Seguro que sabéis quién es Gordon Ramsay, chef y dandi culinario que ha presentado y presenta una cantidad casi incontable de programas gastronómicos de toda índole. Tiene un acento escocés de lo más sexy, más de una docena de estrellas Michelin y lo mismo te hace un concurso de chefs amateurs que se pone a buscar cucarachas en tu hotel. Algunos de sus programas son ‘Pesadilla en la cocina’, ‘Hell’s Kitchen’ (que no son lo mismo aunque el nombre sea confuso) y ‘Hotel Hell’ (que estrena en breve Divinity). Está en la versión inglesa y americana de muchos de sus programas y es el juez principal de ‘Masterchef’, el reality concurso que hace unas semanas finiquitó su versión española, no presentada por él, claro. Por desgracia, se echaban de menos sus amazing, beautiful y tasty. Fijo que tiene el récord de cantidad adjetivos que preceden a la mención de un alimento. Uno de sus más peculiares y llamativos programas es ‘Gordon Behind Bars’ (Gordon tras las rejas), un docureality británico en el que Ramsay decide irse a una prisión en Brixton a enseñar cocina a algunos de los presos. La idea es que los criminales aprendan una profesión de cara a su salida de la cárcel a la vez se crea y mantiene un negocio sostenible que venda productos a empresas del entorno, pagando así parte de su deuda con la sociedad (y con el Estado, que gasta nosecuantitos en las cárceles, dice Gordon en el arranque del programa). Video sin drama Ramsay llega y hace una especie de casting en el que comprueba las habilidades de los pocos presos interesados, todos ellos encarcelados por penas relativamente menores como robo, asalto, conducción temeraria y demás. No hay asesinos ni violadores, no. Lo mejor de ‘Gordon Behind Bars’ es que cualquier minucia genera un dramón peligroso en torno a ella. ¿Desaparece un cuchillo? Drama ¿un chef le dice al otro lo que tiene que hacer de malas maneras? Drama. No quiero dar más detalles por no desvelar parte de la gracia, pero las cosas se ponen tan chungas en algún momento que hay presos que son forzados a abandonar (o que abandonan por decisión propia) como consecuencia de lo que ocurre en esa cocina. Todo mientras Ramsay se esconde en la despensa. Otra ventaja del programa es su duración. El calendario va desde que Gordon llega a la prisión y comienza el aprendizaje hasta que poco a poco van avanzando en el tema del negocio y consiguen que La repostería de los chicos malos llegue a buen puerto, todo esto en un periodo de 6 meses que ‘Gordon Behind Bars’ recoge en sólo 4 episodios de una hora, por lo que se ve rápido y van al grano. Y si no, todo sea por ver a un puñado de criminales chungos tatuados haciendo magdalenas decoradas con glaseado rosa y purpurina. Vídeo [...]
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]]>Seguro que sabéis quién es Gordon Ramsay, chef y dandi culinario que ha presentado y presenta una cantidad casi incontable de programas gastronómicos de toda índole. Tiene un acento escocés de lo más sexy, más de una docena de estrellas Michelin y lo mismo te hace un concurso de chefs amateurs que se pone a buscar cucarachas en tu hotel. Algunos de sus programas son ‘Pesadilla en la cocina’, ‘Hell’s Kitchen’ (que no son lo mismo aunque el nombre sea confuso) y ‘Hotel Hell’ (que estrena en breve Divinity). Está en la versión inglesa y americana de muchos de sus programas y es el juez principal de ‘Masterchef’, el reality concurso que hace unas semanas finiquitó su versión española, no presentada por él, claro. Por desgracia, se echaban de menos sus amazing, beautiful y tasty. Fijo que tiene el récord de cantidad adjetivos que preceden a la mención de un alimento.
Uno de sus más peculiares y llamativos programas es ‘Gordon Behind Bars’ (Gordon tras las rejas), un docureality británico en el que Ramsay decide irse a una prisión en Brixton a enseñar cocina a algunos de los presos. La idea es que los criminales aprendan una profesión de cara a su salida de la cárcel a la vez se crea y mantiene un negocio sostenible que venda productos a empresas del entorno, pagando así parte de su deuda con la sociedad (y con el Estado, que gasta nosecuantitos en las cárceles, dice Gordon en el arranque del programa).
Ramsay llega y hace una especie de casting en el que comprueba las habilidades de los pocos presos interesados, todos ellos encarcelados por penas relativamente menores como robo, asalto, conducción temeraria y demás. No hay asesinos ni violadores, no. Lo mejor de ‘Gordon Behind Bars’ es que cualquier minucia genera un dramón peligroso en torno a ella. ¿Desaparece un cuchillo? Drama ¿un chef le dice al otro lo que tiene que hacer de malas maneras? Drama. No quiero dar más detalles por no desvelar parte de la gracia, pero las cosas se ponen tan chungas en algún momento que hay presos que son forzados a abandonar (o que abandonan por decisión propia) como consecuencia de lo que ocurre en esa cocina. Todo mientras Ramsay se esconde en la despensa.
Otra ventaja del programa es su duración. El calendario va desde que Gordon llega a la prisión y comienza el aprendizaje hasta que poco a poco van avanzando en el tema del negocio y consiguen que La repostería de los chicos malos llegue a buen puerto, todo esto en un periodo de 6 meses que ‘Gordon Behind Bars’ recoge en sólo 4 episodios de una hora, por lo que se ve rápido y van al grano. Y si no, todo sea por ver a un puñado de criminales chungos tatuados haciendo magdalenas decoradas con glaseado rosa y purpurina.
Están los cuatro episodios en youtube.
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]]>En pocos días vuelve a AMC la quinta temporada de las peripecias de Walter White. Dicho así parecería que el tal Walter es un chaval travieso que aprovecha el verano para vivir pequeñas aventuras; podría ser, si por entendiésemos por chaval a un cincuentón calvo, por verano entendiésemos Nuevo México en cualquier época del año y pudiésemos llamar pequeñas aventuras a esa colección de adictos al cristal, asesinatos, luchas de poder y comportamientos perturbados. Tras tantos episodios y habiendo dejado tantas tramas y personajes atrás, es normal que ciertos aspectos de una serie generen polémica o controversia entre sus seguidores y ‘Breaking Bad’ no es una excepción. La idea de este artículo es enumerar alguna de estas facetas de la serie, ponerlas sobre la mesa y ver de qué lado estamos cada uno. Aviso: obviamente, hay spoilers de todo lo emitido hasta ahora en Estados Unidos, es decir, hasta el episodio 8 de la quinta temporada. Walter Jr El hijo de Walter no genera fuertes opiniones pero su papel, presencia y utilidad en la historia es constantemente referenciada. Esta discusión suele arrancar con una mofa al hecho de que lo único que hace RJ Mitte es desayunar. No hay personaje de televisión cuyos huevos, beicon y cereales sean tan dramáticos; durante la adolescencia uno nunca se sabe por dónde te van a salir las dolencias. Walter Jr. es un elemento vital en algunos aspectos de la serie. Es una motivación para ciertos comportamientos de Walter padre y también un factor clave en la relación de éste con su mujer. Probablemente incluso adquiera un papel esencial en los episodios que están por venir a la hora de plantear el destino del protagonista, pero la discusión sobre el tema suele residir en su presencia. ¿Es suficiente con lo que vemos ya que es poco más que una herramienta o una serie como ‘Breaking Bad’, que dibuja tan bien a todos los personajes con muy poco, debería haber dado algo más de dimensión a alguien tan relevante como el hijo de Walter? Personalmente me encuentro en una posición más o menos neutral en este punto, pero si hubiesen aprovechado más al personaje no me habría importado. 3×09 “La Mosca” ‘Braking Bad’ es una serie de canal de cable americano y como tal, no es tan accesible como otras. Uno de los elementos fundamentales es la forma en la que cuenta las cosas, esa técnica de olla a presión. Con un ritmo pausado, va subiendo la temperatura poco a poco hasta que finalmente explota en un cúmulo de adrenalina concentrada, para luego volver a esa calma tensa. Es frecuente encontrar espectadores que afirman que a veces es incluso demasiado lenta (¡locos!) y un episodio que hizo abandonar a muchos fue “La mosca”. Durante 40 minutos, Walter se obsesiona con una mosca cojonera que ronda por el laboratorio, algo que sirve a la historia para [...]
