Habíamos llegado a Tailandia como pocas veces llegamos a nuestros destinos de viaje, sin información previa sobre el país, sin saber nada de su historia o su cultura y con un cansancio que se puede tildar de abrumador. Abordamos un avión en Johannesburgo, Sudáfrica, que nos depositó dieciséis horas más tarde en el aeropuerto de Bangkok, y luego de resolver algunos asuntos burocráticos urgentes, nos encontramos con que teníamos que tomar una decisión sobre adonde dirigirnos o qué queríamos hacer. Esta ecuación poco feliz y acelerada fue la mayor responsable en la elección de Phi Phi Island como primer destino a visitar en Tailandia. Cayendo en el lugar común Aun cuando tenemos más que en claro que los destinos masivos de turismo poco tienen que ofrecer en términos de sorpresa e interés para el viajero, nos entregamos al imaginario de Leonardo Di Caprio y su archiconocido film “La playa” y nos lanzamos en busca del aroma a paraíso playero. Nos apoyamos de lleno en esa especie de ideario publicitario y en una creencia carente de fe, y nos dejamos llevar por ideas preconcebidas hacia un destino demasiado común, el cual no haría más que confirmar que a los lugares donde acude el turismo masivo, si uno está interesado en aprender algo del mundo, mejor no ir. Bienvenidos entonces a Phi Phi island y su particular forma de ser. Cuando la cultura se esconde Apenas pusimos un pie en este superlativo paraíso natural, y luego de viajar en tren, colectivo y barco por otra gran cantidad de horas, nos encontramos con esa incómoda e insatisfactoria sensación de que Phi Phi Island podía situarse en Brasil, en México o en Costa Rica, daba igual. Uno miraba para los costados y no veía un solo código ambiental que indicara lo contrario. Apenas atravesamos el muelle que nos separaba de la costa, se elevó ante nosotros una especie de laberinto comercial, del que luego nos dimos cuenta, sería sumamente difícil escapar. Los negocios más cercanos a la playa eran atendidos por extranjeros, los bares parecían irlandeses, los carteles estaban escritos en inglés, español o chino y había un sinfín de referencias a solamente necesidades turísticas en general, las que se podrían resumir fácilmente en: comida, hoteles y fiestas que ofrecen algún tipo de exclusividad. Lo único que me hacía acordar que estaba en Tailandia eran una gran cantidad de mujeres y travestis que sin prisa, pero sin pausa, repetían como fonola averiada: “Thai massaaaage, Thai massaaaage”. En algún momento, luego de encontrar un lugar para dejar los bolsos y descansar un poco los sentidos, volvimos con la mirada un poco más fresca sobre los cúmulos informativos. Así caímos en la cuenta de que todo era el doble de caro que en la parte continental, que no había forma de caminar más de un minuto sin que alguien ofreciera alguna actividad acuática; que si uno [...]
Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">Phi Phi Island, Tailandia: “Culturas Perdidas”
]]>Habíamos llegado a Tailandia como pocas veces llegamos a nuestros destinos de viaje, sin información previa sobre el país, sin saber nada de su historia o su cultura y con un cansancio que se puede tildar de abrumador. Abordamos un avión en Johannesburgo, Sudáfrica, que nos depositó dieciséis horas más tarde en el aeropuerto de Bangkok, y luego de resolver algunos asuntos burocráticos urgentes, nos encontramos con que teníamos que tomar una decisión sobre adonde dirigirnos o qué queríamos hacer. Esta ecuación poco feliz y acelerada fue la mayor responsable en la elección de Phi Phi Island como primer destino a visitar en Tailandia.
Aun cuando tenemos más que en claro que los destinos masivos de turismo poco tienen que ofrecer en términos de sorpresa e interés para el viajero, nos entregamos al imaginario de Leonardo Di Caprio y su archiconocido film “La playa” y nos lanzamos en busca del aroma a paraíso playero. Nos apoyamos de lleno en esa especie de ideario publicitario y en una creencia carente de fe, y nos dejamos llevar por ideas preconcebidas hacia un destino demasiado común, el cual no haría más que confirmar que a los lugares donde acude el turismo masivo, si uno está interesado en aprender algo del mundo, mejor no ir. Bienvenidos entonces a Phi Phi island y su particular forma de ser.
