1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal » Viajes de aventura https://www.1001experiencias.com Just another WordPress site Sun, 18 Aug 2013 18:41:37 +0000 en hourly 1 https://wordpress.org/?v=3.2.1 Diarios de una motocicleta, de Alaska a Argentina en 500 días https://www.1001experiencias.com/general/diarios-de-una-motocicleta-de-alaska-a-argentina-en-500-dias/ https://www.1001experiencias.com/general/diarios-de-una-motocicleta-de-alaska-a-argentina-en-500-dias/#comments Fri, 24 May 2013 06:45:21 +0000 Carlos Domínguez <![CDATA[General]]> <![CDATA[Motor y adrenalina]]> <![CDATA[Viajes de aventura]]> https://www.1001experiencias.com/?p=15502 <![CDATA[

Éste que veis en la foto es Alex, Alex Chacón. Hace escasamente un mes subió a su cuenta de Youtube el vídeo de un viaje épico realizado desde la humildad y la única intención de conocer el mundo. Después de una cadena interminable de “Me gusta”, Retweets y copy&pastes el vídeo lleva camino de alcanzar el millón de reproducciones. Alex no es un ricachón, ni un emprendedor adinerado cansado de su vida de excesos y lujos, Alex es sólo un tipo de 25 años que al terminar la carrera de Bioquímica decidió conocer el mundo antes incluso de conocerse a sí mismo. De esta intención nacen varias expediciones motivadas por la continuación de Diarios de una motocicleta (el viaje de Ernesto Guevara y Alberto Granado), un viaje de 500 días, desde Alaska hasta Argentina. Con apenas 15 años Alex ya había rodado por Estados Unidos, de punta a punta, en lo que asegura fue una de las mejores experiencias de su vida. 10 años después, convencido de que la gran aventura aun estaba por llegar se embarca en la exploración de las tierras americanas. Durante los meses previos ahorra todo lo que puede y más, vende su coche, su ropa, dona sangre y trabaja a destajo con la intención de sumar todo lo posible. Llegado el día su presupuesto da sólo para seis meses de viaje. Pero se encuentra con una reacción popular inesperada. Chacón, con doble nacionalidad estado-unidense y mexicana, se gana el cariño de cientos de seguidores a través de una sencilla web. Etapa por etapa gana más seguidores. Unos le ofrecen una habitación en la que dormir, otros gasolina gratuita, incluso hay anónimos que le entregan 500$ para que continúe con su viaje. Cuando la aventura ya se ha dado a conocer Kawasaki y GoPro hacen su aparición. Los primeros donan 1.000$ para la financiación de su moto (una Kawasaki KLR) mientras que los segundos le ofrecen cámaras con las que inmortalizar la hazaña. Pero hasta aquí, como podréis comprobar no es el piloto oficial de ninguna compañía, no tiene el respaldo de una marca de neumáticos detrás ni pasó meses de preparación psicológica y física antes del viaje. Aprovechando su ventajosa situación ha destinado su experiencia a la empresa en la que está concentrado en la actualidad: una consultoría de viajes. Te ayuda a planificar la ruta, te aconseja y facilita los trámites a seguir para poder viajar con libertad. Una vez más, se desvía de otros ejemplos al apoyar fundaciones como Children of Uganda o Los Ojos de Dios en Ciudad Juárez. Alex y la versión moderna de los diarios de una motocicleta son un motivo para salir al mundo, explorar y abrir la mente a culturas y costumbres diferentes. Más información | Página de Facebook, ExpeditionSouth En 1001 Experiencias | Ferrari se luce, Lamborghini se pasa de vueltas En 1001 Experiencias | Harley Davidson [...]

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Éste que veis en la foto es Alex, Alex Chacón. Hace escasamente un mes subió a su cuenta de Youtube el vídeo de un viaje épico realizado desde la humildad y la única intención de conocer el mundo. Después de una cadena interminable de “Me gusta”, Retweets y copy&pastes el vídeo lleva camino de alcanzar el millón de reproducciones.

Alex no es un ricachón, ni un emprendedor adinerado cansado de su vida de excesos y lujos, Alex es sólo un tipo de 25 años que al terminar la carrera de Bioquímica decidió conocer el mundo antes incluso de conocerse a sí mismo. De esta intención nacen varias expediciones motivadas por la continuación de Diarios de una motocicleta (el viaje de Ernesto Guevara y Alberto Granado), un viaje de 500 días, desde Alaska hasta Argentina.

Con apenas 15 años Alex ya había rodado por Estados Unidos, de punta a punta, en lo que asegura fue una de las mejores experiencias de su vida. 10 años después, convencido de que la gran aventura aun estaba por llegar se embarca en la exploración de las tierras americanas. Durante los meses previos ahorra todo lo que puede y más, vende su coche, su ropa, dona sangre y trabaja a destajo con la intención de sumar todo lo posible. Llegado el día su presupuesto da sólo para seis meses de viaje.


Pero se encuentra con una reacción popular inesperada. Chacón, con doble nacionalidad estado-unidense y mexicana, se gana el cariño de cientos de seguidores a través de una sencilla web. Etapa por etapa gana más seguidores. Unos le ofrecen una habitación en la que dormir, otros gasolina gratuita, incluso hay anónimos que le entregan 500$ para que continúe con su viaje.

Cuando la aventura ya se ha dado a conocer Kawasaki y GoPro hacen su aparición. Los primeros donan 1.000$ para la financiación de su moto (una Kawasaki KLR) mientras que los segundos le ofrecen cámaras con las que inmortalizar la hazaña. Pero hasta aquí, como podréis comprobar no es el piloto oficial de ninguna compañía, no tiene el respaldo de una marca de neumáticos detrás ni pasó meses de preparación psicológica y física antes del viaje.

Aprovechando su ventajosa situación ha destinado su experiencia a la empresa en la que está concentrado en la actualidad: una consultoría de viajes. Te ayuda a planificar la ruta, te aconseja y facilita los trámites a seguir para poder viajar con libertad. Una vez más, se desvía de otros ejemplos al apoyar fundaciones como Children of Uganda o Los Ojos de Dios en Ciudad Juárez.

Alex y la versión moderna de los diarios de una motocicleta son un motivo para salir al mundo, explorar y abrir la mente a culturas y costumbres diferentes.

Más información | Página de Facebook, ExpeditionSouth
En 1001 Experiencias | Ferrari se luce, Lamborghini se pasa de vueltas
En 1001 Experiencias | Harley Davidson ya no quiere gordos barbudos

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El limbo de Chipre, el Evangelio de Marcos y mi novia esperando en Turquía https://www.1001experiencias.com/experiencias-inolvidables/el-limbo-de-chipre-el-evangelio-de-marcos-y-mi-novia-esperando-en-turquia/ https://www.1001experiencias.com/experiencias-inolvidables/el-limbo-de-chipre-el-evangelio-de-marcos-y-mi-novia-esperando-en-turquia/#comments Wed, 17 Apr 2013 09:00:48 +0000 Miquel Silvestre <![CDATA[Experiencias inolvidables]]> <![CDATA[Viajes de aventura]]> https://www.1001experiencias.com/?p=12934 <![CDATA[

El domingo me pasa a buscar un motero de Horizons Unlimited, la web de motoviajeros. Viene Antoni, con un colega. Conducen una BMW GS 1150 y una Yamaha Tenere 660. Me llevan a las Montañas Trodos. El paseo es cojonudo, carreteras muy reviradas y estrechas, pueblecitos griegos con las calles cubiertas de parras, viejecitos tomando café griego. Hay bastantes monumentos a los caídos en la guerra contra los ocupantes turcos. Visitamos un monasterio ortodoxo y compro alguna cruz. Se pueden escribir los nombres de familiares y amigos, meterlos en una urna y que se mencionen en la misa. Vamos a un pueblo a comer. Nos sirven una cantidad inmensa de comida. Está deliciosa. Nos tomamos unas cervezas. Antonis me cuenta que ha recorrido América de New York a Argentina. Un gran viaje, asegura. Luego me acompañan hasta Nicosia, la ciudad dividida. Un lado es griego chipriota, el otro es turco. Hay instalaciones de los cascos azules que velan por el alto el fuego. Para cruzar la frontera me exigen comprar un seguro por un mes. 20 euros. No vale la carta verde europea que sí funciona en Chipre y en Turquía. Curioso este limbo de la República Turca del Norte de Chipre. Aquí no hay monumentos a los caídos pero sí muchos carteles invocando la paz. Está claro quién quiere mantener el status quo. Banderas turcas, liras turcas, fotos de Omar Kemal Ataturk. Llego a Kyrenia en la costa y de ahí hasta Bellopais, un pueblecito adosado a un monasterio en ruinas. El hotelito Residence es agradable, el empleado es kurdo y hablamos del problema kurdo en un inglés muy primitivo. Se queja de que en el Kurdistán turco no hay hoteles, ni hospitales ni carreteras y de que los kurdos son ciudadanos de segunda en Turquía. Aun así confía en que las cosas mejoren porque la mujer de Erdogan, el nuevo presidente turco, es kurda. Me despierto a las seis. Salgo hacia el puerto. Compro el billete del ferry que ha de llevarme a Turquía aunque no sin problemas burocráticos. Al parecer tenía que haber declarado la moto en la aduana. Pero nadie me dijo nada. No les hace mucha gracia pero al final aceptan el documento de aduanas del sur de la isla. Alucinante pero cierto. Bien para mí porque ya me temía tener que volver a Nicosia y Mercedes, mi novia, casi llegando a la ciudad de Antalia, en la costa sur de Turquía. El barco me deja a 400 kilómetros del aeropuerto donde ella aterrizará procedente de un vuelo directo desde Londres. El embarque no es fácil. Hay que pagar otra vez, 11 liras, luego meten los coches y luego los camiones, pero como no encajan los vuelven a sacar y repiten la operación varias veces hasta que se optimiza el espacio. La operación se prolonga durante horas. Al menos, mi moto es la última al [...]

Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">El limbo de Chipre, el Evangelio de Marcos y mi novia esperando en Turquía

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El domingo me pasa a buscar un motero de Horizons Unlimited, la web de motoviajeros. Viene Antoni, con un colega. Conducen una BMW GS 1150 y una Yamaha Tenere 660. Me llevan a las Montañas Trodos. El paseo es cojonudo, carreteras muy reviradas y estrechas, pueblecitos griegos con las calles cubiertas de parras, viejecitos tomando café griego. Hay bastantes monumentos a los caídos en la guerra contra los ocupantes turcos. Visitamos un monasterio ortodoxo y compro alguna cruz. Se pueden escribir los nombres de familiares y amigos, meterlos en una urna y que se mencionen en la misa.

Vamos a un pueblo a comer. Nos sirven una cantidad inmensa de comida. Está deliciosa. Nos tomamos unas cervezas. Antonis me cuenta que ha recorrido América de New York a Argentina. Un gran viaje, asegura. Luego me acompañan hasta Nicosia, la ciudad dividida. Un lado es griego chipriota, el otro es turco. Hay instalaciones de los cascos azules que velan por el alto el fuego.

Para cruzar la frontera me exigen comprar un seguro por un mes. 20 euros. No vale la carta verde europea que sí funciona en Chipre y en Turquía. Curioso este limbo de la República Turca del Norte de Chipre. Aquí no hay monumentos a los caídos pero sí muchos carteles invocando la paz. Está claro quién quiere mantener el status quo. Banderas turcas, liras turcas, fotos de Omar Kemal Ataturk.

Llego a Kyrenia en la costa y de ahí hasta Bellopais, un pueblecito adosado a un monasterio en ruinas. El hotelito Residence es agradable, el empleado es kurdo y hablamos del problema kurdo en un inglés muy primitivo. Se queja de que en el Kurdistán turco no hay hoteles, ni hospitales ni carreteras y de que los kurdos son ciudadanos de segunda en Turquía. Aun así confía en que las cosas mejoren porque la mujer de Erdogan, el nuevo presidente turco, es kurda.

Me despierto a las seis. Salgo hacia el puerto. Compro el billete del ferry que ha de llevarme a Turquía aunque no sin problemas burocráticos. Al parecer tenía que haber declarado la moto en la aduana. Pero nadie me dijo nada. No les hace mucha gracia pero al final aceptan el documento de aduanas del sur de la isla. Alucinante pero cierto. Bien para mí porque ya me temía tener que volver a Nicosia y Mercedes, mi novia, casi llegando a la ciudad de Antalia, en la costa sur de Turquía.