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]]>En pocos días vuelve a AMC la quinta temporada de las peripecias de Walter White. Dicho así parecería que el tal Walter es un chaval travieso que aprovecha el verano para vivir pequeñas aventuras; podría ser, si por entendiésemos por chaval a un cincuentón calvo, por verano entendiésemos Nuevo México en cualquier época del año y pudiésemos llamar pequeñas aventuras a esa colección de adictos al cristal, asesinatos, luchas de poder y comportamientos perturbados.
Tras tantos episodios y habiendo dejado tantas tramas y personajes atrás, es normal que ciertos aspectos de una serie generen polémica o controversia entre sus seguidores y ‘Breaking Bad’ no es una excepción. La idea de este artículo es enumerar alguna de estas facetas de la serie, ponerlas sobre la mesa y ver de qué lado estamos cada uno.
El hijo de Walter no genera fuertes opiniones pero su papel, presencia y utilidad en la historia es constantemente referenciada. Esta discusión suele arrancar con una mofa al hecho de que lo único que hace RJ Mitte es desayunar. No hay personaje de televisión cuyos huevos, beicon y cereales sean tan dramáticos; durante la adolescencia uno nunca se sabe por dónde te van a salir las dolencias.
Walter Jr. es un elemento vital en algunos aspectos de la serie. Es una motivación para ciertos comportamientos de Walter padre y también un factor clave en la relación de éste con su mujer. Probablemente incluso adquiera un papel esencial en los episodios que están por venir a la hora de plantear el destino del protagonista, pero la discusión sobre el tema suele residir en su presencia. ¿Es suficiente con lo que vemos ya que es poco más que una herramienta o una serie como ‘Breaking Bad’, que dibuja tan bien a todos los personajes con muy poco, debería haber dado algo más de dimensión a alguien tan relevante como el hijo de Walter? Personalmente me encuentro en una posición más o menos neutral en este punto, pero si hubiesen aprovechado más al personaje no me habría importado.

‘Braking Bad’ es una serie de canal de cable americano y como tal, no es tan accesible como otras. Uno de los elementos fundamentales es la forma en la que cuenta las cosas, esa técnica de olla a presión. Con un ritmo pausado, va subiendo la temperatura poco a poco hasta que finalmente explota en un cúmulo de adrenalina concentrada, para luego volver a esa calma tensa. Es frecuente encontrar espectadores que afirman que a veces es incluso demasiado lenta (¡locos!) y un episodio que hizo abandonar a muchos fue “La mosca”.
Durante 40 minutos, Walter se obsesiona con una mosca cojonera que ronda por el laboratorio, algo que sirve a la historia para poner sobre la mesa la obsesión, la paranoia y la presión que sufre el personaje como consecuencia de la acumulación de eventos previos (muchos de ellos secretos que incumben a Jesse o el peligro acechante a su familia). Es un bottle episode, sí (un episodio botella es uno en el que aparecen muy pocos personajes y generalmente en poquísimos escenarios; es una medida presupuestaria que suele aplicarse a un capítulo justo antes de la recta final de las temporadas, que generalmente son episodios más caros de producir) pero uno bien resuelto y memorable que ha resultado ser el que más polariza a los espectadores de la serie, algo así como el del boxeo de ‘Battlestar Galactica’.
Con Skyler ha pasado algo similar que con Jaime Lannister en ‘Juego de Tronos’, en un principio es difícil no juzgar la forma de actuar y de incordiar que tiene constantemente (en el caso de Jaime, cuasi infanticidio, incesto… ya sabéis). Quizá no era tanto que polarizase a la audiencia sino que era odiada por gran parte de ella, pero poco a poco la serie ha ido mostrando más su punto de vista en esta historia y muchos de los que la teníamos manía nos hemos parado por fin a intentar ver las cosas desde su perspectiva. Tenía todo el derecho del mundo a ser un incordio. Con todo, sigue siendo un personaje que genera animadversión entre algunos espectadores, esos a los que aún conservan restos de su perdón incondicional hacia Walter.
Retomemos la última secuencia que vimos el verano pasado: Hank, Skyler, Marie y Walter charlan en el patio trasero de los White mientras Walter Jr. juega con Holly. Hank se excusa y va a sentarse en el trono. Con toda la tranquilidad del mundo de quien planta un pino en su propia casa, busca algo que leer y encuentra un mensaje de “G.B” a su “otro W.W. favorito”. Ata cabos. Jódete, espectador, que ahora tienes que esperar un año.
Al pobre Hank le ha pasado de todo y llevaba muchas temporadas sin enterarse ni del nodo hasta que, de repente, por una casualidad casual de la existencia encuentra la pista que le hace descubrir que Walter es Heisenberg. Esto ha molestado a una corriente de seguidores que defienden que es una salida fácil y cutre para desencadenar el final, una que no está a la altura de la complejidad narrativa de ‘Breaking Bad’. Otros defendemos este giro por dos motivos: uno, que las casualidades existen y ya se han dado anteriormente en la serie, si todo saliese según lo planeado no estaríamos donde estamos en la historia. Y dos, es más que probable que Walter haya puesto ese libro ahí. Puede haberse convertido en muchas cosas, pero en un tonto descuidado desde luego que no.
Aunque haya elementos que generen disputas entre sus seguidores, ‘Breaking Bad’ sigue siendo uno de los dramas que más entusiasmo genera actualmente y estos últimos episodios de la serie van a ser uno de los eventos televisivos del verano, si no es EL evento. Pero venga, que lo estáis deseando… ¿Mosca sí o mosca no?
En 1001 Experiencias | La agorafobia de Breaking Bad
En 1001 Experiencias | ¿Por qué deberías estar viendo Breaking Bad?
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]]>En una lista de propuestas básicas para que una comedia acabe funcionando en la televisión no falta un rostro que acabe atrayendo las miradas gracias a su belleza. Las reinas de las comedias que logran convertir un papel de humor en un juego más picante dentro de un rol concreto. De camareras a mujeres casadas con ricos empresarios, de diseñadoras a aburridas oficinistas. Ellas no faltan en los principales éxitos y se convierten en parte clave de la serie. Sofía Vergara en ‘Modern Family’ Si hay una actriz que ha logrado convertir un papel basado en el tópico más repetido en un gancho exitoso esa es Sofía Vergara. La arma letal latina ha saltado de ser una guapa y curvilínea modelo a ser la mujer de un rico hombre de negocios mayor en ‘Modern Family‘. Nada de la típica unión buscando la fortuna ajena en un segundo plano limitándose a sonreír. Sofía Vergara es una de las responsables de dicho éxito. Kaley Cuoco en ‘The Big Bang Theory’ Una serie basada en cuatro científicos peculiares necesita un contrapeso femenino que aporte la tensión sexual no resuelta e incluso deje sin habla a uno de los cerebritos. Kaley Cuoco se ha encontrado con el éxito en ‘The Big Bang Theory‘ sin necesidad de tener ninguna habilidad especial a la hora de la interpretación. Cobie Smulders en ‘How I Met Your Mother’ El martirio de Ted en ‘How I Met Your Mother‘ no solo lo sufren sus hijos, con una hija como Lyndsy Fonseca que le ha salido guerrera, sino también lo sufre el espectador y los amigos que le rodean. En especial Cobie Smulders quien interpreta a su amor platónico Robin Scherbatsky. Ella se lleva el papel atractivo de la serie logrando ganarse incluso a una Lily Aldrin (interpretada por Alyson Hannigan) habitual de este tipo de trama en la saga de ‘American Pie’ o a la sombra de Sarah Michelle Gellar en ‘Buffy, cazavampiros’. Jenna Fischer en ‘The Office’ Hasta la serie más sosa y aburrida en el plano sexual tiene a su cara estrella de cara bonita para convertirse en la mujer deseada. En este caso por Jim Halpert en manos de John Krasinki quien logra conquistar a Pam Beesly, interpretada por Jenna Fischer, en ‘The Office‘. Dwight Schrute se queda con el papel de Míster Universo. Jennifer Aniston en ‘Friends’ Aunque si hay una mujer que ha sabido rentabilizar este éxito del papel sexy esa ha sido Jennifer Aniston que ha convertido su carrera en ‘Friends’ en la carrera de la doble de Rachael Green. Papel tras papel la actriz estadounidense ha seguido reinterpretando a la reina de la comedia deseada por el público. Fotos | Maxim, Maxim, Sofía Vergara, Esquire En 1001 Experiencias | La dulzura envenenada de las modelos más atractivas En 1001 Experiencias | Diane Kruger, la nueva detective sexy en ‘The Bridge’
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]]>En una lista de propuestas básicas para que una comedia acabe funcionando en la televisión no falta un rostro que acabe atrayendo las miradas gracias a su belleza. Las reinas de las comedias que logran convertir un papel de humor en un juego más picante dentro de un rol concreto. De camareras a mujeres casadas con ricos empresarios, de diseñadoras a aburridas oficinistas. Ellas no faltan en los principales éxitos y se convierten en parte clave de la serie.