Apenas pusimos un pie en este superlativo paraíso natural, y luego de viajar en tren, colectivo y barco por otra gran cantidad de horas, nos encontramos con esa incómoda e insatisfactoria sensación de que Phi Phi Island podía situarse en Brasil, en México o en Costa Rica, daba igual. Uno miraba para los costados y no veía un solo código ambiental que indicara lo contrario. Apenas atravesamos el muelle que nos separaba de la costa, se elevó ante nosotros una especie de laberinto comercial, del que luego nos dimos cuenta, sería sumamente difícil escapar.
Los negocios más cercanos a la playa eran atendidos por extranjeros, los bares parecían irlandeses, los carteles estaban escritos en inglés, español o chino y había un sinfín de referencias a solamente necesidades turísticas en general, las que se podrían resumir fácilmente en: comida, hoteles y fiestas que ofrecen algún tipo de exclusividad. Lo único que me hacía acordar que estaba en Tailandia eran una gran cantidad de mujeres y travestis que sin prisa, pero sin pausa, repetían como fonola averiada: “Thai massaaaage, Thai massaaaage”.
En algún momento, luego de encontrar un lugar para dejar los bolsos y descansar un poco los sentidos, volvimos con la mirada un poco más fresca sobre los cúmulos informativos. Así caímos en la cuenta de que todo era el doble de caro que en la parte continental, que no había forma de caminar más de un minuto sin que alguien ofreciera alguna actividad acuática; que si uno quería seguir caminando había que atravesar manadas de tarjeteros de fiestas nocturnas, y que por último y luego de todos estos incordios ambientales, seguíamos sin saber dónde era que vivían los Tais, dónde comían, dónde dormían o cuál era su actividad principal.
La desilusión acompañada de cierta frustración llegó cuando una vez logrado el objetivo, y ya casi con la nariz asomando dentro del pequeño pueblito Tai apodado “Ton Sai”, nos hicieron un gesto con la mana de que mejor diéramos media vuelta, como diciendo: “Acá no hay nada para ver chicos…”. Miré a los ojos al tipo que me intimaba y cuando estaba a punto de maldecirlo, respiré otra vez, lo entendí y nos retiramos.
Luego de esta ciertamente impactante primera impresión diurna de la isla decidimos apostar todo a negro y esperar a la noche, para ver si era cierto que nos íbamos a meter adentro de un televisor y hacer un corto zapping hasta caer dentro de “Wild On Channel” para gritar “cartón lleno”. Fuegos y malabares a cargo de tailandeses, amurallados por el turismo más llano de todos, donde un desfile de “buckets” y botellitas de alcohol, se volvieron el programa dominante y la única apuesta de la noche. Lo más llamativo era que el cuadro se repetía sin alteraciones en toda la longitud de la playa. Un bar al lado de otro que parecía el mismo bar, inundado por exactamente la misma gente. Un hecho muy común, que por lo menos en mi percepción, nunca deja de resultar trágicamente llamativo.
Nos declaramos en rebeldía y apagamos la televisión, nos levantamos del sillón y nos fuimos a redescubrir la isla. Y así fue que empezamos a salir del estado de letargo que paradójicamente proponen los paraísos turísticos en general. Pusimos norte hacia cualquier lugar que se encontrara alejado de los eventos multitudinarios y volvimos lentamente a respirar.
Principalmente logramos entablar relación con algunos recolectores de basura, quienes pasan totalmente desapercibidos dentro de un pequeño barquito muy clandestino y poco iluminado, que trabaja en el muelle sólo en horas nocturnas. Entablamos charlas amenas y bastante divertidas con las señoras y señores que ofrecen los famosos “Thai Massage” y encontramos muchos musulmanes muy buena gente y muy amables que nos compartieron algunas historias de Tsunamis y demás.