El barco me deja a 400 kilómetros del aeropuerto donde ella aterrizará procedente de un vuelo directo desde Londres. El embarque no es fácil. Hay que pagar otra vez, 11 liras, luego meten los coches y luego los camiones, pero como no encajan los vuelven a sacar y repiten la operación varias veces hasta que se optimiza el espacio. La operación se prolonga durante horas. Al menos, mi moto es la última al entrar y por eso será la primera al salir. Pero nadie me ayuda a atarla. Espero que el barco no se mueva.

A bordo todos son turcos menos dos chicos alemanes. Yo leo el Evangelio de Marcos que me regaló James, el inglés que conocí en el barco que me llevó desde Israel al sur de Chipre. La navegación se prolonga durante casi siete horas. Este paquebote es más lento que el caballo del malo. Cuando desembarcamos me llevo otra desagradable sorpresa. Hay que pasar una rigurosa aduana. No hay libertad de tránsito entre Turquía y la República Turca del Norte de Chipre. El policía me pone toda clase de pegas porque en el pasaporte figura el sello chipriota. Los papeles para la moto todavía llevan más tiempo. Siempre me ha tocado las narices tener que enseñar siete veces los mismos documentos. Pero por fin salgo a la libertad y encuentro habitación sin problemas en el pequeño pueblo de Tosucu. Un poco más cerca de Mercedes.

En 1001 Experiencias | Vuelta al mundo en moto. Entrevista a Miquel Silvestre
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Visitando el parque cerrado de la Africa Eco Race en Dakhla, Marruecos https://www.1001experiencias.com/experiencias-inolvidables/visitando-el-parque-cerrado-de-la-africa-eco-race-en-dakhla-marruecos/ https://www.1001experiencias.com/experiencias-inolvidables/visitando-el-parque-cerrado-de-la-africa-eco-race-en-dakhla-marruecos/#comments Wed, 27 Mar 2013 15:24:35 +0000 Ignasi Calvo <![CDATA[Experiencias inolvidables]]> <![CDATA[Viajes de aventura]]> https://www.1001experiencias.com/?p=12372 <![CDATA[

El día 2 de enero de 2013 lllegamos a Dakhla, en el Sahara Occidental, a mediodía. Tiempo justo para instalarnos en el camping, pegarnos un baño en el Atlántico, ir a comer a la ciudad y descansar un poco. Mientras tomamos un café en una terraza del paseo marítimo oímos el sonido de un motor de competición. Todos los presentes empezamos a buscar el causante alrededor nuestro, y aparece ante nosotros al poco tiempo: un flamante coche de rallys que da media vuelta enfrente nuestro. En su capó, entre cientos de logos, su número de participante en la Africa Eco Race. Todos nos miramos… ¡Ya tenemos plan para esta tarde de descanso! La Africa Eco Race Esta competición oficial es uno de los rallys que ha nacido a raíz de la marcha a sudamérica del Dakar oficial. Desde 2010 lleva celebrándose en las mismas fechas, aproximadamente, que el célebre Dakar, pero discurriendo por el trazado clásico de ésta competicion: la costa noroeste africana, finalizando (como no puede ser de otra manera) en Dakar. Es una carrera que, además, hace especial hincapié en el desarrollo de proyectos de sostenibilidad por allí donde pasa, de ahí su apelativo de Eco. Entre sus promotores y organizadores está Salvador Servià, veterano piloto de rallys y raids de nuestro país. En busca del parque cerrado Salimos de Dakhla por la única carretera de acceso que cruza, de norte a sur, la península de Río de Oro. A ambos lados, arena y mar: el Atlántico, algunas casas puntuales, campings e invernaderos enormes son lo único que existe en los márgenes de esta carretera. Pasamos nuestro camping de largo y seguimos adelante, buscando el parque cerrado de la carrera. Finalmente lo encontramos, a escasos centenares de metros de donde estamos acampados. Aparcamos los coches y nos dirigimos hacia el campamento de la carrera. No hay barreras ni control de acceso, así que entramos sin problemas. ¿Cómo es un campamento de un rally como éste? Lo primero que nos sorprende es la enorme logística que un rally de este tipo conlleva. Cada día montan y desmontan todo el campamento sin apenas dejar rastro. Tres grandes jaimas forman el corazón del parque cerrado, perfectamente enmoquetadas y amuebladas para el descanso de los participantes. En una de ellas se está cociendo una gran fiesta, pues hay música, bafles, DJ y pantallas. Alrededor de estas jaimas hay algunas carpas con servicios varios: duchas y lavabos de campaña (individuales, con paredes de plástico para mantener la privacidad), la enfermería, la carpa de staff y organización, zona de prensa con algunas facilidades para trabajar (mesas, sillas, etc), zona de catering, y algunos servicios ás. En un extremo del campamento están aparcados los cuatro helicópteros de asistencia que moviliza la carrera, y justo en el extremo opuesto, en medio de la enorme explanada donde se halla el parque cerrado, está la entrada al campamento, [...]

Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">Visitando el parque cerrado de la Africa Eco Race en Dakhla, Marruecos

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El día 2 de enero de 2013 lllegamos a Dakhla, en el Sahara Occidental, a mediodía. Tiempo justo para instalarnos en el camping, pegarnos un baño en el Atlántico, ir a comer a la ciudad y descansar un poco. Mientras tomamos un café en una terraza del paseo marítimo oímos el sonido de un motor de competición. Todos los presentes empezamos a buscar el causante alrededor nuestro, y aparece ante nosotros al poco tiempo: un flamante coche de rallys que da media vuelta enfrente nuestro. En su capó, entre cientos de logos, su número de participante en la Africa Eco Race. Todos nos miramos… ¡Ya tenemos plan para esta tarde de descanso!

La Africa Eco Race

Esta competición oficial es uno de los rallys que ha nacido a raíz de la marcha a sudamérica del Dakar oficial. Desde 2010 lleva celebrándose en las mismas fechas, aproximadamente, que el célebre Dakar, pero discurriendo por el trazado clásico de ésta competicion: la costa noroeste africana, finalizando (como no puede ser de otra manera) en Dakar.

Es una carrera que, además, hace especial hincapié en el desarrollo de proyectos de sostenibilidad por allí donde pasa, de ahí su apelativo de Eco. Entre sus promotores y organizadores está Salvador Servià, veterano piloto de rallys y raids de nuestro país.

En busca del parque cerrado

Salimos de Dakhla por la única carretera de acceso que cruza, de norte a sur, la península de Río de Oro. A ambos lados, arena y mar: el Atlántico, algunas casas puntuales, campings e invernaderos enormes son lo único que existe en los márgenes de esta carretera. Pasamos nuestro camping de largo y seguimos adelante, buscando el parque cerrado de la carrera. Finalmente lo encontramos, a escasos centenares de metros de donde estamos acampados. Aparcamos los coches y nos dirigimos hacia el campamento de la carrera. No hay barreras ni control de acceso, así que entramos sin problemas.

¿Cómo es un campamento de un rally como éste?

Lo primero que nos sorprende es la enorme logística que un rally de este tipo conlleva. Cada día montan y desmontan todo el campamento sin apenas dejar rastro. Tres grandes jaimas forman el corazón del parque cerrado, perfectamente enmoquetadas y amuebladas para el descanso de los participantes. En una de ellas se está cociendo una gran fiesta, pues hay música, bafles, DJ y pantallas.

Alrededor de estas jaimas hay algunas carpas con servicios varios: duchas y lavabos de campaña (individuales, con paredes de plástico para mantener la privacidad), la enfermería, la carpa de staff y organización, zona de prensa con algunas facilidades para trabajar (mesas, sillas, etc), zona de catering, y algunos servicios ás. En un extremo del campamento están aparcados los cuatro helicópteros de asistencia que moviliza la carrera, y justo en el extremo opuesto, en medio de la enorme explanada donde se halla el parque cerrado, está la entrada al campamento, compuesta de dos banderolas de la carrera y un puesto de control. Una puerta en el campo, como quien dice.

Los camiones y coches de asistencia de los equipos van llegando poco a poco y se instalan, al parecer, de manera aleatoria a lo ancho y largo del campamento. Lo preparan todo y, a medida que van llegando los participantes, empieza el duro trabajo para el resto del equipo: ajustes mecánicos, arreglos, revisiones… El movimiento no para. Son las seis de la tarde y aún van llegando tanto coches, motos, quads y camiones de participantes como camiones y vehículos de asistencia. Unas veces llegan los pilotos antes, otras veces las asistencias. Todo va a salto de mata, se trata de tirar, tirar, tirar y no parar nunca.

Charlando con los participantes

Como que estamos de viaje formando parte del Dakar Desert Challenge, un raid no competitivo de origen portugués que va desde Coruche (Portugal) a Dakar, y como que hemos venido de visita con nuestros compañeros de viaje del equipo Os Desertoires, vamos a visitar a los pilotos portugueses en la competición. Porque, para más inri, no hay pilotos compatriotas (o eso nos aseguran).

Paulo Ferreira y Jorge Monteiro acaban de llegar con su Nissan y están descansando. Mientras los mecánicos ajustan y revisan el coche, charlamos un rato sobre la competición. Van mejorando en la general y esperan poder apretar a fondo en las próximas etapas, aunque la dureza de Mauritania es por todos conocida. Nos dejan chafardear el interior de su máquina, y nos comentan algunos detalles como el kit de primeros auxilios mecánicos que lleva el copiloto el la puerta: llaves inglesas, martillos y otras herramientas para salir del paso en medio de la nada. Uno de los miembros del equipo nos pregunta con qué coche venimos y, al comentarle que uno de nuestros vehículos es un Suzuki Santana SJ410, nos pregunta si participamos en la categoría de clásicos. ¡Ojalá! Le aclaramos la confusión y le explicamos que estamos de viaje, no de competición, y además estamos en modo low-cost. Pero el Santana es divertidísimo. Está de acuerdo.

Acto seguido vamos a visitar a la piloto portuguesa del camión Man, Elisabet Jacinto. Es la sensación del momento pues va segunda en la categoría de camiones, y todo apunta a que se erigirá líder en las próximas etapas. Cuando llegamos a su zona en el parque cerrado ella está plantando las tiendas para dormir de varios miembros del equipo. En este tipo de rallys todo el mundo hace de todo, y antes de la merecida ducha, Elisabet acaba de plantar campamento y nos atiende. Charlamos también un rato con ella y nos hacemos fotos. La dejamos libre para que pueda descansar.

Seguimos la ruta paseando entre otros coches, motos y camiones de la Africa Eco Race. En un rincón del campamento están los clásicos, donde vemos un Porsche 911 recién llegado junto a su asistencia, una furgoneta. En este tipo de rallys conviven grandes presupuestos, como los de las marcas Kamaz, Man o KTM, junto a aficionados dedicados que participan con sus propios medios, como es el caso de éste clásico y la mayoría de participantes de su categoría. Las grandes marcas invierten y disponen de buenos camiones de asistencia, mucho personal y muchos cuidados en las formas (limpieza, orden, organización, etc). Los pequeños presupuestos agudizan el ingenio y sobreviven con mucho esfuerzo y con mucho amor por la aventura.

Hora de irse

Cuatro fotos más y ponemos punto y final a esta visita improvisada al campamento de la África Eco Race. El sol ya se ha ocultado tras el horizonte y el campamento despliega todo su esplendor con las luces y los focos. Ha crecido bastante en un par de horas, pues han ido llegando todos los participantes. Se respira ambiente festivo y descansado, las jaimas están llenas de actividad y los mecánicos revisan las máquinas con dedicación. Unos se duchan, otros cenan, otros están descansando en las jaimas, la música no para mientras otros redactan notas de prensa y los pilotos de los helicópteros les pasan un trapo a sus máquinas.

Nosotros nos vamos hacia el camping y les dejamos allí, con su trajín, que no cesará hasta el día siguiente, de buena mañana, cuando literalmente desaparezcan del mapa para seguir su rumbo y nosotros, ya desayunados, no seamos capaces de encontrar ni un sólo rastro del parque cerrado mientras pasamos al lado del sitio donde hace apenas unas horas la actividad no paraba ni un segundo. Así son estas carreras: fugaces, nómadas, volátiles, frenéticas. Y nosotros, al igual que ellos, debemos seguir, pues nuestro destino es el suyo también: Dakar.