Si hay una actriz que ha logrado convertir un papel basado en el tópico más repetido en un gancho exitoso esa es Sofía Vergara. La arma letal latina ha saltado de ser una guapa y curvilínea modelo a ser la mujer de un rico hombre de negocios mayor en ‘Modern Family‘. Nada de la típica unión buscando la fortuna ajena en un segundo plano limitándose a sonreír. Sofía Vergara es una de las responsables de dicho éxito.
Una serie basada en cuatro científicos peculiares necesita un contrapeso femenino que aporte la tensión sexual no resuelta e incluso deje sin habla a uno de los cerebritos. Kaley Cuoco se ha encontrado con el éxito en ‘The Big Bang Theory‘ sin necesidad de tener ninguna habilidad especial a la hora de la interpretación.
El martirio de Ted en ‘How I Met Your Mother‘ no solo lo sufren sus hijos, con una hija como Lyndsy Fonseca que le ha salido guerrera, sino también lo sufre el espectador y los amigos que le rodean. En especial Cobie Smulders quien interpreta a su amor platónico Robin Scherbatsky. Ella se lleva el papel atractivo de la serie logrando ganarse incluso a una Lily Aldrin (interpretada por Alyson Hannigan) habitual de este tipo de trama en la saga de ‘American Pie’ o a la sombra de Sarah Michelle Gellar en ‘Buffy, cazavampiros’.
Hasta la serie más sosa y aburrida en el plano sexual tiene a su cara estrella de cara bonita para convertirse en la mujer deseada. En este caso por Jim Halpert en manos de John Krasinki quien logra conquistar a Pam Beesly, interpretada por Jenna Fischer, en ‘The Office‘. Dwight Schrute se queda con el papel de Míster Universo.
Aunque si hay una mujer que ha sabido rentabilizar este éxito del papel sexy esa ha sido Jennifer Aniston que ha convertido su carrera en ‘Friends’ en la carrera de la doble de Rachael Green. Papel tras papel la actriz estadounidense ha seguido reinterpretando a la reina de la comedia deseada por el público.
Fotos | Maxim, Maxim, Sofía Vergara, Esquire
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]]>Con ‘New Amsterdam’ ocurre algo similar a lo que contaba cuando dediqué esta sección a ‘Kings’. Ya no es sólo el hecho de que los limitados ocho episodios disponibles de la serie sean interesantes y suficientes como para recomendar la serie, también es uno de esos casos en el que la cancelación duele más por lo que podría haber sido que por lo que fue; por todo lo que plantea y las buenas ideas que presenta y que no tiene tiempo de desarrollar. Nikolaj Coster-Waldau (al que reconoceréis por ser Jaime Lannister en ‘Juego de Tronos’) es John Amsterdam, un detective de homicidios de la policía de Nueva York que se conserva estupendérrimamente para su edad: tiene 400 años. Nació a principios del S.XVII y en el año 1642 salvó la vida de una nativa americana durante la masacre de su tribu poniéndose delante de una espada. Para devolver el favor, la nativa le lanzó un conjuro que le otorgaba inmortalidad hasta que encontrase a su verdadero amor, momento en el que volvería a ser mortal. Cada capítulo arranca con un caso policial en el que John investiga, casos que de una forma u otra le recuerdan a momentos pasados. Así, cada episodio incluye un flashback que se reparte a lo largo de los 40 minutos en el que conocemos a la persona que solía ser en otras épocas, como médico en la Guerra Civil americana, abogado durante la Segunda Guerra Mundial, un conductor de carrozas en 1800, pintor antes del estallido de la Primera Guerra Mundial o agente de la CIA durante la Guerra Fría. Siempre buscando, claro, a la mujer de su vida. Estas miradas a sus vidas pasadas nos dan la oportunidad de conocer al Nueva York de cada época, ciudad que se convierte en un personaje más de la serie como bien refleja desde su cabecera. Quizá no tenga los casos policiales más interesantes que se pueden ver en un drama procedimental, pero ir descubriendo el papel de John en las diferentes eras a la vez que le vemos buscar el amor es el atractivo de ‘New Amsterdam’; quiere encontrarlo porque está hastiado de atravesar la historia solo y ver morir a sus amigos, seres queridos y familiares. Que, por cierto, el aspecto familiar del personaje se reserva alguna de las sorpresas más gratas de la serie. Son sólo ocho episodios y al final da mucha rabia que nunca pasase de ahí, pero el final es bastante satisfactorio dadas las circunstancias y ya sólo por descubrir un Nueva York diferente en cada capítulo merece la pena echarle un vistazo a su única y breve temporada. En 1001 Experiencias | ‘Awake’, brillantes pero canceladas En 1001 Experiencias | ¿Por qué deberías estar viendo Breaking Bad?
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Con ‘New Amsterdam’ ocurre algo similar a lo que contaba cuando dediqué esta sección a ‘Kings’. Ya no es sólo el hecho de que los limitados ocho episodios disponibles de la serie sean interesantes y suficientes como para recomendar la serie, también es uno de esos casos en el que la cancelación duele más por lo que podría haber sido que por lo que fue; por todo lo que plantea y las buenas ideas que presenta y que no tiene tiempo de desarrollar.
Nikolaj Coster-Waldau (al que reconoceréis por ser Jaime Lannister en ‘Juego de Tronos’) es John Amsterdam, un detective de homicidios de la policía de Nueva York que se conserva estupendérrimamente para su edad: tiene 400 años. Nació a principios del S.XVII y en el año 1642 salvó la vida de una nativa americana durante la masacre de su tribu poniéndose delante de una espada. Para devolver el favor, la nativa le lanzó un conjuro que le otorgaba inmortalidad hasta que encontrase a su verdadero amor, momento en el que volvería a ser mortal.
Cada capítulo arranca con un caso policial en el que John investiga, casos que de una forma u otra le recuerdan a momentos pasados. Así, cada episodio incluye un flashback que se reparte a lo largo de los 40 minutos en el que conocemos a la persona que solía ser en otras épocas, como médico en la Guerra Civil americana, abogado durante la Segunda Guerra Mundial, un conductor de carrozas en 1800, pintor antes del estallido de la Primera Guerra Mundial o agente de la CIA durante la Guerra Fría. Siempre buscando, claro, a la mujer de su vida.
Estas miradas a sus vidas pasadas nos dan la oportunidad de conocer al Nueva York de cada época, ciudad que se convierte en un personaje más de la serie como bien refleja desde su cabecera. Quizá no tenga los casos policiales más interesantes que se pueden ver en un drama procedimental, pero ir descubriendo el papel de John en las diferentes eras a la vez que le vemos buscar el amor es el atractivo de ‘New Amsterdam’; quiere encontrarlo porque está hastiado de atravesar la historia solo y ver morir a sus amigos, seres queridos y familiares. Que, por cierto, el aspecto familiar del personaje se reserva alguna de las sorpresas más gratas de la serie.
