los pocos momentos en los que podemos intuir a Marker frente a la cámara. Y lo hace en, precisamente, el club nocturno del que nos hablaba Lanzmann. Y con él, los gatos. Y Werner Herzog. Y Yuharu Atsuta, el director de fotografía de ‘Los cuentos de Tokio’, de ‘Primavera tardía’. Es el documental de viajes cinéfilo por  excelencia.

O se le acerca porque, después y acuciado por descubrir quién era ese tipo que se escondía de la cámara pero del que todo el mundo hablaba maravillas, di con el ensayo definitivo, ‘Sans Soleil’, el ficticio (¿?) diario de bitácora de un viajero que se pasea por medio mundo, desde Japón hasta San Francisco pasando por Paris, Guinea-Bissau e Islandia. Un viaje inagotable.

Ayer, 30 de julio, el mundo descubrió que Chris Marker había fallecido un día después de cumplir 91 años. Una fecha aciaga porque, cinco años atrás, otros dos hombres de cine fundían a negro: Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni. Jean-Luc Godard dijo que para rodar una buena película solo se necesitaba una chica y una pistola. Chris Marker coincidía parcialmente: “Me hubiera gustado vivir una época más pacífica para dedicarme a filmar lo que realmente prefiero, chicas y gatos”. Descanse en paz.

* Más allá de los clips colgados en YouTube, hay una inmejorable forma de descubrir a Chris Marker. Intermedio ha editado recientemente un cofre que reúne alguna de las piezas clave de su filmografía.

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Comentarios

  1. Comentario by Hay más cine ahí fuera (30 de julio-5 de agosto) | TodoMdP - agosto 06, 2012 01:35 am

    [...] el fallecimiento de Chris Marker, pero siempre viene bien echar un vistazo a su inmortal obra. En 1001 experiencias nos proponen un repaso a la misma, incluyendo la posibilidad de ver alguna e sus obras más [...]

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  2. Comentario by Título Mejor pelicula | Hay más cine ahí fuera (30 de julio-5 de agosto) - agosto 06, 2012 02:50 am

    [...] el fallecimiento de Chris Marker, pero siempre viene bien echar un vistazo a su inmortal obra. En 1001 experiencias nos proponen un repaso a la misma, incluyendo la posibilidad de ver alguna e sus obras más [...]

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  3. Comentario by Peter O’Toole, la leyenda del santo bebedor - septiembre 03, 2012 03:05 pm

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  4. Comentario by Hay más cine ahí fuera (30 de julio-5 de agosto) - octubre 27, 2012 12:10 am

    [...] el fallecimiento de Chris Marker, pero siempre viene bien echar un vistazo a su inmortal obra. En 1001 experiencias nos proponen un repaso a la misma, incluyendo la posibilidad de ver alguna e sus obras más [...]

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