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Viaje en moto por el Mediterráneo (y con novia) https://www.1001experiencias.com/experiencias-inolvidables/viaje-en-moto-por-el-mediterraneo-y-con-novia/ https://www.1001experiencias.com/experiencias-inolvidables/viaje-en-moto-por-el-mediterraneo-y-con-novia/#comments Mon, 18 Mar 2013 15:00:49 +0000 Miquel Silvestre <![CDATA[Experiencias inolvidables]]> <![CDATA[Viajes de aventura]]> https://www.1001experiencias.com/?p=12061 <![CDATA[

Estoy terminando un libro de viajes por Asia Central y Oriente Medio. El relato empieza en Madrid y tras recorrer Europa del Este, Ucrania, Rusia, Kazajistán, Uzbekistán, Azerbaiján, Georgia, Turquía, Siria, Jordania, Líbano e Israel, lo termino en Belén, dentro de los Territorios Palestinos. Para mí ese es el final del libro, pero no del viaje. Durante los siguientes meses recorrí Chipre, norte y sur, regresé a Turquía, me encontré allí con mi novia de entonces, bordeamos toda la costa mediterránea turca, cruzamos a Grecia a través de la diminuta isla de Kíos, saltamos al continente y luego a Italia, desde donde embarcamos de vuelta a España. Esa parte del viaje no saldrá en el libro pero habiendo sido una intensa experiencia de amor, pasión, historia, motocicleta y riesgo tan intensa, creo conveniente compartirla con los lectores de este blog. Comienzan pues los posts donde terminará el libro, intentando regresar a Israel desde la ciudad palestina de Belén. Salir de los Territorios Palestinos resulta asombrosamente fácil. Cojo de nuevo la carretera principal que pasa por debajo del muro de la vergüenza. Al salir del túnel topo con un control militar. Se parece a un peaje de autopista. Reduzco la marcha, pero los soldados nos hacen gestos de que prosigamos. No nos detienen ni nos registran ni nos molestan lo más mínimo. Al contrario, una chica con uniforme y galones me dice que mi moto es “very cute”, o sea, una monada. Cada vez tengo más la impresión de vivir en un sueño absolutamente irreal. Una vez de nuevo en Israel, enfilo hacia la autopista que lleva a Tel Aviv. El tráfico es espeso. Algunos conductores me saludan. Creo que los judíos tienen una relación compleja con BMW. Por un lado les gustan los coches y las motos que fabrican, pero por otro no pueden (y quizá no deban) olvidar que en sus fábricas emplearon a judíos como mano de obra esclava. Salgo hasta Haifa. Allí encuentro la Rosenfeld Shipping, compañía naviera que me ha de sacar de Israel por mar hacia Chipre. Piden una pasta, 360 euros. La razón de tan alto precio es que los seguros para cualquier barco que recale en Israel son carísimos. Pero no me queda otro remedio. Una vez marcado el pasaporte con el sello hebreo no puedo regresar por Siria ni por Libia. Chipre aparece como la mejor opción. Desde allí podré saltar a Turquía. Antes de embarcar, compro cuatro botellas de vino israelí que se suman el licor Raki turco, muy parecido a nuestro anís. En el Notos viajaremos 11 pasajeros. Un alemán, un inglés, un austriaco, una francesa y tres parejas: dos suizas y una polaca. Yo dormiré con James, un ciclista inglés. Cuando ve mi crucifijo en la muñeca me dice que el también cree en Jesús. Eso nos acerca. Es un obrero sin nada más que su bici. Quiere quedarse [...]

Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">Viaje en moto por el Mediterráneo (y con novia)

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Estoy terminando un libro de viajes por Asia Central y Oriente Medio. El relato empieza en Madrid y tras recorrer Europa del Este, Ucrania, Rusia, Kazajistán, Uzbekistán, Azerbaiján, Georgia, Turquía, Siria, Jordania, Líbano e Israel, lo termino en Belén, dentro de los Territorios Palestinos. Para mí ese es el final del libro, pero no del viaje. Durante los siguientes meses recorrí Chipre, norte y sur, regresé a Turquía, me encontré allí con mi novia de entonces, bordeamos toda la costa mediterránea turca, cruzamos a Grecia a través de la diminuta isla de Kíos, saltamos al continente y luego a Italia, desde donde embarcamos de vuelta a España. Esa parte del viaje no saldrá en el libro pero habiendo sido una intensa experiencia de amor, pasión, historia, motocicleta y riesgo tan intensa, creo conveniente compartirla con los lectores de este blog. Comienzan pues los posts donde terminará el libro, intentando regresar a Israel desde la ciudad palestina de Belén.

Salir de los Territorios Palestinos resulta asombrosamente fácil. Cojo de nuevo la carretera principal que pasa por debajo del muro de la vergüenza. Al salir del túnel topo con un control militar. Se parece a un peaje de autopista. Reduzco la marcha, pero los soldados nos hacen gestos de que prosigamos. No nos detienen ni nos registran ni nos molestan lo más mínimo. Al contrario, una chica con uniforme y galones me dice que mi moto es “very cute”, o sea, una monada. Cada vez tengo más la impresión de vivir en un sueño absolutamente irreal. Una vez de nuevo en Israel, enfilo hacia la autopista que lleva a Tel Aviv. El tráfico es espeso. Algunos conductores me saludan. Creo que los judíos tienen una relación compleja con BMW. Por un lado les gustan los coches y las motos que fabrican, pero por otro no pueden (y quizá no deban) olvidar que en sus fábricas emplearon a judíos como mano de obra esclava.

Salgo hasta Haifa. Allí encuentro la Rosenfeld Shipping, compañía naviera que me ha de sacar de Israel por mar hacia Chipre. Piden una pasta, 360 euros. La razón de tan alto precio es que los seguros para cualquier barco que recale en Israel son carísimos. Pero no me queda otro remedio. Una vez marcado el pasaporte con el sello hebreo no puedo regresar por Siria ni por Libia. Chipre aparece como la mejor opción. Desde allí podré saltar a Turquía.

Antes de embarcar, compro cuatro botellas de vino israelí que se suman el licor Raki turco, muy parecido a nuestro anís. En el Notos viajaremos 11 pasajeros. Un alemán, un inglés, un austriaco, una francesa y tres parejas: dos suizas y una polaca. Yo dormiré con James, un ciclista inglés. Cuando ve mi crucifijo en la muñeca me dice que el también cree en Jesús. Eso nos acerca. Es un obrero sin nada más que su bici. Quiere quedarse en Israel pero la visa le ha caducado. Tiene que salir.

La tripulación es india salvo los oficiales. El ambiente es relajado. El barco es de bandera griega y el camarote, muy básico, no tiene baño. Saco mi vino israelí y el raki turco y nos ponemos a beber y charlar bajo las estrellas. La conversación de los viajeros siempre gira en torno a lo mismo, a las anécdotas viajeras y a la adicción al viaje. Intimo con Chloe, la francesa matemática que vive en Jerusalem.

Aparece el contramaestre griego, odia a los turcos, “son como serpientes”, dice, trae su propio raki que no es sino un fortísimo orujo. La noche se nos pasa en un suspiro y me voy a la cama agotado y ebrio.

El despertar es duro, demasiado pronto incluso para mí, a las 6 am. La isla de Chipre se recorta contra el amanecer. Desembarcamos y decido llevar a Chloe hasta Lamarca. Es lo que tiene encontrar viajeros en el camino, que se hacen amistades muy intensas y raras. Ella ha quedado con un chipriota que la invita a través del couch surfing. Yo voy a un hotel barato a descansar. Por la noche hago la colada en una lavandería automática y luego me tomo unas cervezas. Me doy cuenta de que estoy agotado tras mi largo viaje por Asia Central y Oriente Medio.

Ahora toca el lento regreso. Eso me entristece algo, pero también estoy alegre e ilusionado porque pronto veré a Mercedes en Turquía.

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Cruzando el Sahara Occidental por el desierto https://www.1001experiencias.com/experiencias-extremas/cruzando-el-sahara-occidental-por-el-desierto/ https://www.1001experiencias.com/experiencias-extremas/cruzando-el-sahara-occidental-por-el-desierto/#comments Thu, 07 Feb 2013 15:39:05 +0000 Men Expert <![CDATA[Experiencias extremas]]> <![CDATA[Viajes de aventura]]> https://www.1001experiencias.com/?p=11177 <![CDATA[

La ruta del Dakar Desert Challenge que nos lleva desde Coruche (Portugal) a Dakar discurre a través de Marruecos y el Sahara Occidental, territorio antaño español y hoy en día bajo el control de Marruecos. La principal carretera de la región transcurre por la costa bordeando el Atlántico, pero nosotros nos adentraremos por las antiguas pistas del Rally París Dakar, en el desierto. Ignasi Calvo es agente de viajes, músico y diseñador web a partes iguales. Nacido en Barcelona el 1982, es titulado en técnico de sonido y compagina su trabajo como freelance desarrollando proyectos web con la agencia de viajes en moto y aventura GR11 Viajes. Cuenta con numerosos kilómetros en sus espaldas, fruto de sus muchos viajes por carretera. Entrando en el Sahara Occidental Debido a la reparación de la avería del Suzuki Santana en la ciudad de Guelmim (se nos rompió la transmisión), nos perdemos la etapa matutina en Plage Blanche, un destino obligado de esta región. Aún estamos en Marruecos pero en breve cruzaremos hacia el Sahara Occidental. Nos encontramos con el resto de participantes del raid en la carretera para comer y seguimos nuestra ruta. En Tan Tan pasamos el primer control policial, donde revisan nuestras placas con la lista de participantes del raid. Todo correcto y seguimos. En esta zona es importante avisar a las autoridades de la intención de ir por las pistas del desierto. Esta región del planeta es una región autónoma sin una soberanía legal definida, pese a que Marruecos la controle prácticamente toda desde la Marcha Verde de 1975. Hay minas sembradas por el desierto y toda precaución es poca. Avisar a las autoridades de nuestro paso es una obligación. El ejército patrulla constantemente estas pistas y, si no está avisado, podría devolver hacia la carretera de la costa a cualquier civil no autorizado que se encontrara en medio y medio de la nada. Territorio minado Pronto tomamos un desvío hacia una pista balizada. A ambos lados y cada doscientos metros más o menos (y separadas por otros doscientos metros) hay montículos de piedra que señalan los límites de la zona por la que se puede circular sin peligro de encontrar minas. Más allá de estos extremos es peligroso circular. Es sencillo seguir la ruta: el paisaje desértico nos permite localizar bien las balizas y el track que seguimos en el GPS nos la marca con precisión. Durante toda la tarde disfrutamos de la conducción a través del desierto: espacios abiertos, vegetación escasa, arena, grava, piedra… Llegamos finalmente al muro de protección del Frente Polisario, un muro hecho a base de amontonar arena y que se pierde en el horizonte por ambos lados. El desierto en esta zona está delimitado por estos muros durante cientos de kilómetros. La ruta pasa por un lugar donde hay un pequeño paso para vehículos. Tras superar el muro, nos dirigimos hacia el lago seco [...]

Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">Cruzando el Sahara Occidental por el desierto

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La ruta del Dakar Desert Challenge que nos lleva desde Coruche (Portugal) a Dakar discurre a través de Marruecos y el Sahara Occidental, territorio antaño español y hoy en día bajo el control de Marruecos. La principal carretera de la región transcurre por la costa bordeando el Atlántico, pero nosotros nos adentraremos por las antiguas pistas del Rally París Dakar, en el desierto.

Ignasi Calvo

Ignasi Calvo es agente de viajes, músico y diseñador web a partes iguales. Nacido en Barcelona el 1982, es titulado en técnico de sonido y compagina su trabajo como freelance desarrollando proyectos web con la agencia de viajes en moto y aventura GR11 Viajes. Cuenta con numerosos kilómetros en sus espaldas, fruto de sus muchos viajes por carretera.

Entrando en el Sahara Occidental

Debido a la reparación de la avería del Suzuki Santana en la ciudad de Guelmim (se nos rompió la transmisión), nos perdemos la etapa matutina en Plage Blanche, un destino obligado de esta región. Aún estamos en Marruecos pero en breve cruzaremos hacia el Sahara Occidental. Nos encontramos con el resto de participantes del raid en la carretera para comer y seguimos nuestra ruta. En Tan Tan pasamos el primer control policial, donde revisan nuestras placas con la lista de participantes del raid. Todo correcto y seguimos.

En esta zona es importante avisar a las autoridades de la intención de ir por las pistas del desierto. Esta región del planeta es una región autónoma sin una soberanía legal definida, pese a que Marruecos la controle prácticamente toda desde la Marcha Verde de 1975. Hay minas sembradas por el desierto y toda precaución es poca. Avisar a las autoridades de nuestro paso es una obligación. El ejército patrulla constantemente estas pistas y, si no está avisado, podría devolver hacia la carretera de la costa a cualquier civil no autorizado que se encontrara en medio y medio de la nada.