Son sólo ocho episodios y al final da mucha rabia que nunca pasase de ahí, pero el final es bastante satisfactorio dadas las circunstancias y ya sólo por descubrir un Nueva York diferente en cada capítulo merece la pena echarle un vistazo a su única y breve temporada.
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]]>No toques el plano, no toques el plano, ¡NO TE ATREVAS A TOCAR EL PLANO! Así me paso los 47 minutos de cada capítulo de ‘Breaking Bad‘. Pensando en el cámara y en las órdenes que tiene este de ir haciendo un travelling o una panorámica con la cual destrozarnos la vida. Me río yo de quienes van al cine a ver una película de terror y se cobijan tras la manta de Linus Van Pelt. Ojalá alguien le diese esa manta a los objetivos que graban ‘Breaking Bad’. La agorafobia desaparecería al instante. Pero no, no hay ninguna manta para evitar prestar la atención al fuera de campo. ‘Breaking Bad’ tiene el don que todo gran producto de suspense guarda para sus mejores momentos. La particularidad es que la serie creada por Vince Gilligan logra mantener la intriga como si estuviésemos observando un electrocardiógrafo ante la espera de un cambio de registro. Te sientas, pones la serie y ya entras en estado de agitación. Cada apertura de plano puede desembocar en una desgracia. Rechaza cualquier idea previa de felicidad, para eso mejor ponte ‘Anatomía de Grey‘. La serie es el drama llevado al máximo. El propio Walter White, uno de los tíos más duros de la televisión actual, lo comentaba en un capítulo: “por cada paso en adelante que damos retrocedemos tres“. El otrora profesor de química en el instituto, un hombre tranquilo, sereno, paria de la vida, cumplidor hasta de la última norma, ninguneado por cualquiera y con una vida monótona y una familia asfixiante pero cariñosa y protectora, se convierte en uno de los mejores cocineros de metanfetamina de Estados Unidos (no le llames traficante, él solo cocina). Todo por la química, todo por la familia. Y si hace falta que la química mate, vuele edificios y luche contra moscas, se hace. Walter White va variando su carácter y creciendo como personaje a medida que la serie va desarrollándose. Lo amas, lo odias, sientes pena por él, crees que es Robin Hood, crees que es un gran cabrón pero nunca hay una última conclusión. Al menos Vince Gilligan juega con ello. A medida que el guionista da a un maravilloso Bryan Cranston más y más minutos de protagonismo Heisenberg, como dice llamarse Mr. White cuando se pone su sombrero Pork Pie de los 40 y sus gafas como si fuesen unas Carrera chonis, puede activar el resorte de la locura en un segundo. La tensión va en aumento por lo que la serie no deja lugar al descanso y al relleno. El suspense está en cada minuto. Hasta la escena de comida familiar puede ser el desencadenante de una próxima crisis. A Heisenberg le añadimos el estado aún más volátil de Jesse Pinkman, su querido y necesitado Sancho Panza. A medida que avanza la trama este tiende a dar la vuelta a su quijotización mientras que Walter [...]
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]]>No toques el plano, no toques el plano, ¡NO TE ATREVAS A TOCAR EL PLANO! Así me paso los 47 minutos de cada capítulo de ‘Breaking Bad‘. Pensando en el cámara y en las órdenes que tiene este de ir haciendo un travelling o una panorámica con la cual destrozarnos la vida. Me río yo de quienes van al cine a ver una película de terror y se cobijan tras la manta de Linus Van Pelt. Ojalá alguien le diese esa manta a los objetivos que graban ‘Breaking Bad’. La agorafobia desaparecería al instante. Pero no, no hay ninguna manta para evitar prestar la atención al fuera de campo.
‘Breaking Bad’ tiene el don que todo gran producto de suspense guarda para sus mejores momentos. La particularidad es que la serie creada por Vince Gilligan logra mantener la intriga como si estuviésemos observando un electrocardiógrafo ante la espera de un cambio de registro. Te sientas, pones la serie y ya entras en estado de agitación. Cada apertura de plano puede desembocar en una desgracia. Rechaza cualquier idea previa de felicidad, para eso mejor ponte ‘Anatomía de Grey‘.
La serie es el drama llevado al máximo. El propio Walter White, uno de los tíos más duros de la televisión actual, lo comentaba en un capítulo: “por cada paso en adelante que damos retrocedemos tres“. El otrora profesor de química en el instituto, un hombre tranquilo, sereno, paria de la vida, cumplidor hasta de la última norma, ninguneado por cualquiera y con una vida monótona y una familia asfixiante pero cariñosa y protectora, se convierte en uno de los mejores cocineros de metanfetamina de Estados Unidos (no le llames traficante, él solo cocina). Todo por la química, todo por la familia. Y si hace falta que la química mate, vuele edificios y luche contra moscas, se hace.
Walter White va variando su carácter y creciendo como personaje a medida que la serie va desarrollándose. Lo amas, lo odias, sientes pena por él, crees que es Robin Hood, crees que es un gran cabrón pero nunca hay una última conclusión. Al menos Vince Gilligan juega con ello. A medida que el guionista da a un maravilloso Bryan Cranston más y más minutos de protagonismo Heisenberg, como dice llamarse Mr. White cuando se pone su sombrero Pork Pie de los 40 y sus gafas como si fuesen unas Carrera chonis, puede activar el resorte de la locura en un segundo. La tensión va en aumento por lo que la serie no deja lugar al descanso y al relleno. El suspense está en cada minuto. Hasta la escena de comida familiar puede ser el desencadenante de una próxima crisis.
A Heisenberg le añadimos el estado aún más volátil de Jesse Pinkman, su querido y necesitado Sancho Panza. A medida que avanza la trama este tiende a dar la vuelta a su quijotización mientras que Walter White está en un proceso sin marcha atrás. ‘Breaking Bad’ tiene al frente de su historia a dos dementes que no van a soltar el suspense de su vida es drama. Lo más fácil puede ser difícil para ellos.
Una de las lecciones básicas en el cine es el control del plano detalle y sobre todo de los primeros planos, más aún de los primerísimos primeros planos. En la actualidad esto ha perdido sentido tras años de excesivo abuso de este recurso pero las lecciones básicas sitúan este plano solo en momentos determinados, su uso reiterado hace que pierda su valor. Por cada plano así que veo en ‘Breaking Bad’ yo respiro, la sensación de agorafobia disminuye y durante unos segundos, al menos, sé que no se producirá ningún impacto duro de recibir.
Lo peor en este caso es que el primer plano de ‘Breaking Bad’ recuerda a la táctica del punto de vista subjetivo que el maestro Hitchcock utilizaba a la perfección. Desde el primer capítulo piloto Vince Gilligan logra ese efecto al vincularte con Walter White aprovechando su dura historia y su enfermedad para luego situarlo como un antihéroe que aún más hay que adorar. El juego de los planos cambiando entre el protagonista, la escena que está ocurriendo, la información que nosotros conocemos como espectadores omniscientes y el bagaje hasta el punto exacto de ese minuto construyen esa tensión rota por un simple ojo rodando por debajo de la cama. Abre el plano y vuelta a la agorafobia no deseada.
A los directores que van pasando por la serie se les va contagiando el mantenimiento de la bomba aún por explotar, incluso jugando a hacerse un Ricky Martin durante varios episodios (sobre todo en la segunda temporada, que es al completo). Ese “un pasito pa’delante, Maria / Un, dos, tres / Un pasito pa’ atras” que hizo famoso al cantante de Puerto Rico se repite con pequeños adelantos troceados situados al comienzo del capítulo. Avanzan una pequeña secuencia que a medida que la trama llega hacia el final logras unir en forma de puzle y buscas las pistas de cuál será la siguiente desgracia.