Poco a poco, lentamente, empezamos a modificar nuestros estados de ánimos y logramos afirmar el paso para robarle a Phi Phi Island algún evento que valiera la pena ser contado.
Y como la esperanza es lo último que se pierde, y como no existe aquello que sea tan malo como para que no dependa de nosotros mismos modificar, caminamos y caminamos la isla por todos sus rincones, para casi sin saberlo ir encontrando el camino que nos llevaría hacia la mística y la majestuosidad que proponen los encuentros. En este caso quien redimió la experiencia fue una persona llamada “Marianita”, un caso serio de humanidad y de belleza de espíritu.
Marianita es de esas personas que al verlas parecen parte de la familia y que al hablar parece uno la conoce hace años. Con ella compartimos durante los últimos días, lo único que en Phi Phi Island es indiscutible, la belleza del paisaje y la espectacularidad de sus aguas. Sí, y debo decirlo, aunque sus costas estén llenas de botellas de cerveza de la noche anterior y aunque las embarcaciones que transitan alrededor hayan destruido casi la totalidad de su barrera coralina, Phi Phi Island es un paraíso natural prácticamente inigualable. Y si uno hace la excursión hacia Koh Phi Phi Leh, la isla donde se filmó “La playa”, uno se siente un Leonardo Di Caprio aunque mucho más clandestino.
Al final, y como reflejarán las imágenes y vídeos, fueron momentos mágicos de vida, que para disfrutarlos hubo que obligadamente teñir la realidad de cierta inconsciencia y desinterés, e inclusive “hacer la vista gorda” en muchísimos momentos; pero por otro lado, encuentros con personas como Marianita los redimen y de alguna manera también los vuelven inmaculados. Una suerte de filosofía de Yin y Yan, de como dice un gurú amigo, de cierto camino vivo y cierto camino muerto. Gracias por leer y hasta la próxima.
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]]>Allí donde el relumbrón de Berlín, Hamburgo o Munich deja poco espacio, Colonia luce con luz propia. Y resulta, por desconocida, Aún más interesante de descubrir. Además, su vida social y cultural es de las más ricas del país. Como muestra, bien vale un botón: en agosto la ciudad será el escenario de grandes eventos con colmarán sus calles de espectáculos. ¿Te vienes conmigo? Mucho más que una gran catedral Conocida como Dom, la monumental catedral de Colonia bien se merece una visita. Es la tercera más grande de Europa y de los pocos monumentos que respetaron las bombas de la II Guerra Mundial. Pero, puestos a visitarla, no te pierdas la ascensión a los cielos que supone llegar hasta lo más alto de su campanario. Una escalada de 500 peldaños que se ve recompensada con unas increíbles vistas panorámicas de toda la ciudad. Pero no solo de la catedral vive el centro de Colonia. A su alrededor se han abierto centenas de tiendas, restaurantes y espacios de arte. Si quieres pasear por la zona viendo las tiendas más chic, te recomiendo Hohe Strasse y la zona de Roncalliplatz. Para sumergirte en arte no dejes de visitar el Ludwig-im Museum (en la imagen), si te gusta el arte contemporáneo. O el Museo Germano-Romano, si lo tuyo es el arte clásico. Aunque tienes donde elegir entre sus 36 pinacotecas y más de 100 galerías de arte. Y para reponer fuerzas tras una intensa mañana déjate caer en la terraza de Früh, el restaurante de cocina tradicional más famoso de la ciudad. Cinco plantas dedicadas servir a lo más típico de los fogones alemanes. ¿Qué pedir? Salchichas, querido Watson. Ciudad de inventos Pocos saben que esta ciudad esconde dos de los inventos que más han revolucionado nuestro estilo de vida… El primero, el agua de colonia. De ahí el nombre de la ciudad. Fue a comienzos del siglo XVIII cuando se elaboró la primera de estas fragancias. Un aroma que perdura en nuestros días gracias a la firma 4771. El otro gran invento fueron las primeras maletas de mano, realizadas en aluminio. El responsable, un visionario: Richard Morrszeck. Empleó el aluminio de aviación con el que se fabricaban los Junkers de la época para producir las que hoy son ya las célebres maletas Rimowa. Ambas marcas tienen boutique con museo que son muy interesantes y están en las inmediaciones de la catedral. En la imagen, el museo de Rimowa. Se ve rápido y resulta muy curioso descubrir como el mundo del viaje ha evolucionado. Las calles como escenario Si quieres ver como una ciudad se vuelca con sus ciudadanos y turistas con una programación de eventos que dejaría exhausta a la mismísima Paris Hilton, date un salto este agosto a Colonia. Te recomiendo los que me han parecido más interesantes y diversos, aunque hay muchos más. Festival medieval. Un auténtico viaje en [...]