Territorio minado

Pronto tomamos un desvío hacia una pista balizada. A ambos lados y cada doscientos metros más o menos (y separadas por otros doscientos metros) hay montículos de piedra que señalan los límites de la zona por la que se puede circular sin peligro de encontrar minas. Más allá de estos extremos es peligroso circular. Es sencillo seguir la ruta: el paisaje desértico nos permite localizar bien las balizas y el track que seguimos en el GPS nos la marca con precisión.

Durante toda la tarde disfrutamos de la conducción a través del desierto: espacios abiertos, vegetación escasa, arena, grava, piedra… Llegamos finalmente al muro de protección del Frente Polisario, un muro hecho a base de amontonar arena y que se pierde en el horizonte por ambos lados. El desierto en esta zona está delimitado por estos muros durante cientos de kilómetros. La ruta pasa por un lugar donde hay un pequeño paso para vehículos. Tras superar el muro, nos dirigimos hacia el lago seco de Chebbibka, una enorme extensión de barro seco, duro, agrietado y liso en el que conducir es, simplemente, una delícia. En medio de este lago seco montamos el campamento, creando un círculo con los coches y situando las tiendas dentro para evitar el viento. Por sorpresa, nos visita una dotación del ejército marroquí que pasará la noche con nosotros en señal de cortesía y bienvenida, además de velar por nuestra seguridad. Así es como pasamos nuestra primera noche en territorio del Sahara Occidental, bajo la luna llena en el lago seco de Chebbibka, a unos cinco grados de temperatura.

Segundo día de travesía por el desierto

Al día siguiente partimos de buena mañana hacia Esmara, donde repostamos y cargamos combustible en los bidones de reserva. Vemos un par de coches de las Naciones Unidas aparcados en la calle. Aprovechamos para hacer algunas compras: agua, comida y un turbante que nos ayudará a sobrellevar mejor el calor.

Seguimos la ruta y pronto estamos siguiendo otra pista balizada que cruza el desierto. Esta vez el paisaje es muy parecido a la sabana, aunque con menos vegetación. Las acacias hacen acto de presencia, solitarias, repartidas de manera aleatoria por el territorio. Conducimos siempre pendientes de las balizas y del GPS para no desviarnos y entrar en territorio minado. A mediodía, y bajo la sombra de la única acacia que vemos cerca, paramos a comer. Un poco de descanso y seguimos.

Accidente y nochevieja en medio del desierto

A media tarde vemos a un grupo de compañeros de ruta detenidos. Cuando llegamos a ellos, nos percatamos de que ha habido un accidente. Uno de los motoristas yace en el suelo con dolores en el pié. Su moto, una Africa Twin con maletas y depósito de gasolina sobredimensionado, está en el suelo. Ha chocado con otro de los motoristas, que afortunadamente está bien físicamente, pero bastante afectado. El cansancio empieza a hacer mella. Miguel, el motorista accidentado, se ha golpeado el talón con la maleta en el impacto y, pese a llevar protecciones, tiene un corte transversal profundo. Es necesario intervenir aquí y ahora, en medio del desierto.

El equipo médico del raid, con la ayuda de Marc, miembro de nuestro equipo e infermero, inician la operación. En medio de la más absoluta nada y en poco más de media hora realizan una intervención de emergencia que incluye unos cuantos puntos de sutura. Finalmente, Miguel puede sentarse en el coche de la organización y descansar. Me ofrezco a llevar su moto, que tiene el manillar torcido y el cable del gas enganchado, pero desisto a los pocos kilómetros tras caerme en el primer arenal que encuentro. Es necesaria mucha experiencia offroad para circular por aquí. Aparece entonces otro participante que se ofrece y consigue llevarla hasta el final de etapa. De nuevo, montamos el campamento en medio de la nada.

Esa noche Miguel pasaría la velada de fin de año sentado en una silla, rodeado de toda la gente del rally. Filipe, el DJ de la expedición, montó el set de música y, cuando fueron las doce de la noche, celebramos todos la entrada de año más pintoresca hasta la fecha: escuchando una música exquisita en medio del desierto, rodeado de compañeros de aventuras, con muchas anécdotas a nuestras espaldas y muchas más por venir.

La asombrosa reparación de la V-Strom

El día de año nuevo se inicia como los anteriores: tras el briefing matinal, desierto y manta siguiendo la ruta y las balizas del trazado. Desierto en estado puro, sin absolutamente nada ni nadie a la vista. Y la sorpresa esa mañana vendría de nuevo de un motorista a bordo de una V-Strom, al que nos encontramos rodeado de participantes con un agujero en el cárter de la moto del tamaño de un puño. ¿Y ahora qué?

A veces lo que parece imposible no lo es. Sólo es necesario ingenio, creatividad, saber hacer e ir bien preparado. En uno de nuestros coches llevábamos una matrícula de más colgada en la baca. Pedro, del equipo portugués RMS-Garmin, cogió esa matrícula y la cortó a una medida aproximada que tapaba el desperfecto. Una vez cortada, la puso sobre el agujero y con un martillo le dio la forma exacta del cárter. Cuando ya tenía la pieza improvisada a medida, la soldó con una pasta especial y… ¡voilá! Fin de la reparación. Sólo faltaba rellenar de aceite el motor y arrancar la moto. Sorprendidos y asombrados, lo felicitamos por la reparación y seguimos nuestra ruta.

La tarde transcurrió gas a fondo serpenteando entre las solitarias acacias y la escasa pero traicionera vegetación del desierto. El sol empezó a descender y nos cegó de tal manera que decidimos parar hasta que desapareciera. Aprovechamos para estirar las piernas y disfrutar del paisaje y la inmensidad del desierto. Ya oscureciendo, proseguimos la marcha y llegamos al campamento de noche, junto a un campo minado (debidamente señalizado) y una estación militar. Dormimos como troncos, esperando con ansias la llegada del día siguiente, que estaba programado como día de descanso. Llevábamos tres noches durmiendo en el desierto, con sus respectivos tres días mordiendo polvo. Eso sí, disfrutando como enanos, pero necesitábamos un pequeño descanso.

Dakhla, paraíso del surf y la Africa Eco Race, etapa final

Hacia el mediodía apareció ante nosotros la imponente y espectacular bahía de Dakhla, repleta de turistas haciendo kite-surf y otras modalidades de deportes relacionados con el vendaval que aquí azota día sí, día también. Nos instalamos en el camping y, tras el baño de rigor en el Atlántico y la posterior ducha, salimos a comer.

La ciudad de Dakhla está enclavada en la península Rio de Oro, en un entorno imponente y bello donde hay autocaravanas de franceses por doquier y donde coincidimos con el bivouac de la Africa Eco Race. Pasamos la tarde hablando con pilotos y fotografiando los coches, camiones y motos participantes. Finalmente, todos los participantes del raid nos pegamos una buena cena en el restaurante Samarcanda del paseo marítimo, terminando así del mejor modo posible nuestro paso por el Sahara Occidental.

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En 4×4 y contra la marea en la playa de Mauritania, emulando el antiguo París Dakar https://www.1001experiencias.com/experiencias-extremas/en-4x4-y-contra-la-marea-en-la-playa-de-mauritania-emulando-el-antiguo-paris-dakar/ https://www.1001experiencias.com/experiencias-extremas/en-4x4-y-contra-la-marea-en-la-playa-de-mauritania-emulando-el-antiguo-paris-dakar/#comments Thu, 24 Jan 2013 08:56:35 +0000 Men Expert <![CDATA[Experiencias extremas]]> <![CDATA[Viajes de aventura]]> https://www.1001experiencias.com/?p=10942 <![CDATA[

El día 3 de enero de 2013 nos levantamos junto a una de las grandes dunas del desierto del norte de Mauritania. Nada más cruzar la frontera, a los pocos kilómetros, la única carretera de norte a sur del país (creada en el año 2005) se bifurca en dos. Hacia la derecha finaliza, al poco, en Nouadhibou, la segunda ciudad del país. Y hacia la izquierda nos lleva directos a Nouakchott, siendo la única vía de conexión entre la frontera del Sahara Occidental y la capital de Mauritania. Bueno, la única vía de conexión asfaltada, porque existe otra vía de conexión menos convencional: la playa. Ignasi Calvo es agente de viajes, músico y diseñador web a partes iguales. Nacido en Barcelona el 1982, es titulado en técnico de sonido y compagina su trabajo como freelance desarrollando proyectos web con la agencia de viajes en moto y aventura GR11 Viajes. Cuenta con numerosos kilómetros en sus espaldas, fruto de sus muchos viajes por carretera. El desierto del norte de Mauritania Así es. La playa de Mauritania se ha usado tradicionalmente para viajar debido a las escasas infraestructuras viarias del país y a la dificultad del desierto. Y eso es precisamente lo que vamos a hacer en la ruta prevista para el día de hoy en el Dakar Desert Challenge, la aventura en la que participamos, un raid no competitivo desde Coruche (Portugal) hasta Dakar que emula el recorrido del antiguo París Dakar. Desde la carretera nacional nos desviamos hacia el oeste, rumbo al Atlántico, a través del desierto. Siempre hacia el oeste, circulamos durante casi una hora hasta que viramos rumbo al sur, siguiendo siempre las indicaciones de la ruta marcadas por la organización. El paisaje es, simplemente, espectacular. El desierto de Mauritania es duro, pero bello. Y flota en el aire: una nube de polvo y arena dificulta la visibilidad a más de un par de kilómetros. No vemos el sol, sino su difuminada forma a través del polvo en suspensión. En el camino no vemos a absolutamente nadie: desolación completa. Al margen del paisaje y los camellos, un camión abandonado es la única atracción digamos “turística” para los escasos visitantes de la zona. Desierto en estado puro. Surfeando por las dunas Llegamos a pocos metros de la playa y seguimos, aún sin pisarla, cruzando las dunas de arena que la rodean. Son unas dunas bajas, repletas de matorrales, que obligan a exprimirse a fondo en la conducción. Nuestro convoy consta de tres coches. Nosotros somos cinco amigos en dos coches, un Opel Frontera 2.8 y un Suzuki Santana SJ410, y nos acompañan tres colegas portugueses en su Toyota 4Runner. El Suzuki es un coche pequeño, de apenas 50 CV, y la conducción por estos terrenos se vuelve un gran reto, a la vez que una gran diversión. Así pasamos la tarde, entre dunas, camellos, derrapes y la más absoluta [...]

Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">En 4×4 y contra la marea en la playa de Mauritania, emulando el antiguo París Dakar

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El día 3 de enero de 2013 nos levantamos junto a una de las grandes dunas del desierto del norte de Mauritania. Nada más cruzar la frontera, a los pocos kilómetros, la única carretera de norte a sur del país (creada en el año 2005) se bifurca en dos. Hacia la derecha finaliza, al poco, en Nouadhibou, la segunda ciudad del país. Y hacia la izquierda nos lleva directos a Nouakchott, siendo la única vía de conexión entre la frontera del Sahara Occidental y la capital de Mauritania. Bueno, la única vía de conexión asfaltada, porque existe otra vía de conexión menos convencional: la playa.

Ignasi Calvo

Ignasi Calvo es agente de viajes, músico y diseñador web a partes iguales. Nacido en Barcelona el 1982, es titulado en técnico de sonido y compagina su trabajo como freelance desarrollando proyectos web con la agencia de viajes en moto y aventura GR11 Viajes. Cuenta con numerosos kilómetros en sus espaldas, fruto de sus muchos viajes por carretera.

El desierto del norte de Mauritania

Así es. La playa de Mauritania se ha usado tradicionalmente para viajar debido a las escasas infraestructuras viarias del país y a la dificultad del desierto. Y eso es precisamente lo que vamos a hacer en la ruta prevista para el día de hoy en el Dakar Desert Challenge, la aventura en la que participamos, un raid no competitivo desde Coruche (Portugal) hasta Dakar que emula el recorrido del antiguo París Dakar.

Desde la carretera nacional nos desviamos hacia el oeste, rumbo al Atlántico, a través del desierto. Siempre hacia el oeste, circulamos durante casi una hora hasta que viramos rumbo al sur, siguiendo siempre las indicaciones de la ruta marcadas por la organización. El paisaje es, simplemente, espectacular. El desierto de Mauritania es duro, pero bello. Y flota en el aire: una nube de polvo y arena dificulta la visibilidad a más de un par de kilómetros. No vemos el sol, sino su difuminada forma a través del polvo en suspensión. En el camino no vemos a absolutamente nadie: desolación completa. Al margen del paisaje y los camellos, un camión abandonado es la única atracción digamos “turística” para los escasos visitantes de la zona. Desierto en estado puro.