Al final, ‘Breaking Bad’ es lo último recomendado para quienes sufran de agorafobia. La cámara mejor cuanto más cerrado tenga el plano, cuando no se abra de repente buscando nuevos puntos de fuga de la habitación en los que aparece una puerta, un fuera de campo fácil de ser llenado por algún matón contratado con un bonito hacha afilado o de mil pedazos rotos de un bol amable de porcelana que aún no descansan a gusto en la papelera. En cuanto se mueva el plano, huye.
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En 1001 Experiencias | Los mejores cold open de ‘The Office’
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]]>¿Cold open? ¿Ezo qué eh lo que eh? Yo te lo cuento. Cold open o Cold opening hace referencia a esa primera secuencia o conjunto de secuencias con las que arranca un episodio televisivo. Generalmente va seguida de los créditos iniciales del programa en cuestión y sirve como introducción al tema del episodio en concreto. Se entiende muy bien con un drama policíaco como ejemplo: el cold opening suele ser ese primer contacto con el caso de la semana, sea porque veamos cómo se produce el crimen o cómo los protagonistas llegan a la escena del mismo. En las comedias, muchas veces no tiene nada que ver con lo que se verá en ese episodio pero se aprovecha para presentar un gag divertido que atrape a la audiencia. También se entiende bien si nos fijamos en el significado: Apertura en frío. Vamos, que es la forma en la que se rompe el hielo con el espectador. Lo podréis encontrar igualmente bajo el nombre de teaser y también se podría aplicar a una película, pero en televisión tienen más importancia por ese factor enganche (¡el mando es el terror de la televisión!) mientras que en cine asumimos que la audiencia no va a abandonar la película tras su secuencia inicial, sobre todo cuando hablamos del público cautivo en la sala. La versión americana de ‘The Office’ ha terminado hace un par de meses tras nueve temporadas en antena y se despide con una colección de cold openings muy memorables, ¿por qué no recordar algunos? Las bromas de Jim a Dwight Muchos de los mejores momentos de la serie suceden cuando Jim gasta bromas a Dwight, sea metiendo su mesa en el servicio, su grapadora en gelatina, imitándole, metiendo todas sus cosas en la máquina expendedora o enviándole mensajes desde el futuro. Esta loca oficina Sí. Los trabajadores de ‘The Office’ nunca dejan de sorprender. Su propia visión del parkour, un simulacro de incendio mal llevado, la obsesión con el protector de pantalla del reproductor DVD o su aportación a la moda de los lip dub, todo vale. Siento que los videos estén en inglés sin subtítulos, pero el doblaje de esta serie es un CRIMEN. Mucho más de lo habitual. Igualmente, nueve años es una vida televisiva remarcable y está bien que se hayan despedido con una temporada que volvía a lo mejor de la serie, pero viendo todos estos cold openings se les va a echar de menos. En 1001 Experiencias | ‘Arrested Development’, el improbable caso del clásico resucitado En 1001 Experiencias | ¿Que no debería reírme con ‘Padre de Familia’? ¡Pues me desorino!
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]]>¿Cold open? ¿Ezo qué eh lo que eh? Yo te lo cuento. Cold open o Cold opening hace referencia a esa primera secuencia o conjunto de secuencias con las que arranca un episodio televisivo. Generalmente va seguida de los créditos iniciales del programa en cuestión y sirve como introducción al tema del episodio en concreto. Se entiende muy bien con un drama policíaco como ejemplo: el cold opening suele ser ese primer contacto con el caso de la semana, sea porque veamos cómo se produce el crimen o cómo los protagonistas llegan a la escena del mismo. En las comedias, muchas veces no tiene nada que ver con lo que se verá en ese episodio pero se aprovecha para presentar un gag divertido que atrape a la audiencia. También se entiende bien si nos fijamos en el significado: Apertura en frío. Vamos, que es la forma en la que se rompe el hielo con el espectador.
Lo podréis encontrar igualmente bajo el nombre de teaser y también se podría aplicar a una película, pero en televisión tienen más importancia por ese factor enganche (¡el mando es el terror de la televisión!) mientras que en cine asumimos que la audiencia no va a abandonar la película tras su secuencia inicial, sobre todo cuando hablamos del público cautivo en la sala. La versión americana de ‘The Office’ ha terminado hace un par de meses tras nueve temporadas en antena y se despide con una colección de cold openings muy memorables, ¿por qué no recordar algunos?
Muchos de los mejores momentos de la serie suceden cuando Jim gasta bromas a Dwight, sea metiendo su mesa en el servicio, su grapadora en gelatina, imitándole, metiendo todas sus cosas en la máquina expendedora o enviándole mensajes desde el futuro.
Sí. Los trabajadores de ‘The Office’ nunca dejan de sorprender. Su propia visión del parkour, un simulacro de incendio mal llevado, la obsesión con el protector de pantalla del reproductor DVD o su aportación a la moda de los lip dub, todo vale.
Siento que los videos estén en inglés sin subtítulos, pero el doblaje de esta serie es un CRIMEN. Mucho más de lo habitual. Igualmente, nueve años es una vida televisiva remarcable y está bien que se hayan despedido con una temporada que volvía a lo mejor de la serie, pero viendo todos estos cold openings se les va a echar de menos.
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]]>Desde el principio buena espina no daba. CBS (la cadena de los procedimentales random), programación veraniega de un canal en abierto, trailers cutrecillos, reparto de saldo… ‘Under the Dome’ es uno de los estrenos más recientes en los Estados Juntitos, una adaptación de la novela de Stephen King del mismo título de esas en las que, en la línea de ‘La Niebla’ (también con adaptación, esta vez cinematográfica y hecha por Frank Darabont, uno de los pocos directores que se toma en serio lo de adaptar a King), los humanos acabamos siendo el mayor peligro para nosotros mismos. Todo empieza como cualquier novela del autor: Érase una vez en un pueblo de Maine. Sus habitantes están por ahí haciendo lo típico (descubrir que tu ligue sólo te quiere de objeto sexual, enterrar cadáveres…) cuando de repente a Dios se le cae su nuevo tazón de Ikea transparente sobre el pueblo. Esta cúpula no sabe de casas, vacas o marcapasos y al aparecer corta todo lo que se interponga en su camino, provocando accidentes y mucha incredulidad. De repente, están atrapados. Nadie puede salir ni entrar de la cúpula y tampoco el sonido la atraviesa. Vamos, que están jodidos. Tras ver los dos episodios emitidos, la comparación más cercana es la que ya se intuía: ‘Jericho’. La novela tampoco es nada digno del Pulitzer, pero sí se centra más en desarrollar un reparto de personajes de inicio estereotípicos pero que van cargándose de detalles y de interés. Quizá sea algo pronto para hacer ésta valoración de ‘Under the Dome’, pero tiene toda la pinta que seguirá esa estela de personajes rancios al servicio de un misterio superior. Es lo mismo que le pasó a ‘Jericho’, nulo desarrollo de personajes y relaciones en una situación donde lo interesante es eso, cómo reaccionamos en estas situaciones extremas; cómo la gente se comporta una vez empieza a agotarse la comida o la energía. Sé que parece que la estoy poniendo a caldo pero quiero aclarar que no es así. Es exactamente el entretenimiento veraniego, ligero y generalista que quiere ser, y los apabullantes resultados de audiencia son un indicador de lo bien que ha sentado a un público que buscaba algún estreno en abierto, pero espero que los personajes cojan algo más de cuerpo y carisma (no pido tampoco que actúen de Emmy) porque para ver algo ligero que al menos me genere un mínimo de interés, vuelvo a ‘Haven’, otra adaptación de Stephen King que iba en la línea entretenida pero abandoné tras la segunda temporada. En 1001 Experiencias | Dexter y la simpatía por el diablo En 1001 Experiencias | ‘Mad Men’ es el matrimonio
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]]>Desde el principio buena espina no daba. CBS (la cadena de los procedimentales random), programación veraniega de un canal en abierto, trailers cutrecillos, reparto de saldo… ‘Under the Dome’ es uno de los estrenos más recientes en los Estados Juntitos, una adaptación de la novela de Stephen King del mismo título de esas en las que, en la línea de ‘La Niebla’ (también con adaptación, esta vez cinematográfica y hecha por Frank Darabont, uno de los pocos directores que se toma en serio lo de adaptar a King), los humanos acabamos siendo el mayor peligro para nosotros mismos.