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]]>Allí donde el relumbrón de Berlín, Hamburgo o Munich deja poco espacio, Colonia luce con luz propia. Y resulta, por desconocida, Aún más interesante de descubrir. Además, su vida social y cultural es de las más ricas del país. Como muestra, bien vale un botón: en agosto la ciudad será el escenario de grandes eventos con colmarán sus calles de espectáculos. ¿Te vienes conmigo?
Conocida como Dom, la monumental catedral de Colonia bien se merece una visita. Es la tercera más grande de Europa y de los pocos monumentos que respetaron las bombas de la II Guerra Mundial. Pero, puestos a visitarla, no te pierdas la ascensión a los cielos que supone llegar hasta lo más alto de su campanario. Una escalada de 500 peldaños que se ve recompensada con unas increíbles vistas panorámicas de toda la ciudad.
Pero no solo de la catedral vive el centro de Colonia. A su alrededor se han abierto centenas de tiendas, restaurantes y espacios de arte. Si quieres pasear por la zona viendo las tiendas más chic, te recomiendo Hohe Strasse y la zona de Roncalliplatz. Para sumergirte en arte no dejes de visitar el Ludwig-im Museum (en la imagen), si te gusta el arte contemporáneo. O el Museo Germano-Romano, si lo tuyo es el arte clásico. Aunque tienes donde elegir entre sus 36 pinacotecas y más de 100 galerías de arte. Y para reponer fuerzas tras una intensa mañana déjate caer en la terraza de Früh, el restaurante de cocina tradicional más famoso de la ciudad. Cinco plantas dedicadas servir a lo más típico de los fogones alemanes. ¿Qué pedir? Salchichas, querido Watson.
Pocos saben que esta ciudad esconde dos de los inventos que más han revolucionado nuestro estilo de vida… El primero, el agua de colonia. De ahí el nombre de la ciudad. Fue a comienzos del siglo XVIII cuando se elaboró la primera de estas fragancias. Un aroma que perdura en nuestros días gracias a la firma 4771.
El otro gran invento fueron las primeras maletas de mano, realizadas en aluminio. El responsable, un visionario: Richard Morrszeck. Empleó el aluminio de aviación con el que se fabricaban los Junkers de la época para producir las que hoy son ya las célebres maletas Rimowa.
Ambas marcas tienen boutique con museo que son muy interesantes y están en las inmediaciones de la catedral. En la imagen, el museo de Rimowa. Se ve rápido y resulta muy curioso descubrir como el mundo del viaje ha evolucionado.
Si quieres ver como una ciudad se vuelca con sus ciudadanos y turistas con una programación de eventos que dejaría exhausta a la mismísima Paris Hilton, date un salto este agosto a Colonia. Te recomiendo los que me han parecido más interesantes y diversos, aunque hay muchos más.
Festival medieval. Un auténtico viaje en el tiempo en el que la ciudad se teletransporta al siglo XIII. Su casco histórico, eminentemente gótico es el mejor escenario posible. Del 2 al 4 de Agosto.