Surfeando por las dunas

Llegamos a pocos metros de la playa y seguimos, aún sin pisarla, cruzando las dunas de arena que la rodean. Son unas dunas bajas, repletas de matorrales, que obligan a exprimirse a fondo en la conducción. Nuestro convoy consta de tres coches. Nosotros somos cinco amigos en dos coches, un Opel Frontera 2.8 y un Suzuki Santana SJ410, y nos acompañan tres colegas portugueses en su Toyota 4Runner. El Suzuki es un coche pequeño, de apenas 50 CV, y la conducción por estos terrenos se vuelve un gran reto, a la vez que una gran diversión. Así pasamos la tarde, entre dunas, camellos, derrapes y la más absoluta soledad del desierto.

Las cosas cambian con la llegada al parque nacional de Banc d’Arguin, cerca de la localidad de Nouamghar. Una pequeña y extremadamente humilde localidad de pescadores al lado de un enorme vertedero de pescado podrido nos da la bienvenida a esta remota zona. Seguimos nuestra marcha a través del pueblo, rodeados de niños corriendo y saludando, y con el sol empezando a caer.

A los pocos kilómetros, tras cruzar otra aldea de pescadores senegaleses (también repleta de niños y aún más humilde), y ya con la luz del día en claro descenso, nos encontramos varios equipos. Tenemos que cruzar una duna de arena que bloquea el camino para acceder a la playa. Debemos hacerlo antes de que suba la marea para poder terminar la etapa por la playa sin incidencias. Todo parece indicar que el día acabará sin problemas hasta que, de repente, nos quedamos varados en la duna como ballenas agonizantes.

Varados en la arena

Los aldeanos se acercan a echarnos una mano. El Suzuki se queda varado, le falta potencia para poder superar esta pequeña duna onduladísima y repleta de vegetación. Gracias a su poco peso conseguimos sacarlo de la arena y retroceder hasta el camino, para volver a probar suerte. Los demás coches observan desde la lejanía: algunos esperan a que pasemos todos, otros están varados, y otros detenidos a media duna. Los niños nos observan desde lejos.

En el coche viajamos mi amigo Marc y yo, de copiloto. Me pregunta si estoy listo y respondo afirmativamente. Aceleramos a fondo. Primera, segunda, tercera y cuarta (no tenemos quinta). A ochenta kilómetros por hora, lo máximo que da el coche, nos metemos de lleno en la duna de arena y empezamos a botar como condenados, saltando entre los baches y matorrales, golpeándonos contra el techo del coche, para acabar varados a escasos veinte metros más lejos del primer intento.

Mientras intentamos sacar el coche, los locales nos informan que no podemos cruzar la duna hacia la playa porque la marea ha subido. Efectivamente, tras echar un vistazo observamos que la duna finaliza en el mar. Tenemos que cruzarla girando hacia la izquierda, para volver al camino que la misma duna obstaculiza, camino por el que veníamos y que sirve de ruta alternativa durante unos kilómetros más.

De nuevo, entre los locales y demás participantes del rally conseguimos sacar el Suzuki. Mientras, el Opel ha conseguido pasar. El tiempo transcurre y el sol va cayendo. Tenemos que salir rápido de aquí para evitar que la marea suba más, porque más adelante sí que tendremos que conducir por la playa.

Esta vez Marc, sólo en el coche, decide atacar de nuevo la duna desde otro ángulo y a más velocidad. Botando como un loco, consigue superarla. Sin parar de dar gas consigue llegar al otro lado y detenerse en el camino. El Opel, aparcado junto a otros coches al lado del mar, no corre la misma suerte al volver hacia el camino: se queda varado a media duna. Empieza en este momento una sucesión de embarrancadas de varios coches en las que el coche que remolca se queda varado tras sacar al embarrancado, y el coche que va a socorrer al nuevo embarrancado sucumbe en la misión. Así sucesivamente hasta que, gracias a la colaboración de todos con todos y de los locales, conseguimos sacar a todos los coches de la arena y situarlos en el camino.

Hemos perdido media hora en el proceso y el sol hace tiempo que se ha ocultado en el horizonte atlántico. En este momento no sabemos si la marea nos impedirá el paso por la playa, unos kilómetros más adelante. Por radio la organización nos indica que tenemos tiempo pero debemos darnos prisa. Subimos todos a los coches, gas a fondo y a los pocos kilómetros, tomamos el camino hacia la playa.

Luchando con las olas a contrarreloj

Llegamos a la playa ya de noche y en convoy. Vamos unos nueve coches en fila india separados por unos cincuenta metros cada uno. Nos quedan 90 kilómetros de playa. 90 kilómetros son muchos kilómetros, y debemos darnos prisa para no quedarnos atrapados. A nuestra derecha, el océano Atlántico rompe contra la arena con fuerza; a nuestra izquierda, las imponentes dunas impiden la salida de la playa. No tenemos más escapatoria: ¡gas a fondo y a llegar!

La playa de esta parte del país presentaba unas ondulaciones transversales que impedían correr mucho. Cada cincuenta metros aproximadamente aparecía una, y si la cogías a demasiada velocidad, saltabas por los aires y el golpe al caer era duro. El Suzuki, además, necesitaba la zona más dura de arena (donde rompen las olas) para poder traccionar mejor, debido a su poca potencia, así que tuvimos que arrimarnos a la orilla e ir dibujando las olas para no perder el ritmo. A veces un mal cálculo hacía que embistiéramos una ola recién llegada, hundiéndonos en una bola de agua que prácticamente frenaba el coche por completo.

A medida que la noche avanzaba, las olas cada vez llegaban más lejos y nos dejaban el espacio justo para pasar entre ellas y las dunas del desierto. Así transcurrieron los últimos diez kilómetros, luchando contra la marea ya bastante alta, hasta que por fin las dunas desaparecieron y tomamos el camino hacia el interior y llegamos al campamento de esa noche, a escasos dos kilómetros de la playa. ¡Por los pelos!

¡Etapa superada!

Al llegar al campamento todo fueron felicitaciones y abrazos. Habíamos superado la etapa estrella del Dakar Desert Challenge. Habíamos sido los últimos en llegar al campamento, ya que el grupo detrás nuestro se había tenido que detener a dormir en la localidad de pescadores, porque la marea había subido demasiado y era imposible seguir. Nosotros, por los pelos, lo habíamos conseguido. Esta jornada de conducción pasaría a ser quizás uno de los recuerdos más intensos y emocionantes ya no del rally, sino de toda una vida. Conducir de noche contra las olas por la playa de Mauritania es, sencillamente, una experiencia inolvidable.

Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">En 4×4 y contra la marea en la playa de Mauritania, emulando el antiguo París Dakar

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Israel en moto, un paseo por la línea caliente https://www.1001experiencias.com/experiencias-extremas/israel-en-moto-un-paseo-por-la-linea-caliente/ https://www.1001experiencias.com/experiencias-extremas/israel-en-moto-un-paseo-por-la-linea-caliente/#comments Wed, 09 Jan 2013 09:01:41 +0000 Men Expert <![CDATA[Experiencias extremas]]> <![CDATA[Viajes de aventura]]> https://www.1001experiencias.com/?p=10423 <![CDATA[

Israel está en el punto de mira de la opinión pública. Se llenan los periódicos y telediarios de sesudas opiniones sobre el asunto, uno de los más complejos del Planeta, evacuadas por gente que jamás ha estado allí. Uno, que tiene la manía de recorrer el Mundo en moto, observa estupefacto como estos analistas de salón reparten tan a la ligera lecciones magistrales sobre realidades que jamás han visto ni vivido en primera persona. ¿Cómo puedes opinar sobre un militar israelí si nunca te has encontrado con uno? ¿Qué diantres sabrás de un miliciano de Al Fatáh o de Hizbuláh si en tu vida los has visto sino por la tele? Cuando con ocasión de sucesos criminales, catástrofes de la naturaleza o crisis políticas se habla de Ucrania, Rusia, el Cáucaso, Asia Central, Norteamérica, Siria o Israel no puedo sino pensar que estos plumíferos se refieren a países de pura fantasía. Miquel Silvestre es escritor, viajero y gran bebedor de cerveza. Ha recorrido en motocicleta más de 85 países tras las huellas de los exploradores españoles menos conocidos para tratar de rescatar el recuerdo de una épica de quijotes, santos y locos. Además de numerosas obras de ficción ha publicado dos libros de viajes: Un millón de piedras con 15.000 kilómetros africanos en su interior y Europa Low Cost, o como recorrer el viejo continente en moto sin pedir vacaciones ni arruinarse. Puedes seguir sus tropezones por el mundo en Un Millón de Piedras y en Twitter en @MiquelSilvestre. Cuando recorrí Oriente Medio en mi BMW GS 1200, visité Siria, Líbano, Jordania, Israel y los Territorios Palestinos. No me llevó allí ningún guía, ONG o parte involucrada en el conflicto. Fui solo, en moto y con un mapa de carreteras. Y con estos ojitos que Dios me ha dado y que querían verlo todo por sí mismos. Por ejemplo, comprobé en directo y desde la misma linde fronteriza cuán falsa es la propaganda estadounidense respecto al régimen sirio, supuesto amigo de los terroristas y ogro perverso contra el que todo bien nacido debería luchar. No percibí sentimiento antioccidental alguno y sí una enorme amabilidad. No sentí tampoco discriminación religiosa. Pude visitar sin dificultades los viejos monasterios ortodoxos de la importante comunidad cristiana del país, como el de San Jorge, y hablar con los fieles, quienes se identificaban como yo, colgando una cruz de su retrovisor. Siria fue el privilegiado solar donde primero anidó el Cristianismo y donde proliferaron santos, ermitaños y estilitas, como el famoso Simeón. Líbano es un país de bellos paisajes y sucísimas carreteras que nadie parece cuidar. La circulación es un caos. No hay policía de tráfico y sí muchos controles militares. En realidad son de cartón, parecen decorativos y sus soldados, marionetas panchovillescas porque el aparente desorden político y religioso es en el fondo y la forma una cosa muy ordenada. Cada poder fáctico, clan tribal [...]

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Israel está en el punto de mira de la opinión pública. Se llenan los periódicos y telediarios de sesudas opiniones sobre el asunto, uno de los más complejos del Planeta, evacuadas por gente que jamás ha estado allí. Uno, que tiene la manía de recorrer el Mundo en moto, observa estupefacto como estos analistas de salón reparten tan a la ligera lecciones magistrales sobre realidades que jamás han visto ni vivido en primera persona. ¿Cómo puedes opinar sobre un militar israelí si nunca te has encontrado con uno? ¿Qué diantres sabrás de un miliciano de Al Fatáh o de Hizbuláh si en tu vida los has visto sino por la tele? Cuando con ocasión de sucesos criminales, catástrofes de la naturaleza o crisis políticas se habla de Ucrania, Rusia, el Cáucaso, Asia Central, Norteamérica, Siria o Israel no puedo sino pensar que estos plumíferos se refieren a países de pura fantasía.

Miquel

Miquel Silvestre es escritor, viajero y gran bebedor de cerveza. Ha recorrido en motocicleta más de 85 países tras las huellas de los exploradores españoles menos conocidos para tratar de rescatar el recuerdo de una épica de quijotes, santos y locos. Además de numerosas obras de ficción ha publicado dos libros de viajes: Un millón de piedras con 15.000 kilómetros africanos en su interior y Europa Low Cost, o como recorrer el viejo continente en moto sin pedir vacaciones ni arruinarse. Puedes seguir sus tropezones por el mundo en Un Millón de Piedras y en Twitter en @MiquelSilvestre.

Cuando recorrí Oriente Medio en mi BMW GS 1200, visité Siria, Líbano, Jordania, Israel y los Territorios Palestinos. No me llevó allí ningún guía, ONG o parte involucrada en el conflicto. Fui solo, en moto y con un mapa de carreteras. Y con estos ojitos que Dios me ha dado y que querían verlo todo por sí mismos. Por ejemplo, comprobé en directo y desde la misma linde fronteriza cuán falsa es la propaganda estadounidense respecto al régimen sirio, supuesto amigo de los terroristas y ogro perverso contra el que todo bien nacido debería luchar. No percibí sentimiento antioccidental alguno y sí una enorme amabilidad. No sentí tampoco discriminación religiosa. Pude visitar sin dificultades los viejos monasterios ortodoxos de la importante comunidad cristiana del país, como el de San Jorge, y hablar con los fieles, quienes se identificaban como yo, colgando una cruz de su retrovisor. Siria fue el privilegiado solar donde primero anidó el Cristianismo y donde proliferaron santos, ermitaños y estilitas, como el famoso Simeón.