Todo empieza como cualquier novela del autor: Érase una vez en un pueblo de Maine. Sus habitantes están por ahí haciendo lo típico (descubrir que tu ligue sólo te quiere de objeto sexual, enterrar cadáveres…) cuando de repente a Dios se le cae su nuevo tazón de Ikea transparente sobre el pueblo. Esta cúpula no sabe de casas, vacas o marcapasos y al aparecer corta todo lo que se interponga en su camino, provocando accidentes y mucha incredulidad. De repente, están atrapados. Nadie puede salir ni entrar de la cúpula y tampoco el sonido la atraviesa. Vamos, que están jodidos.
Tras ver los dos episodios emitidos, la comparación más cercana es la que ya se intuía: ‘Jericho’. La novela tampoco es nada digno del Pulitzer, pero sí se centra más en desarrollar un reparto de personajes de inicio estereotípicos pero que van cargándose de detalles y de interés. Quizá sea algo pronto para hacer ésta valoración de ‘Under the Dome’, pero tiene toda la pinta que seguirá esa estela de personajes rancios al servicio de un misterio superior. Es lo mismo que le pasó a ‘Jericho’, nulo desarrollo de personajes y relaciones en una situación donde lo interesante es eso, cómo reaccionamos en estas situaciones extremas; cómo la gente se comporta una vez empieza a agotarse la comida o la energía.
Sé que parece que la estoy poniendo a caldo pero quiero aclarar que no es así. Es exactamente el entretenimiento veraniego, ligero y generalista que quiere ser, y los apabullantes resultados de audiencia son un indicador de lo bien que ha sentado a un público que buscaba algún estreno en abierto, pero espero que los personajes cojan algo más de cuerpo y carisma (no pido tampoco que actúen de Emmy) porque para ver algo ligero que al menos me genere un mínimo de interés, vuelvo a ‘Haven’, otra adaptación de Stephen King que iba en la línea entretenida pero abandoné tras la segunda temporada.
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]]>El verano es una temporada que invita más a ir a la piscina a tostarse o a alguna playa de cine que a encerrarse en casa a ver series, pero los programadores de las cadenas bien sabe que el aire acondicionado es un bien preciado en estas fechas, y los contenidos televisivos siguen contando con una ración de series suficiente para los que prefieren el sofá a la toalla. Creo haber supuesto correctamente que cosas como una modelo rubia metida en el cuerpo de una abogada con sobrepeso no os interesa (¡mal! ‘Drop dead diva’ es mi mamarrachada favorita del verano), así que he decidido establecer el corte en esas series protagonizadas por tipos duros, para que podáis admitir tranquilamente que las veis, como los machos que sois. Aunque el tiempo no haya acompañado, la temporada de verano televisiva americana empezó oficialmente en mayo y alguno de los tipos duros llevan varias semanas en antena. Uno de ellos es el Sheriff Longmire, cuyo apellido da título a este policíaco westerniano que el año pasado sorprendió en sus resultados de audiencia. Si echáis de menos ‘Justified’ seguramente os gusten los aires de ‘Longmire’, que se centra en la investigación de varios casos del distrito donde trabaja el sheriff y sus ayudantes, pero también en ese ambiente rural de Wyoming donde ocurre todo y en los secretos del pasado de sus protagonistas. Chaquetón, escopeta, priva, esperar a alquien apoyado en cochazo con el gorro hacia abajo, un ágila chillando… THIS IS VIRILITY! ‘Burn Notice’ y ‘Royal Pains’ son ya unas veteranas de la época estival, muy del corte de serie ligera generalmente de capítulos conclusivos de la cadena en la que se emite, pero que nunca está mal recuperar. La primera sigue a Michael Western, un espía que de repente es “quemado” de su trabajo y se queda descompuesto, sin pasado y sin agencia, ¿efecto? No parará hasta saber por qué le han retirado y vengarse, claro. ‘Royal Pains’ es mucho más inofensiva y sigue a Henry, un médico de urgencias que tras un problema con la muerte de un paciente se muda a Los Hampton y se convierte en médico particular y a domicilio de los ricos que habitan en el lugar. Sí, hay supermodelos por ahí. Uno de los estrenos más recientes ha sido el de la octava y última temporada de ‘Dexter’, el asesino de asesinos que finalmente se enfrenta ese destino que parecía irremediable desde el principio; arranca en la boca del lobo y en ella está durante demasiado tiempo, ya era hora que le mordiese. Si no conocéis ‘Dexter’, es el momento de asomarse a la historia de éste antihéroe que logrará poneros de su lado y os llevará de la mano en su constante evolución. Y hablando de personajes con arcos de transformación interesantísimos, ya hablé hace unos días de por qué era el momento perfecto [...]
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]]>El verano es una temporada que invita más a ir a la piscina a tostarse o a alguna playa de cine que a encerrarse en casa a ver series, pero los programadores de las cadenas bien sabe que el aire acondicionado es un bien preciado en estas fechas, y los contenidos televisivos siguen contando con una ración de series suficiente para los que prefieren el sofá a la toalla. Creo haber supuesto correctamente que cosas como una modelo rubia metida en el cuerpo de una abogada con sobrepeso no os interesa (¡mal! ‘Drop dead diva’ es mi mamarrachada favorita del verano), así que he decidido establecer el corte en esas series protagonizadas por tipos duros, para que podáis admitir tranquilamente que las veis, como los machos que sois.
Aunque el tiempo no haya acompañado, la temporada de verano televisiva americana empezó oficialmente en mayo y alguno de los tipos duros llevan varias semanas en antena. Uno de ellos es el Sheriff Longmire, cuyo apellido da título a este policíaco westerniano que el año pasado sorprendió en sus resultados de audiencia. Si echáis de menos ‘Justified’ seguramente os gusten los aires de ‘Longmire’, que se centra en la investigación de varios casos del distrito donde trabaja el sheriff y sus ayudantes, pero también en ese ambiente rural de Wyoming donde ocurre todo y en los secretos del pasado de sus protagonistas.
Chaquetón, escopeta, priva, esperar a alquien apoyado en cochazo con el gorro hacia abajo, un ágila chillando… THIS IS VIRILITY!
‘Burn Notice’ y ‘Royal Pains’ son ya unas veteranas de la época estival, muy del corte de serie ligera generalmente de capítulos conclusivos de la cadena en la que se emite, pero que nunca está mal recuperar. La primera sigue a Michael Western, un espía que de repente es “quemado” de su trabajo y se queda descompuesto, sin pasado y sin agencia, ¿efecto? No parará hasta saber por qué le han retirado y vengarse, claro. ‘Royal Pains’ es mucho más inofensiva y sigue a Henry, un médico de urgencias que tras un problema con la muerte de un paciente se muda a Los Hampton y se convierte en médico particular y a domicilio de los ricos que habitan en el lugar. Sí, hay supermodelos por ahí.
Uno de los estrenos más recientes ha sido el de la octava y última temporada de ‘Dexter’, el asesino de asesinos que finalmente se enfrenta ese destino que parecía irremediable desde el principio; arranca en la boca del lobo y en ella está durante demasiado tiempo, ya era hora que le mordiese. Si no conocéis ‘Dexter’, es el momento de asomarse a la historia de éste antihéroe que logrará poneros de su lado y os llevará de la mano en su constante evolución.
Y hablando de personajes con arcos de transformación interesantísimos, ya hablé hace unos días de por qué era el momento perfecto para ponerse al día con ‘Breaking Bad’, cuyo título (Volverse malo) muestra lo perfecto que es Walter White en esta lista y describe perfectamente el camino que ha tenido el personaje a lo largo de las temporadas. En serio, es un must see.