Gamescom. La mayor feria de videojuegos de Europa donde se presentan todas las novedades. Si eres un jugón, ya sabes donde tienes que estar del 21 al 25 de agosto
Bierbörse. EL mejor lugar para los amantes de la cerveza. Durante tres días celebrará por todo lo alto su afición a la bebida de cebada. Habrá cerveza procedente de más de setenta países con decenas de especialidades diferentes.

Y para terminar nuestro recorrido por Colonia, no puedo pasar por alto los dos barrios de moda. El primero, ubicado entorno a Brüsselerplatz, muy cool; con cafetines, tiendas de jóvenes diseñadores y espacios de decoración muy interesantes. No dejes de recorrer estas dos calles: Ehren Strasse y Maastrichstrasse (en la imagen). Abundan locales y tiendas alternativos donde encontrar cosas muy especiales.

Y, el otro es Rheinauhafen, en la vereda del río. Volcado sobre el Rhin y levantado sobre lo que en su día fue el puerto. Un lugar consagrado al diseño contemporáneo con edificios de los arquitectos más modernos y restaurantes volcados al río. ¡Dos versiones bien diferentes de la misma ciudad!
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]]>Para pasar unas vacaciones diferentes, nada como visitar ciudades (póngase varias comillas) que no existen (más comillas por doquier) o no han sido reconocidas oficialmente, ya sea por su carácter eventual o porque se mantuvieron en secreto, como el refugio temporal que encontramos en Tent City, en Toronto, Canadá, en el que 300 personas sin hogar vivieron entre 1998 y 2002 en una suerte de enorme ciudad-carpa. Otra ciudad que se crea ex profeso generalmente corresponde a algún festival de conciertos. Sin embargo, en Estados Unidos encontramos otra cosa más extravagante que difícilmente se puede describir en pocas palabras: el festival Burning Man. Cuando se celebra, se crea una especie de comunidad internacional temporal en Black Rock City, Nevada, donde más de 50.000 personas venidas de todos los rincones mantienen su propia infraestructura temporal, sus leyes y hasta sus líderes. La idea Burning Man es crear un espacio comunicatorio “artístico, absurdo de incomodidad, disfrute y sueño” ¿Os imagináis una ciudad de enfermos lejos del mundo? Es lo que ocurrió en la isla de Sorok, en Coreal del Sur, donde más de medio millón de leprosos mantuvieron su propio “dinero leproso” y una economía independiente. En Chiapas, México, existen 38 municipios autónomos y zapatistas que operan fuera de la ley mexicana. Su población es desconocida. Y si queréis estar rodeados de contraculturales y antisistema, entonces nada como Mesa del Desierto, en Estados Unidos, una comunidad fuera de la ley compuesta por hippies, motero y otros transgresores regidos por sus propias reglas. Con un punto un poco más funesto, los campos de refugiados de Buduburam, en Ghana, 42.000 personas viven en lo que ya se han convertido, de facto, en ciudades funcionales. En 1001 Experiencias | El sol de medianoche en Finlandia En 1001 Experiencias | Una vuelta al mundo con Alicia Sornosa
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]]>Para pasar unas vacaciones diferentes, nada como visitar ciudades (póngase varias comillas) que no existen (más comillas por doquier) o no han sido reconocidas oficialmente, ya sea por su carácter eventual o porque se mantuvieron en secreto, como el refugio temporal que encontramos en Tent City, en Toronto, Canadá, en el que 300 personas sin hogar vivieron entre 1998 y 2002 en una suerte de enorme ciudad-carpa.
Otra ciudad que se crea ex profeso generalmente corresponde a algún festival de conciertos. Sin embargo, en Estados Unidos encontramos otra cosa más extravagante que difícilmente se puede describir en pocas palabras: el festival Burning Man. Cuando se celebra, se crea una especie de comunidad internacional temporal en Black Rock City, Nevada, donde más de 50.000 personas venidas de todos los rincones mantienen su propia infraestructura temporal, sus leyes y hasta sus líderes. La idea Burning Man es crear un espacio comunicatorio “artístico, absurdo de incomodidad, disfrute y sueño”
¿Os imagináis una ciudad de enfermos lejos del mundo? Es lo que ocurrió en la isla de Sorok, en Coreal del Sur, donde más de medio millón de leprosos mantuvieron su propio “dinero leproso” y una economía independiente.
