Experiencias míticas

La pesadilla

Nou_1Algunas noches me despierto en mitad de la oscuridad, después de una pesadilla, y tengo frío y calor. Me tomo un tiempo para recuperarme. Si hay un vaso de agua en la mesilla de noche, bebo como si estuviese en el desierto, o como si ese vaso fuese el último cigarro antes de la silla eléctrica. No es fácil deshacerse de algunos sueños. El modo de hacerlo rápido es a menudo adoptar tu paso a la lentitud, es decir, te incorporas suavemente, buscas a tientas el vaso en la mesilla, apartas el teléfono, las gafas, retiras el condón usado, y alcanzas al fin el agua. Bebes.

Te dejas caer otra vez boca arriba en la cama, miras la oscuridad en el techo, como si fuese un misterioso mapa, piensas, te levantas, buscas las zapatillas con los pies, también a tientas, vistes la bata roja, desayunas a las tres de la mañana, lees a Jeremías Gamboa. En fin. Cuando te das cuenta, el sueño se secó dejando apenas una huella detrás, como cuando un amigo te vierte la cerveza en el regazo, sin querer, para que la acunes.

Pero las huellas siempre regresan, y de pronto, otra noche vuelves a verte arrojado a la misma pesadilla. No por saberla de memoria, es menos atroz. Tú estás ahí, distraído, cuando, inopinadamente, notas cerca un gran impacto. No hay destrozos. Digamos que más bien se trata de ese tipo de estruendo que producen los conocimientos recién desnudados. No saber, y de improviso saber, no sale gratis. En tu sueño, acabas de descubrir que en un lugar donde todo apesta a podrido, el fútbol no huele demasiado distinto. En mitad de la madrugada, solo como un perro, casi abandonado a tu propia compañía, por primera vez ves claro que hemos estado mucho tiempo viendo fútbol, siguiendo a los jugadores, aplaudiendo su maestría buscando el vértigo del gol, y esa habilidad te adormece dulcemente. Es como esas noches en las que, tendido en el sofá, te dejas cubrir por una manta y deseas que nunca se haga de día, para permanecer eternamente en el filo de esa felicidad. Pero en esa pesadilla, de pronto, apartas la mirada del terreno de juego, te olvidas de los futbolistas, ignoras el balanceo que te arrulla, y descubres que todo alrededor está lleno de inmundicia. Claro, claro, te vas diciendo en voz baja, constatando las dimensiones del crack.

BerbaneuCómo era posible, te preguntas, que todo hubiese sucumbido a la corrupción, y el fútbol permaneciese ajeno. Ahora entiendes que, en realidad, no era posible escapar a tanta suciedad. El estruendo del descubrimiento resulta tan impactante y desagradable, que en una maniobra de desesperación, para ponerte a cubierto, te convences de que es de noche y que has estado soñando. Así que bebes un vaso de agua para sacudirte el mal sabor de boca. Si te calmas, y te levantas, y preparas un buen desayuno, y te pones a leer una novela hasta que se haga de día y todo sea como ayer, antes de irte a la cama, todo volverá a su sitio.

En 1001 Experiencias | He venido a matarte en un córner
En 1001 Experiencias | Muerte en el banquillo del Bernabéu

Comentarios

  1. Comentario by Goles fantasma: ¿la bola entró? - 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal - diciembre 21, 2013 12:28 pm

    […] 1001 Experiencias | La pesadilla En 1001 Experiencias | Cristiano Ronaldo, la dificultad de sentirse […]

    Responder