Una de las nuevas series del verano es ‘Ray Donovan’ en la que Liev Schreiber interpreta a un “fixer”, una especie de abogado multiusos que apaña los problemas de ricos y famosos. Pero la vida se le complica un pelín de nada cuando su padre (Jon Voight) inesperadamente es liberado de prisión. Viene de la mano de la creadora de ‘Southland’, un policíaco aclamado por la crítica que se centraba en un grupo de policías de Los Ángeles con un acercamiento muy realista. Aún no he catado ‘Ray Donovan’, pero sigue la estela del antihéroe que tanto se lleva últimamente.
Will McAvoy es el republicano de palo que protagoniza ‘The Newsroom’, la nueva serie de Aaron Sorkin, creador de la magnífica ‘El Ala Oeste’, aquella utopía política plagada de tipos duros que se saben pasajes de La Bilbia de memoria. En ‘The Newsroom’ la oficina es una redacción de noticias repleta de mujeres neuróticas e histéricas que comparten con los hombres una labor de superperiodismo. Yo me encuentro más en el lado de los decepcionados (aunque daré una oportunidad a la segunda temporada que se estrena en breve para ver si Sorkin ha pulido errores) pero la respuesta a su primera temporada fue tan polarizada que merecía estar en la lista.
Ya en agosto llegará la tercera temporada de ‘Hell on Wheels’, un drama ambientado en la posguerra de la Guerra Civil Americana protagonizado por un veterano que busca al asesino de su mujer. La venganza es el vehículo de la trama pero en el día a día acaba formando parte de la construcción del primer ferrocarril transcontinental. Si seguís con hambre de western, esta es una gran opción sin ninguna duda.
Acabo la ronda con ‘Low Winter Sun’, otro nuevo título y adaptación de una miniserie británica homónima protagonizada por Mark Strong, que vuelve al papel en la versión de AMC, la cadena de ‘Breaking Bad’ que parece ir en busca de un heredero. La serie arranca con el asesinato de un policía a manos del personaje de Strong y un compañero; lo que parecía el crimen perfecto es el inicio del descenso a los infiernos (y a los bajos fondos de Detroit) del protagonista.
Y si no os importa demasiado ir pegados a la actualidad televisiva, la historia reciente de la ficción americana nos ha dado grandes tipos duros que podéis aprovechar el verano para conocer. Nunca es tarde para rendirle homenaje a James Gandolfini como el cabeza de familia de ‘Los Soprano’; también podéis seguir la estela de los antihéroes policíacos con Vic Mackey en ‘The Shield’ uno de los grandes exponentes del policía moralmente cuestionable. Jack Bauer salva Estados Unidos, el planeta y el universo varias veces durante las ocho temporadas que dura la adrenalítica ‘24’ y aunque la verdadera protagonista de ‘The Wire’ sea Baltimore, Jimmy McNulty o Stringer Bell son dos buenos candidatos para esta lista. Por tipos duros que no sea.
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]]>El cambio en la ficción televisiva del S. XXI ha tenido y está teniendo varios exponentes claros que van evolucionando con el paso de las temporadas: el papel de la mujer, los cambios de formato en la sitcom… y la figura del antihéroe. Quizá sea por el cinismo de una audiencia que mira con recelo a los personajes moralmente incuestionables o simplemente por el hecho de que un antihéroe tiene más potencial para resultar un personaje complejo y atrayente, pero la proliferación de este tipo de protagonistas en series de todo tipo está incluso dejando de habitar únicamente en los títulos de calidad o pensados para público más minoritario y exigente. No es, sin embargo, el caso de Dexter Morgan (impresionante Michael C. Hall), protagonista absoluto de un drama de cable americano adulto y explícito ya desde su incómoda pero brillante cabecera. ‘Dexter’ ha explorado durante siete años las diferentes caras e influencias de un personaje de estas características y esta semana ha empezado la octava y última temporada, en la que finalmente se enfrenta a un destino que parecía irremediable desde el arranque de la serie, destino esperemos se vea afectado por los pequeños detalles que alejan a este asesino en serie del maligno psicópata. ¿Cómo se ha manejado hasta ahora ésta simpatía por el diablo? Antes de reflexionar sobre ello, pongámonos la banda sonora adecuada y sabed que hay detalles menores sobre las temporadas emitidas, aunque nada spoilero que no pueda aparecer en una sinopsis, pero aviso por si las mosquis. Aunque él esté convencido de lo contrario, el truco reside en que Dexter ni es ni está mostrado realmente como un diablo. Son muchos los detalles que consiguen la empatía del espectador y empiezan en el hecho de que él mismo se considere un monstruo. La serie arranca con un Dexter que se perfila como lisiado emocional y social, como una persona que no es capaz de sentir nada. Que sea él quien cuente la historia es una factor clave a la hora de poner a la audiencia de su parte; la voz en off nos hace partícipes de la dualidad que existe en todos los aspectos de su vida personal, profesional y psicológica, consiguiendo incluso explotar con humor ese contraste entre lo que intenta aparentar y lo que realmente parece sentir. Además, es un asesino con unas pautas y que ha redirigido su necesidad de matar gracias (o por culpa, algo que por fin empieza a plantearse hacia las últimas temporadas) a su padre adoptivo, Harry. Dexter tiene un código, es una especie de justiciero que sólo mata a asesinos y demás delincuentes despreciables que consiguen escapar de las garras de la justicia por molestas lagunas o recovecos legales. La serie hace partícipe al espectador de esos rituales, comparte con Dexter la satisfacción de ver sufrir a sus víctimas; de saber que no provocarán más mal [...]
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]]>El cambio en la ficción televisiva del S. XXI ha tenido y está teniendo varios exponentes claros que van evolucionando con el paso de las temporadas: el papel de la mujer, los cambios de formato en la sitcom… y la figura del antihéroe. Quizá sea por el cinismo de una audiencia que mira con recelo a los personajes moralmente incuestionables o simplemente por el hecho de que un antihéroe tiene más potencial para resultar un personaje complejo y atrayente, pero la proliferación de este tipo de protagonistas en series de todo tipo está incluso dejando de habitar únicamente en los títulos de calidad o pensados para público más minoritario y exigente.
No es, sin embargo, el caso de Dexter Morgan (impresionante Michael C. Hall), protagonista absoluto de un drama de cable americano adulto y explícito ya desde su incómoda pero brillante cabecera. ‘Dexter’ ha explorado durante siete años las diferentes caras e influencias de un personaje de estas características y esta semana ha empezado la octava y última temporada, en la que finalmente se enfrenta a un destino que parecía irremediable desde el arranque de la serie, destino esperemos se vea afectado por los pequeños detalles que alejan a este asesino en serie del maligno psicópata. ¿Cómo se ha manejado hasta ahora ésta simpatía por el diablo? Antes de reflexionar sobre ello, pongámonos la banda sonora adecuada y sabed que hay detalles menores sobre las temporadas emitidas, aunque nada spoilero que no pueda aparecer en una sinopsis, pero aviso por si las mosquis.
Aunque él esté convencido de lo contrario, el truco reside en que Dexter ni es ni está mostrado realmente como un diablo. Son muchos los detalles que consiguen la empatía del espectador y empiezan en el hecho de que él mismo se considere un monstruo. La serie arranca con un Dexter que se perfila como lisiado emocional y social, como una persona que no es capaz de sentir nada. Que sea él quien cuente la historia es una factor clave a la hora de poner a la audiencia de su parte; la voz en off nos hace partícipes de la dualidad que existe en todos los aspectos de su vida personal, profesional y psicológica, consiguiendo incluso explotar con humor ese contraste entre lo que intenta aparentar y lo que realmente parece sentir.
Además, es un asesino con unas pautas y que ha redirigido su necesidad de matar gracias (o por culpa, algo que por fin empieza a plantearse hacia las últimas temporadas) a su padre adoptivo, Harry. Dexter tiene un código, es una especie de justiciero que sólo mata a asesinos y demás delincuentes despreciables que consiguen escapar de las garras de la justicia por molestas lagunas o recovecos legales. La serie hace partícipe al espectador de esos rituales, comparte con Dexter la satisfacción de ver sufrir a sus víctimas; de saber que no provocarán más mal ni muertes.