En Chiapas, México, existen 38 municipios autónomos y zapatistas que operan fuera de la ley mexicana. Su población es desconocida. Y si queréis estar rodeados de contraculturales y antisistema, entonces nada como Mesa del Desierto, en Estados Unidos, una comunidad fuera de la ley compuesta por hippies, motero y otros transgresores regidos por sus propias reglas.
Con un punto un poco más funesto, los campos de refugiados de Buduburam, en Ghana, 42.000 personas viven en lo que ya se han convertido, de facto, en ciudades funcionales.
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]]>¿Os imagináis viajar en el tiempo a través del oído? Hay dos formas de hacerlo, a la vez que os dedicáis a visitar durante las vacaciones la ciudad en cuestión, ya sea Nueva York o Dresde. Entrar en una cabina para llamar ya está demodé, a no ser que seas Superman (porque si eres Man of steel, tampoco te hará falta). Sin embargo, en Manhattan podrían ponerse de moda de nuevo… y no precisamente para llamar. Como si fuera la Tardis del doctor Who, en cuanto marquéis un número, la cabina empezará a narrar cómo se vivían por allí en 1993, como si la cabina hubiera viajado en el tiempo. Por ejemplo, conoceréis cómo era el East Village, las drogas, los graffitis, la música… Cinco mil cabinas situadas por todo Manhattan han sido modificadas para que los curiosos que tengan ganas de transportarse al pasado lo hagan marcando un número y escuchando historias de personas que vivieron ese año en NYC, concretamente en el barrio donde esté situada cada una de las cabinas. Estas cabinas forman parte de una campaña de marketing encargada por el New Museum neoyorquino. Y la fecha no es casualidad: 1993 corresponde a un año clave en la historia de la ciudad. Deberéis entrar en una de estas cabinas para descubrir la razón, y dejaros así transportar en el tiempo (al menos auditivamente hablando). Es algo similar es lo que montaron en la ciudad alemana de Dresde, donde es suficiente con acodarse en un puente de la ciudad para empezar a oír los bombardeos que ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial. El fenómeno sucede gracias al proyecto denominado Touched Echo, que fue llevado a cabo por el artista alemán Markus Kison. Valiéndose de la conductividad del sonido que poseen los huesos, cualquiera puede transportarse al ataque aéreo del 13 de febrero de 1945 que, junto con Hiroshima y Nagasaki, fue una de las acciones más cruentas y más cuestionadas por los Aliados. En 1001 Experiencias | Las montañas azules de Australia En 1001 Experiencias | El lugar habitado más frío del mundo
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]]>¿Os imagináis viajar en el tiempo a través del oído? Hay dos formas de hacerlo, a la vez que os dedicáis a visitar durante las vacaciones la ciudad en cuestión, ya sea Nueva York o Dresde.
Entrar en una cabina para llamar ya está demodé, a no ser que seas Superman (porque si eres Man of steel, tampoco te hará falta). Sin embargo, en Manhattan podrían ponerse de moda de nuevo… y no precisamente para llamar.
Como si fuera la Tardis del doctor Who, en cuanto marquéis un número, la cabina empezará a narrar cómo se vivían por allí en 1993, como si la cabina hubiera viajado en el tiempo. Por ejemplo, conoceréis cómo era el East Village, las drogas, los graffitis, la música…
Cinco mil cabinas situadas por todo Manhattan han sido modificadas para que los curiosos que tengan ganas de transportarse al pasado lo hagan marcando un número y escuchando historias de personas que vivieron ese año en NYC, concretamente en el barrio donde esté situada cada una de las cabinas.