Líbano es un país de bellos paisajes y sucísimas carreteras que nadie parece cuidar. La circulación es un caos. No hay policía de tráfico y sí muchos controles militares. En realidad son de cartón, parecen decorativos y sus soldados, marionetas panchovillescas porque el aparente desorden político y religioso es en el fondo y la forma una cosa muy ordenada. Cada poder fáctico, clan tribal o grupo religioso tiene su propio territorio perfectamente delimitado. El Valle de la Beka es propiedad de los chiíes de Hizbolláh. Sólo 30 kilómetros separan la ciudad católica más importante en un país árabe, Zhale, con decenas de iglesias, de Balbeek, poblado en manos de los peligrosos barbados. Allí se encuentra nada menos que el romano Templo de Júpiter, patrimonio de la Humanidad. Los terroristas lo usan a su antojo para realizar una sangrienta propaganda ante la indiferencia e inacción de los soldados regulares. Mientras, los turistas del ideal venidos en autobuses compran alegres camisetas alegóricas del martirio pulverizando autobuses urbanos.

Para entrar en Israel con vehículo rodado desde el norte, el único paso posible es a través de Jordania, recorriendo el valle del bíblico Jordan, presuntamente militarizado desde los acuerdos de paz del 94. Debería ser una zona muy caliente, estrechamente vigilada y siempre a punto de explotar. La realidad es que los militares árabes sestean en sus garitas ajenos a todo lo que no sean sus propios ronquidos. Cuando llegué a la frontera, el aduanero tenía a sus pies un cajón lleno de matrículas. Los árabe-israelíes cambian las placas de sus coches para cruzar. Temen que se los quemen o vandalicen. Sería curioso que lo hicieran, porque sólo salen del país por carretera los palestinos para visitar a sus familiares del otro lado; ningún judío se aventura por la región sobre ruedas. ¿A dónde podría ir? Todos los países del entorno los repudian.

Mientras espero en tierra de nadie bajo de la moto y tomo una fotografía. Inmediatamente me veo rodeado del Mossad. ¿Qué estoy fotografiando? “El río”, explico enseñando la secuencia. ¿Por qué? “Coño”, contesto, “porque es el Jordan”. No sé si me entienden pero tampoco toman ninguna medida contra mí salvo aplicarme el inflexible reglamento; o sea, registro exhaustivo y larga espera. Mientras las cosas se desarrollan lentamente, observo. En Israel la seguridad fronteriza está en manos de niños. Alistamiento forzoso. Los jóvenes están obligados a realizar el servicio militar pero su aspecto fofo delata que aman más la comida basura que el sionismo. Van a perder la guerra si se siguen ablandando.

Los militares hebreos someten a los viajeros a un interrogatorio completo que tiene aroma a ópera bufa. “¿Ha visitado Marruecos?” me pregunta una chiquilla rubia con uniforme verde oliva y marcado acento ruso. “Sí”, respondo, “Varias veces. Está al lado de mi casa”. “¿Ha visitado algún país árabe?”, insiste. “Sí, casi todos”. “De acuerdo, puede usted pasar”. Uno de los agentes me confiesa en voz baja que él también es motero. En cuanto entro me doy cuenta de dos cosas: el país es aburrido de recorrer por el nivel europeo de sus carreteras y está muy lejos de ser homogéneo. Los musulmanes israelíes se cuentan ya por millones. Y en cuanto a los judíos, los hay de todas las razas y colores. Cuando me detengo a preguntar constato algo que me sorprende: apenas saben hablar inglés.

En Nazareth me alojo en un convento que está lleno de españoles. Unos parecen del Opus u otra secta fundamentalista similar. Todos juntos, familias numerosas, impecablemente vestidos; el otro grupo lo forman desaliñados trotamundos izquierdistas. Han venido a protestar contra la ocupación. A pesar de ello los han dejado pasar. Sin embargo, se quejan continuamente del trato recibido en la frontera, por otro lado muy respetuoso. Y qué diablos queréis, pienso yo, se trata de una de los pasos fronterizos más conflictivos del Mundo. Yo estoy tan alejado de unos como de otros. Voy a salir a por unas cervezas y me advierten las monjas del riesgo de la delincuencia común. Resulta que el país con las fronteras más seguras del mundo tiene un grave problema de pequeña delincuencia, protagonizada por árabes marginados y jóvenes judíos inadaptados.

A Jerusalén se accede a través de una autopista de tráfico intenso. En la ciudad vieja hay legiones de turistas. Turistas, sí, que no peregrinos. Yo, que sí me considero auténtico peregrino, perdóneseme la presuntuosidad, no puedo considerar tal a quien viene en avión como no considero tal al que llega a Santiago de Compostela en coche. La peregrinación hay que sufrirla y a mí llegar de desde Uzbekistán, que fue donde tomé la decisión de venir, me ha costado bastantes penurias.

Los alojamientos más baratos están en el Cuarto Musulmán. El palestino que regenta el Youth Hostel Hebron me dice que los cristianos somos blasfemos porque igualamos a Cristo, un hombre, con Dios. Está bien, lo que tú digas, pienso, pero yo quiero ver donde nació. En los Territorios Palestinos los israelíes tienen totalmente prohibida la entrada. A pesar de que no lo soy, los milicianos de Al Fatáh no me quieren dejar entrar en Belén en moto. La objeción que alegan los del AK47 sobre motivos de seguridad es solo una excusa para que use uno de los taxistas árabes autorizados a acarrear peregrinos y que cobran suculentas tarifas. No me da la gana, contesto. Al final, transigen. Un motero en peregrinación a los Santos Lugares puede ser muy, pero que muy insistente. Pero no es todo devoción lo que encuentro. Además de un obsceno mercado de imágenes y souvenires religiosos, la santísima Iglesia de la Natividad alberga una garita para esta corrupta policía política desde que en la última Intifada usaran el templo como bunker y urinario. Su chulesca presencia allí es ofensiva e irritante.

Regreso al pérfido Estado de Israel sin que los militares judíos hagan siquiera ademán de detenerme. Será porque piensan que los terroristas suicidas no saben montar en moto.. Introducido de nuevo en la autopista nadie objeta por mis maletas llenas de pegatinas de países como Siria o Líbano, oficialmente en guerra con ellos. Al contrario, muchos conductores me saludan. No sé qué pasaría si fuera al revés y paseara por Amman, Damasco o Beirut con la bandera de Israel entre los demás recuerdos y emblemas. Tel Aviv es una ciudad anodina. Hay concesionario BMW aunque también hay quien recuerda que la marca es alemana y que no pocos judíos fueron esclavos en sus fábricas durante la Segunda Guerra Mundial. Comiendo un kebab observo como viejos ricos pasean por un parquecito en un intento de realizar ejercicio físico. La imagen es la misma que se puede ver en los paraísos artificiales construidos en el desierto de California como Indian Wells.

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Voy a explicar como se pueden recorrer 23.000 kilómetros sin carné de conducir y cruzar 17 fronteras, que se dice pronto, y al mismo tiempo dice mucho del mundo en que vivimos. Miquel Silvestre es escritor, viajero y gran bebedor de cerveza. Ha recorrido en motocicleta más de 85 países tras las huellas de los exploradores españoles menos conocidos para tratar de rescatar el recuerdo de una épica de quijotes, santos y locos. Además de numerosas obras de ficción ha publicado dos libros de viajes: Un millón de piedras con 15.000 kilómetros africanos en su interior y Europa Low Cost, o como recorrer el viejo continente en moto sin pedir vacaciones ni arruinarse. Puedes seguir sus tropezones por el mundo en Un Millón de Piedras y en Twitter en @MiquelSilvestre. Resumidos, los hechos son los siguientes: Salgo de España en dirección este sin el carné español y sólo el Internacional, que como muchos sabéis es un librito que tiene en la portada la fecha de expedición del carné internacional (no la del nacional) y que caduca al año. Luego hay varias hojas con las traducciones a varios idiomas (francés, inglés, árabe o ruso) de los distintos vehículos que puedes conducir, y, como en el español, le ponen un sello en el renglón correspondientes, en nuestro caso, A y B. Y al final está la parte más importante, que es tu nombre y la foto con sello de Tráfico. Pues bien, mi carné internacional, de tanto abrirlo en África (la verdad es que no entienden una palabra pero a todos los maderos les encanta pedir papeles y poner cara “yo lo controlo todo”), tenía la última parte rasgada y a punto de separarse del cuerpo principal. Atravieso la UE sin problemas hasta Ucrania, y allí empieza la pesadilla. Los policías de carretera son como buitres que detectan una enorme BMW extranjera a kilómetros (yo creo que se avisaban por teléfono unos a otros), y en cada pueblo parada obligatoria y excusas para multar/sobornar. Y cada vez hay que sacar toda la documentación y discutir. En una de estas, cuando ya me tenían hasta los mismos, los tíos se quedan con la parte final, la identificatoria, y yo con el librito y salgo de allí maldiciendo los muertos de todos los ucranianos de uniforme. Ofuscado no pagué pero cuando 500 km después me di cuenta de que no tenía carné me sentí bastante perdido. ¿Qué hacer? No iba a regresar, así que tiré. Tiré y tiré y crucé Rusia, Kazajstán y Uzbekistán con un documento sin foto ni nombre. Y colaba. Vaya que si colaba. Los tíos no tenían ni puñetera idea y solo querían pasta. Pero el asunto es decirles que de acuerdo, que “protocol”, que rellenen los papeles, que te metan preso si quieren, pero que hay que avisar a la embajada o al ministro de interior. No sñe si [...]

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Voy a explicar como se pueden recorrer 23.000 kilómetros sin carné de conducir y cruzar 17 fronteras, que se dice pronto, y al mismo tiempo dice mucho del mundo en que vivimos.

Miquel

Miquel Silvestre es escritor, viajero y gran bebedor de cerveza. Ha recorrido en motocicleta más de 85 países tras las huellas de los exploradores españoles menos conocidos para tratar de rescatar el recuerdo de una épica de quijotes, santos y locos. Además de numerosas obras de ficción ha publicado dos libros de viajes: Un millón de piedras con 15.000 kilómetros africanos en su interior y Europa Low Cost, o como recorrer el viejo continente en moto sin pedir vacaciones ni arruinarse. Puedes seguir sus tropezones por el mundo en Un Millón de Piedras y en Twitter en @MiquelSilvestre.

Resumidos, los hechos son los siguientes:

Salgo de España en dirección este sin el carné español y sólo el Internacional, que como muchos sabéis es un librito que tiene en la portada la fecha de expedición del carné internacional (no la del nacional) y que caduca al año. Luego hay varias hojas con las traducciones a varios idiomas (francés, inglés, árabe o ruso) de los distintos vehículos que puedes conducir, y, como en el español, le ponen un sello en el renglón correspondientes, en nuestro caso, A y B. Y al final está la parte más importante, que es tu nombre y la foto con sello de Tráfico.

Pues bien, mi carné internacional, de tanto abrirlo en África (la verdad es que no entienden una palabra pero a todos los maderos les encanta pedir papeles y poner cara “yo lo controlo todo”), tenía la última parte rasgada y a punto de separarse del cuerpo principal.

Atravieso la UE sin problemas hasta Ucrania, y allí empieza la pesadilla. Los policías de carretera son como buitres que detectan una enorme BMW extranjera a kilómetros (yo creo que se avisaban por teléfono unos a otros), y en cada pueblo parada obligatoria y excusas para multar/sobornar. Y cada vez hay que sacar toda la documentación y discutir.

En una de estas, cuando ya me tenían hasta los mismos, los tíos se quedan con la parte final, la identificatoria, y yo con el librito y salgo de allí maldiciendo los muertos de todos los ucranianos de uniforme. Ofuscado no pagué pero cuando 500 km después me di cuenta de que no tenía carné me sentí bastante perdido. ¿Qué hacer? No iba a regresar, así que tiré.

Tiré y tiré y crucé Rusia, Kazajstán y Uzbekistán con un documento sin foto ni nombre. Y colaba. Vaya que si colaba. Los tíos no tenían ni puñetera idea y solo querían pasta. Pero el asunto es decirles que de acuerdo, que “protocol”, que rellenen los papeles, que te metan preso si quieren, pero que hay que avisar a la embajada o al ministro de interior. No sñe si eso es lo que funcionaba, pero antes de rellenar un solo papel te dejaban ir. Trabajar no les gusta, eso seguro.

Con el documento mutilado y sin valor circulé por muchos países dictatoriales. Intenté conseguir uno nuevo en España a través del RACE pero resulta que mi carné español había caducado mientras estaba fuera. Es que diez años desde la última vez que lo renové pasan muy rápido. Pero la fecha de la primera página del librito era del 2008, así que yo decía que esa era la de expedición del original.