Otro de las debilidades del personaje son los niños. A pesar de mostrarse inmune a cualquier sentimiento por otro ser humano, siempre ha tenido un lugar especial para los niños, y es a través de ellos que consigue llegar poco a poco a Rita (a la vez que al espectador), convirtiendo ese ambiente familiar que él cree fingido en algo real.
Ella es la única persona en el mundo que me quiere. Eso está bien. Yo no tengo sentimientos por nada, pero su pudiera tener alguno, seguramente los tendría por Deb.
Con esa frase del primer episodio arranca lo que será una de las relaciones más vitales en la vida de Dexter y otro de los aspectos que le da humanidad: su hermana. Admitamos que Debra (encantadoramente malhablada Jennifer Carpenter) tiene el superpoder de tener un ojo terrible para los hombres, pero al final siempre vuelve a Dexter. Es un hombro para ella; y él se deja. La confidencia que empieza yendo en una dirección se convierte en algo mucho más complicado y peligroso (y estimulante para el espectador).
¿Sabéis eso de fingió que estaba enamorado durante tanto tiempo, que acabó por enamorarse? Resume muy bien la evolución que ha sufrido el personaje en todos los aspectos. Para esto han sido vitales también los antagonistas de cada temporada, esos perturbados que de una forma u otra han servido de compañeros, de objeto de admiración o comparación y, en definitiva, de aprendizaje para un Dexter que cada vez entendía más sobre sí mismo. Ruddy le hace comprender lo vital de la influencia de su padre adoptivo, Lila fue la que retiró el primer ladrillo de su muro emocional y Miguel Prado fue la primera voz contraria al pepito Grillo de su imperturbable código.
De aceptar su Oscuro Pasajero, poco a poco se va sintiendo esclavo de su condición. Harry pasa de ser la voz de la conciencia a una carga que no le deja avanzar, algo que toma forma durante la influencia de Arthur Mitchell (brillante John Lithgow), un maestro para nuestro protagonista que intenta buscar un equilibrio entre su secreto y la familia.
Lo que toma forma con la presencia de Trinity (probablemente el mejor villano de ‘Dexter’) llega a su punto álgido con Lumen (Julia Stiles), una joven cuyo rapto y violación le da legitimidad para querer buscar una sangrienta venganza con o sin ayuda de Dexter, que se niega a que ella se deje llevar por su Oscuridad, se niega a que sea esclava de ella como lo es él. Su adicción es una debilidad y es algo que se percibe ya desde el principio.
Al contrario que muchos de los antihéroes televisivos actuales, cuyo atractivo nace de intentar explotar ese cinismo del espectador que comentaba al principio, explotando la parte más retorcida de los personajes, Dexter es un asesino en serie que se recrea en su irremediable impulso de matar; su atractivo es entonces el descubrir esa humanidad tras la máscara. Una máscara que comienza agrietándose y acaba hecha añicos.
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]]>Sigo con esta línea de artículos en los que comparto mi dolor por esas grandes series que acabaron en el foso mucho antes de lo que merecían. ‘Awake’ es una herida aún más reciente, un estreno de primavera de 2012 que sólo aguantó los 13 episodios de los que consta su primera temporada. Michael Britten es un detective de la policía de Los Ángeles que tiene un aparatoso accidente de coche, en el que también van su mujer Hannah y su hijo Rex. Cuando Michael despierta tras la tragedia se descubre a sí mismo viviendo entre dos realidades distintas, una en la que su mujer ha sobrevivido y otra en la que es su hijo el que está vivo. Cada vez que se acuesta, se levanta en la otra realidad y no es capaz de discernir cuál de las dos es cierta; cuál es la realidad que no es capaz de asimilar. Michael vuelve a su trabajo como policía y pronto se da cuenta cómo esos dos mundos (subconscientes) se combinan para ayudarle a resolver el caso a caso. Sí, ‘Awake’ es un procedimental policíaco, pero es este juego de realidades, de subconscientes, del miedo a la pérdida, lo que hace a la serie única. Ah, y también tiene una linea conspiranoica. Jason Isaacs es quien interpreta a Michael Britten y lleva el peso de la serie de forma magistral otorgando un carisma único a un personaje que está prácticamente en todas las secuencias de la serie. Cada caso siempre se relaciona directamente con el estadio anímico o psíquico en el que se encuentra Britten en ese momento, convirtiendo cada episodio en una experiencia con muchas capas y multitud de detalles que no se ven en un policíaco al uso. Sé cuál es la pregunta de siempre cuando hablamos de historias tan seriadas que fueron canceladas: ¿Tiene final? Claro y definitivo, no. El misterio sobre el accidente queda resuelto, y un ambíguo y peculiar último episodio da al espectador las herramientas para que teorice sobre cuál cree que es la realidad correcta y en qué situación está Britten en ese momento, pero mascadito y clarito está. Pero no es importante. Lo que más se disfruta de ‘Awake’ es el día a día de cómo va enfrentándose al reto de superar la pérdida de su familia, ver ese duelo de psicólogos de cada una de las realidades y ver cómo su subconsciente va dejándole pistas para seguir avanzando. ‘Awake’ es una serie estupendamente escrita, visualmente muy conseguida (con esa temperatura de color que identifica cada realidad) y excelentemente interpretada, así, sin exagerar. En 1001 Experiencias | ‘Los hermanos Donnely’, brillantes pero canceladas En 1001 Experiencias | Brillantes pero canceladas: ‘Kings’ En 1001 Experiencias | Tony Soprano “mató” a Vito Corleone
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Sigo con esta línea de artículos en los que comparto mi dolor por esas grandes series que acabaron en el foso mucho antes de lo que merecían. ‘Awake’ es una herida aún más reciente, un estreno de primavera de 2012 que sólo aguantó los 13 episodios de los que consta su primera temporada.
Michael Britten es un detective de la policía de Los Ángeles que tiene un aparatoso accidente de coche, en el que también van su mujer Hannah y su hijo Rex. Cuando Michael despierta tras la tragedia se descubre a sí mismo viviendo entre dos realidades distintas, una en la que su mujer ha sobrevivido y otra en la que es su hijo el que está vivo. Cada vez que se acuesta, se levanta en la otra realidad y no es capaz de discernir cuál de las dos es cierta; cuál es la realidad que no es capaz de asimilar.
Michael vuelve a su trabajo como policía y pronto se da cuenta cómo esos dos mundos (subconscientes) se combinan para ayudarle a resolver el caso a caso. Sí, ‘Awake’ es un procedimental policíaco, pero es este juego de realidades, de subconscientes, del miedo a la pérdida, lo que hace a la serie única. Ah, y también tiene una linea conspiranoica.

Jason Isaacs es quien interpreta a Michael Britten y lleva el peso de la serie de forma magistral otorgando un carisma único a un personaje que está prácticamente en todas las secuencias de la serie. Cada caso siempre se relaciona directamente con el estadio anímico o psíquico en el que se encuentra Britten en ese momento, convirtiendo cada episodio en una experiencia con muchas capas y multitud de detalles que no se ven en un policíaco al uso.
Sé cuál es la pregunta de siempre cuando hablamos de historias tan seriadas que fueron canceladas: ¿Tiene final? Claro y definitivo, no. El misterio sobre el accidente queda resuelto, y un ambíguo y peculiar último episodio da al espectador las herramientas para que teorice sobre cuál cree que es la realidad correcta y en qué situación está Britten en ese momento, pero mascadito y clarito está. Pero no es importante. Lo que más se disfruta de ‘Awake’ es el día a día de cómo va enfrentándose al reto de superar la pérdida de su familia, ver ese duelo de psicólogos de cada una de las realidades y ver cómo su subconsciente va dejándole pistas para seguir avanzando. ‘Awake’ es una serie estupendamente escrita, visualmente muy conseguida (con esa temperatura de color que identifica cada realidad) y excelentemente interpretada, así, sin exagerar.
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