Y en estas llego a Tashkent, capital de Uzbekistán, y me paso por el consulado español. De tebeo, vamos, el cónsul honorario en un Landa con 20 años, sin Internet ni impresora y con un Windows 98 que se colgaba a todas horas. Allí escribo mi nombre a bolígrafo en lo que queda de carné, le planto una foto y le digo al tipo que le ponga un sello. Y se lo pone. Un sello que no sirve para nada ni vale nada, pero es un sello, que es lo que importa en esos países de pacotilla.

Y así cruzo otra vez a Kazajistán, a Azerbaiyán y a Georgia, y en todos hay que enseñar el carné para conseguir el seguro en frontera pues la carta verde no funciona. Y yo lo sacaba más chulo que un ocho y todo el mundo conforme. Y a de ahí a Turquía, donde también me lo piden, y a Siria, Jordania y el Líbano, donde me lo piden otra vez para hacerme los seguros. Nadie se quedó sin tragar con un papel escrito a mano con tinta azul de boli bic. Ni Mortadelo hubiera puesto una cara más seria que la mía al enseñarlo.

Pero lo mas acojonante fue en Israel, donde te miran hasta los calzoncillos. Empiezan a pedirte papeles y papeles y al final el carné de conducir. Y yo trago saliva, saco mi papelucho y el tío se lo come. Ningún problema. Casi me caigo. Después de eso, me quedé tranquilo, supe que llegaba hasta casa sin dificultades. Y así fue, llegué de Italia por barco, desembarqué en Barcelona, dormí en Lleida y allí sí renové el carne español y saque uno nuevo internacional. Aunque a la vista de mi experiencia, ahora me pregunto qué puñetera falta hace.

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De Barcelona a El Pont de Suert offroad https://www.1001experiencias.com/experiencias-inolvidables/de-barcelona-a-el-pont-de-suert-offroad/ https://www.1001experiencias.com/experiencias-inolvidables/de-barcelona-a-el-pont-de-suert-offroad/#comments Tue, 04 Dec 2012 08:51:42 +0000 Men Expert <![CDATA[Experiencias inolvidables]]> <![CDATA[Viajes de aventura]]> https://www.1001experiencias.com/?p=9941 <![CDATA[

Víctor Rider, motorista apasionado de las dos ruedas y los viajes, me propuso hace unos meses organizar una ruta a través de Cataluña que se desviara de las carreteras y discurriera por caminos rurales y otros no asfaltados, aptos para la circulación, por el puro placer de conocer nuevos rincones de la geografía nacional y hacerlo de una de las maneras más divertidas, a bordo de nuestras motos trail. Una ruta que a priori iba a preparar Eduard López de Ride to Roots, pero que finalmente y a pesar suyo no pudo llevar a cabo. Así que tomé el relevo con la ayuda inestimable de Sergi Oms, colega motorista también de Barcelona, quien me ayudaría en los reconocimientos del trazado. Ignasi Calvo es agente de viajes, músico y diseñador web a partes iguales. Nacido en Barcelona el 1982, es titulado en técnico de sonido y compagina su trabajo como freelance desarrollando proyectos web con la agencia de viajes en moto y aventura GR11 Viajes. Cuenta con numerosos kilómetros en sus espaldas, fruto de sus muchos viajes por carretera. Preparación y exploratorias La preparación de una ruta de esta índole tiene una parte teórica y otra práctica. La teórica transcurre ante el ordenador, consultando mapas, creando o uniendo tracks o recorridos y revisando los caminos. Tras unos buenos días investigando conseguí una ruta que salía desde las cercanías de Barcelona y llegaba hasta El Pont de Suert, en el Pirineo Catalán fronterizo con Aragón. 300 kilómetros, un 75% de los cuales eran puro offroad, con algunos tramos de enlace de asfalto. Es imprescindible minimizar el impacto de las actividades que se realizan en la naturaleza. Por ello, se diseñó la ruta exclusivamente por caminos aptos para la circulación de vehículos motorizados: caminos rurales y pistas legalizadas y suficientemente anchas, aptas y transitadas. Nada de campo a través. Una vez definida la ruta, no podíamos arriesgarnos a llevar más gente con nosotros sin haberla explorado previamente. Así pues, cargué los tracks en el teléfono móvil y Sergi y yo nos lanzamos a la aventura de explorar esas rutas que, sobre el GPS, tan apetecibles parecían. Llevamos a cabo la exploratorias en dos fines de semana en los que lo pasamos en grande, disfrutando tanto del paisaje y de la ruta en sí como de las dificultades, caídas, cambios de trazados y rodeos que tuvimos que hacer para salvar obstáculos sobre terreno. Con la ruta ya revisada y lista, fijamos una fecha y nos juntamos cinco amigos a finales de agosto para iniciar un fin de semana de aventura sobre dos ruedas aquí mismo, al lado de casa. Día 1: Barcelona – Granollers El primer tramo de ruta era de tanteo, con una pequeña etapa a través de la Conreria y la Serralada Litoral con diversidad de terreno: pistas, un poco de arena, desniveles… Mc Bauman, Victor Rider, Sergio Pueyo, Sergi Oms y un servidor [...]

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Víctor Rider, motorista apasionado de las dos ruedas y los viajes, me propuso hace unos meses organizar una ruta a través de Cataluña que se desviara de las carreteras y discurriera por caminos rurales y otros no asfaltados, aptos para la circulación, por el puro placer de conocer nuevos rincones de la geografía nacional y hacerlo de una de las maneras más divertidas, a bordo de nuestras motos trail. Una ruta que a priori iba a preparar Eduard López de Ride to Roots, pero que finalmente y a pesar suyo no pudo llevar a cabo. Así que tomé el relevo con la ayuda inestimable de Sergi Oms, colega motorista también de Barcelona, quien me ayudaría en los reconocimientos del trazado.

Ignasi Calvo

Ignasi Calvo es agente de viajes, músico y diseñador web a partes iguales. Nacido en Barcelona el 1982, es titulado en técnico de sonido y compagina su trabajo como freelance desarrollando proyectos web con la agencia de viajes en moto y aventura GR11 Viajes. Cuenta con numerosos kilómetros en sus espaldas, fruto de sus muchos viajes por carretera.

Preparación y exploratorias

La preparación de una ruta de esta índole tiene una parte teórica y otra práctica. La teórica transcurre ante el ordenador, consultando mapas, creando o uniendo tracks o recorridos y revisando los caminos. Tras unos buenos días investigando conseguí una ruta que salía desde las cercanías de Barcelona y llegaba hasta El Pont de Suert, en el Pirineo Catalán fronterizo con Aragón. 300 kilómetros, un 75% de los cuales eran puro offroad, con algunos tramos de enlace de asfalto. Es imprescindible minimizar el impacto de las actividades que se realizan en la naturaleza. Por ello, se diseñó la ruta exclusivamente por caminos aptos para la circulación de vehículos motorizados: caminos rurales y pistas legalizadas y suficientemente anchas, aptas y transitadas. Nada de campo a través.

Una vez definida la ruta, no podíamos arriesgarnos a llevar más gente con nosotros sin haberla explorado previamente. Así pues, cargué los tracks en el teléfono móvil y Sergi y yo nos lanzamos a la aventura de explorar esas rutas que, sobre el GPS, tan apetecibles parecían. Llevamos a cabo la exploratorias en dos fines de semana en los que lo pasamos en grande, disfrutando tanto del paisaje y de la ruta en sí como de las dificultades, caídas, cambios de trazados y rodeos que tuvimos que hacer para salvar obstáculos sobre terreno. Con la ruta ya revisada y lista, fijamos una fecha y nos juntamos cinco amigos a finales de agosto para iniciar un fin de semana de aventura sobre dos ruedas aquí mismo, al lado de casa.

Día 1: Barcelona – Granollers

El primer tramo de ruta era de tanteo, con una pequeña etapa a través de la Conreria y la Serralada Litoral con diversidad de terreno: pistas, un poco de arena, desniveles… Mc Bauman, Victor Rider, Sergio Pueyo, Sergi Oms y un servidor nos lanzamos monte adentro por los caminos forestales para encontrarnos de sopetón con el primer gran obstáculo de la ruta, una pista con una subida técnica que propició la primera caída del fin de semana. Tras reparar los pequeños desperfectos con soltura, improvisación y tanta maña como fuerza, seguimos nuestra marcha disfrutando del atardecer por los caminos y pistas con vistas al litoral. Llegamos al anochecer al hotel de Granollers. Pese a la caída, habíamos superado con éxito la etapa de tanteo. ¡Mañana más!

Día 2: Granollers – Guardiola de Berguedà

De buena mañana partimos hacia la cercana localidad de Cardedeu para desayunar, cargar gasolina y prepararnos para la ruta. A las nueve estábamos de nuevo en marcha, circulando durante gran parte de la mañana por caminos entre fincas rurales y granjas, con un tiempo amenazador que nos estaba dando tregua. El grupo iba a buen ritmo, pese a que el terreno presentaba a veces pequeños bancales de arena y complicaba un poco el avance. Gracias a ello y a otras irregularidades (baches, desniveles, zanjas y roderas), poco a poco todos fuimos ganando experiencia y soltura sobre la moto. Las pocas caídas de la mañana fueron sin importancia, y sirvieron de acelerado aprendizaje de conducción offroad sobre estas pesadas motos.

No fueron pocos los charcos que tuvimos que atravesar, pues anegaban el camino. Alguno de estos charcos era de considerable tamaño. Primero se debe explorar a pie la profundidad del mismo, averiguar la mejor ruta de paso y estudiar el terreno bajo el agua. Acto seguido sólo queda subirse a la moto y dar gas para cruzarlo, controlando bien el manillar, la potencia y evitando cualquier caída para evitar problemas mayores.

Tras la parada de rigor para comer, iniciamos el último tramo del día, uno de los más pedregosos, en la comarca del Berguedà. Esta zona de Catalunya es la antesala del Pirineo y sus pistas nos regalaron unos desniveles considerables, todos ellos llenos de piedras de todas formas y tipos. Llegamos a la cima de una colina tras superar un largo camino repleto de cantos rodados en los que las motos demostraron su dureza, caídas incluidas. Agotados, paramos a descansar y tomar fotos para acto seguido encarar una de las zonas más técnicas y complicadas del recorrido: un largo camino de pronunciada bajada y repleto de piedras que puso a prueba nuestra destreza con los frenos, el equilibrio y el manejo del gran peso de las motos trail que llevábamos.

Finalizada la bajada, y con la tarde ya cayendo, improvisamos por los caminos de la zona hasta que desgraciadamente una aparatosa caída apresuró los acontecimientos. Victor salió despedido por encima de la moto, aterrizando sobre su hombro derecho. Acordamos que Victor y Sergi permanecerían en el sitio de la caída mientras el resto buscaríamos el camino de salida de aquella zona. Se había acabado la improvisación y era primordial llegar al hotel para no forzar más su hombro. Nos lanzamos a la búsqueda del buen camino, que afortunadamente encontramos al cabo de unos minutos tras serpentear por las pistas de la zona y llegar a un refugio aislado y preguntar a su guarda. Sergio volvió a buscar a Víctor y Sergi para guiarlos y finalmente, a las ocho y media y con el sol ya cayendo, llegamos a Guardiola de Berguedà, nuestro destino. Pese a las dificultades e inclemencias del día, celebramos la ruta con unas buenas cervezas y una cena en condiciones.

Día 3: Guardiola de Berguedà – El Pont de Suert

La decisión más sensata al día siguiente era que Víctor no forzase su hombro, por lo que decidió rutear por asfalto de vuelta hacia casa. Nos despedimos con un fuerte abrazo y deseándole una pronta recuperación. Con parte de la ruta por hacer, nos emplazamos hasta una futura fecha para completarla.

La última etapa era de las más bellas, ya que cruzaba varios puertos de montaña del Pirineo, algunos de más de 2000 metros de altura, a través de estaciones de esquí como La Molina y de caminos como el Coll de Triadó.

La primera ascensión fue por asfalto hacia La Molina por la cara sur del Cadí, para proseguir a través de los pedregosos caminos de servicio de la estación de esquí hasta la Vall de la Cerdanya. El día era cristalino, por lo que pudimos de disfrutar de unas impresionantes vistas antes de descender hacia el valle y seguir por carretera hacia el oeste para encarar los siguientes tramos de montaña, todos ellos ascendiendo por un valle y descendiendo por el siguiente hacia el oeste. Una parada de comer en Tírvia para luego seguir hacia el Coll de Triadó, último paso de la ruta.

El Coll de Triadó es una bella ruta que asciende serpenteante desde Llesuí hasta casi los 2.100 metros de altitud, atravesando una región de prados alpinos extensa que nos regala con unas fantásticas vistas mientras recorremos las pistas sorteando baches y piedras. A media tarde, tras descender de nuevo zigzagueando por la ladera, llegamos a la carretera y, por ella, a El Pont de Suert, donde finaliza nuestra ruta.

Si de algo nos dimos cuenta ese fin de semana es que la aventura a veces está muy cerca de casa, del mismo modo que algunos de los mejores lugares también los podemos encontrar muy cerca. Basta con aventurarse por los caminos menos transitados o alternativos para encontrarnos muchas y gratas sorpresas, como bien comprobamos. Una excelente manera de conocer mejor tu país pasando, de paso, un buen rato.

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Albania en moto, surrealismo en la última frontera europea https://www.1001experiencias.com/experiencias-inolvidables/albania-en-moto-surrealismo-en-la-ultima-frontera-europea/ https://www.1001experiencias.com/experiencias-inolvidables/albania-en-moto-surrealismo-en-la-ultima-frontera-europea/#comments Mon, 03 Dec 2012 12:02:19 +0000 Men Expert <![CDATA[Experiencias inolvidables]]> <![CDATA[Viajes de aventura]]> https://www.1001experiencias.com/?p=9678 <![CDATA[

Surrealismo en estado puro. Albania parece estar saliendo de una terrible guerra. Destruido y convaleciente del sueño comunista del dictador Hoxha. Entrando desde Macedonia me reciben los Bunkers que en su paranoia mandó construir por toda la nación. Los llaman pill boxes (caja de pastillas) por su forma de champiñón. Fábricas en ruinas, puentes destruidos, grisura y oxido, pero también una naturaleza salvaje imposible de domeñar. Se sucede la miseria junto a algunos restaurantes y hoteles de lujo. Y Mercedes Benz. Mercedes Benz de todos los años, tamaños y modelos. Albania está llena de ellos. Todos robados, claro. Y no me extraña. He llegado hasta aquí cruzando los Balcanes y salvo la carta verde y el pasaporte, no he tenido que mostrar ningún otro documento. Miquel Silvestre es escritor, viajero y gran bebedor de cerveza. Ha recorrido en motocicleta más de 85 países tras las huellas de los exploradores españoles menos conocidos para tratar de rescatar el recuerdo de una épica de quijotes, santos y locos. Además de numerosas obras de ficción ha publicado dos libros de viajes: Un millón de piedras con 15.000 kilómetros africanos en su interior y Europa Low Cost, o como recorrer el viejo continente en moto sin pedir vacaciones ni arruinarse. Puedes seguir sus tropezones por el mundo en Un Millón de Piedras y en Twitter en @MiquelSilvestre. Elbasan es una población mediana. Conducen como les da la gana. ¿Habrá autoescuelas en Albania? ¿Pasarán exámenes o directamente regalarán o venderán los carnets de conducir? Paro en un taller para preguntar si tienen pegatinas de su país o saben donde puedo conseguirlas y al verme aparecer me arman un verdadero recibimiento. Me invitan a café y bollos, el dueño manda a un aprendiz a que vaya a buscar los adhesivos. ¿Ah, pero acaso me voy ya?, se extraña el patrón. De ningún modo, sentencia, tengo que conocer el castillo. Casi me obligan a montarme en un coche para que puedan mostrar al inesperado visitante las maravillas históricas de la ciudad. Están tan orgullosos de ella y son tan amables que me siento de nuevo eufórico y feliz. Así es estar viajando en moto. Estas son las cosas que me recuerdan por qué hago lo que hago. Este calor humano, este interés y esta simpatía. Estas miradas, estos gestos de amabilidad gratuita en los países más pobres… esto es para mí viajar en moto. Insisten en que visite el pueblo de Berat, en el centro del país. Mi destino se decide así, por instinto, haciendo caso a unos y desobedeciendo a otros. La carretera es mala, hay baches, llueve y los conductores son homicidas. No hay motos en Albania. Llego al destino ya de noche cerrada y encuentro una ciudad muy animada. En el centro, cruzo el puente Gorica siguiendo la indicación de Park Castle Hotel. No es un castillo real, sino una copia moderna de lo [...]

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Surrealismo en estado puro. Albania parece estar saliendo de una terrible guerra. Destruido y convaleciente del sueño comunista del dictador Hoxha. Entrando desde Macedonia me reciben los Bunkers que en su paranoia mandó construir por toda la nación. Los llaman pill boxes (caja de pastillas) por su forma de champiñón. Fábricas en ruinas, puentes destruidos, grisura y oxido, pero también una naturaleza salvaje imposible de domeñar. Se sucede la miseria junto a algunos restaurantes y hoteles de lujo. Y Mercedes Benz. Mercedes Benz de todos los años, tamaños y modelos. Albania está llena de ellos. Todos robados, claro. Y no me extraña. He llegado hasta aquí cruzando los Balcanes y salvo la carta verde y el pasaporte, no he tenido que mostrar ningún otro documento.

Miquel

Miquel Silvestre es escritor, viajero y gran bebedor de cerveza. Ha recorrido en motocicleta más de 85 países tras las huellas de los exploradores españoles menos conocidos para tratar de rescatar el recuerdo de una épica de quijotes, santos y locos. Además de numerosas obras de ficción ha publicado dos libros de viajes: Un millón de piedras con 15.000 kilómetros africanos en su interior y Europa Low Cost, o como recorrer el viejo continente en moto sin pedir vacaciones ni arruinarse. Puedes seguir sus tropezones por el mundo en Un Millón de Piedras y en Twitter en @MiquelSilvestre.

Elbasan es una población mediana. Conducen como les da la gana. ¿Habrá autoescuelas en Albania? ¿Pasarán exámenes o directamente regalarán o venderán los carnets de conducir? Paro en un taller para preguntar si tienen pegatinas de su país o saben donde puedo conseguirlas y al verme aparecer me arman un verdadero recibimiento. Me invitan a café y bollos, el dueño manda a un aprendiz a que vaya a buscar los adhesivos. ¿Ah, pero acaso me voy ya?, se extraña el patrón. De ningún modo, sentencia, tengo que conocer el castillo. Casi me obligan a montarme en un coche para que puedan mostrar al inesperado visitante las maravillas históricas de la ciudad. Están tan orgullosos de ella y son tan amables que me siento de nuevo eufórico y feliz. Así es estar viajando en moto. Estas son las cosas que me recuerdan por qué hago lo que hago. Este calor humano, este interés y esta simpatía. Estas miradas, estos gestos de amabilidad gratuita en los países más pobres… esto es para mí viajar en moto.

Insisten en que visite el pueblo de Berat, en el centro del país. Mi destino se decide así, por instinto, haciendo caso a unos y desobedeciendo a otros. La carretera es mala, hay baches, llueve y los conductores son homicidas. No hay motos en Albania. Llego al destino ya de noche cerrada y encuentro una ciudad muy animada. En el centro, cruzo el puente Gorica siguiendo la indicación de Park Castle Hotel. No es un castillo real, sino una copia moderna de lo que un cursi puede entender por un castillo de cuento de hadas. El interior es de un lujo pretencioso, con muebles de madera oscura, copas de cristal, mantelería fina, animales disecados. Un delirio de nuevo rico o mafioso con ínfulas artísticas. Pero lo importante es que la habitación con desayuno cuesta 30 euros y que tendré una gran cama, un baño limpio y una cena en condiciones. Aun mejor de lo que yo esperaba, porque una de las cosas que suceden en Albania, el país del surrealismo, es que todo es real. La comida también.

Aparece un grupo de cuatro hombres. Uno es viejo, otro es fuerte, el de más allá mezquino y éste que tengo más cerca es bajo y rechoncho. Hablan italiano con acento del sur. Les pregunto. Son de Nápoles. ¿Qué carajo hacen cuatro napolitanos en Albania? ¿cuatro hombres solos y sin pareja? Turismo seguro que no. Sus negocios no deben ser muy limpios e imagino que tienen que ver con las principales industrias del país: la importación de coches robados o el tráfico de armas.

Me llama la atención la cantidad de gente joven que hay. Muchachos, niños, adolescentes. El albanés es un pueblo que se reproduce rápido. Hay mezquitas pero también iglesias. De hecho, las dos más grandes que hay están una frente a otra en la plaza mayor. Los hombres pasean o toman café en las terrazas. No he oído todavía la llamada del muecín a la oración, y tampoco dificultad alguna para encontrar alcohol.

Berat es considerada la ciudad más antigua de Albania. Tiene un interesante casco histórico empedrado y un impresionante castillo en lo alto de un monte. Están celebrando una boda en su interior. Una pequeña muchedumbre bailotea al son de la música electrónica. Me doy un paseo por las almenas observando el panorama. No hay barandillas ni avisos de peligro. Me gusta Albania, aquí tu seguridad es problema tuyo. Si te despeñas por subir borracho, es culpa tuya y a nadie podrás reclamar una responsabilidad que solo a ti te compete. Me hace sentir bien este respeto por la autonomía personal. Ya está bien de que la Administración nos trate como a niños o subnormales profundos. Reivindico mi derecho a equivocarme, a sufrir las consecuencias de mis actos irreflexivos sin que forme parte de las obligaciones del Estado velar por la sensatez de aquellas decisiones que sólo a mí pueden afectar.

Decisiones como tomar la carretera equivocada. Quiero ir hacia el sur por el interior del país hasta Kelquire. La gente a la que pregunto me aconseja que no vaya por ahí, que dé un rodeo de más de 100 kilómetros porque la carretera, la “Rruga” en Tosco, es muy mala. No entienden que eso es justo lo que yo quiero, una pista cabrona donde pasarlo bien pasándolo muy mal. Aparece un tipo chapurreando italiano. Tatuado, con camiseta de tirantes y gafas de sol ray ban de palo. Coñón, asegura que con esta moto no tendré problemas. Los demás ríen de medio lado. Es evidente que piensa que las voy a pasar canutas. Pero si el señorito extranjero quiere meter su flamante BMW por el pedregal, adelante, que se escoñe.

— No está tan mal— dice con la sonrisa de medio lado.

La pista es mala de verdad. Sube y baja montañas convertida en un río de grava. Cuando no hay grava, hay piedras enormes, cuando no hay piedras, hay barro. Esto es lo peor. Con las cubiertas mixtas en el barro la moto patina y no tracciona. Me caigo varias veces. Pero voy avanzando entre un paisaje espectacular. Aquí no hay nadie. Esto es horrible incluso para los albaneses. Me cruzo con algún que otro coche 4X4, pero prácticamente estoy solo. A veces se descubren restos de adoquines o incluso pequeñas manchas de asfalto en el camino. Esto fue una carretera hace 80 años. El agua, la lluvia, la nieve, la desidia, los Mercedes han ido mordiéndola y desgarrándola.

Cuando se empina de verdad, retuerzo el puño y la moto trepa como un gato. Llego hasta varias aldeas muertas. Tejados hundidos, casuchas derruidas, perros sarnosos y enclenques. Algunos seres humanos se mueven entre las piedras como supervivientes de un bombardeo. Empieza a nublarse cuando inicio un descenso pronunciado lleno de piedras caídas de las laderas. Espero que no haya otro monte que subir.

Bien avanzada la tarde, alcanzo el llano y el asfalto. Malo y arrugado, pero asfalto. Empieza a llover torrencialmente, a jarrear de verdad, es un auténtico diluvio. La carretera está inundada y la moto levanta olas que meten litros de agua sucia en mis botas. En el primer pueblo me miran estupefactos. ¿Cómo puedo venir de las montañas? A pesar de la tormenta, insisto en llegar a Sarande, en la costa. Tengo que superar una última cadena de montes. Deja de llover, clarea y alcanzo el puerto con una espectacular puesta de sol que incendia la bahía.

La ciudad mezcla lo turístico con el típico abandono albanés. Encuentro habitación en el paseo marítimo. El recepcionista tiene un impresionante Mercedes nuevo que asegura le ha costado 20.000 euros de segunda mano. “Segunda mano”, menudo eufemismo. La habitación tiene un gran ventanal frente al mar. Delante de mí flota Corfú como una lejana balsa de piedra.

A las diez sale un ferry. Hora y media de plácida navegación y llegamos al puerto griego donde se encargan de revisar concienzudamente la documentación de los vehículos, incluyendo el número de serie. Supongo que se trata de evitar que se reintroduzcan desde Albania coches robados en Europa, pero aunque el inspector grita mucho, parece que tampoco es todo tan serio. Uno de los pasajeros ha conseguido meter en la UE un lujoso coche que dice estar a nombre de su esposa, de la que no trae ni documentos ni autorización alguna. ¿Surrealismo? No, la última frontera de Europa.

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