Estas cabinas forman parte de una campaña de marketing encargada por el New Museum neoyorquino. Y la fecha no es casualidad: 1993 corresponde a un año clave en la historia de la ciudad. Deberéis entrar en una de estas cabinas para descubrir la razón, y dejaros así transportar en el tiempo (al menos auditivamente hablando).
Es algo similar es lo que montaron en la ciudad alemana de Dresde, donde es suficiente con acodarse en un puente de la ciudad para empezar a oír los bombardeos que ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial.
El fenómeno sucede gracias al proyecto denominado Touched Echo, que fue llevado a cabo por el artista alemán Markus Kison. Valiéndose de la conductividad del sonido que poseen los huesos, cualquiera puede transportarse al ataque aéreo del 13 de febrero de 1945 que, junto con Hiroshima y Nagasaki, fue una de las acciones más cruentas y más cuestionadas por los Aliados.
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]]>Dicen que los momentos de crisis son también momentos de oportunidades. El mejor ejemplo es Triball, un nuevo barrio emergente en pleno corazón de Madrid. En concreto, entre las calles Fuencarral, Gran Vía y la Corredera Baja de San Pablo. Esta zona que, hasta hace no mucho tiempo era pura decadencia, se está convirtiendo en el nuevo SOHO de la capital. ¿Te vienes de paseo conmigo? De zona marginal a barrio de vanguardia Hace unos años la modelo Almudena Fernández y su entonces pareja, el también modelo Cameron, junto con un grupo de socios-amigos vieron el gran potencial de este barrio que pasó de ser uno de los enclaves con más alma del centro de Madrid a convertirse en una zona conflictiva. Después de cinco años, Triball es hoy una realidad, aunque la crisis haya ralentizado su ambicioso plan de rehabilitación. Aún así, se aplican políticas de sostenibilidad y recuperación de antiguos negocios que son todo un referente.Te invito a conocer mis lugares favoritos. García Madrid. Moda para chicos creada por uno de los jóvenes talentos de la nueva sastrería madrileña, Manuel García. Si puedes, encarga camisa y chaqueta en su taller. Nunca una prenda te habrá quedado mejor. Calle Corredera Baja de San Pablo, 26. La antigua. Moda para chicas y mucho más: también obra gráfica, objetos de decoración papelería… Pero todo con el inconfundible sello del colectivo de disñadoras que hay tras la marca. Una apuesta por el nuevo grafismo. Calle Corredera Baja de San Pablo, 45. Corta cabeza. Una de las peluquerías más deseadas de la ciudad. Aquí te dejarán guapo con los cortes más actuales. No te extrañe si en el sillón de al lado algún célebre actor o modelo se está haciendo un cambio de look. Calle Corredera Baja de San Pablo, 47 La eriza. Un lugar de cuento donde el tiempo parece haberse detenido en el que realizan encuadernación tradicional a mano. Sólo el espacio merece, por si solo, una visita. Sus álbumes de fotos y proyectos de encuadernación son una obra de arte. Calle Colón, 15. Kike Keller. ¿Una tienda de decoración, una galería, un bar? Sí, todo eso y más. Aquí encontrarás las exclusivas piezas de Kike Keller, obra de jóvenes artistas y podrás tomar una copa tras salir de trabajar, rodeado de arte. Calle Corredera Baja de San Pablo, 17. Kitchen Club. En este peculiar espacio puedes encontrar una escuela de cocina, un restaurante y una tienda gourmet. El chef Carlos Pascal puede enseñarte a hacer sushi, prepararte una cena solo para tu grupo de amigos o incluso asesorarte en la compra de productos para hacer una cena especial en casa. Calle Ballesta, 8 Gymage. El gimnasio de moda: diseño sofisticado y precio asequible en los antiguos Cines Luna. Un espacio consagrado al bien estar bañado por luz natural y con unas vistas increíbles. Además, tienen un proyecto que en breve [...]
Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">Triball, el soho madrileño
]]>Dicen que los momentos de crisis son también momentos de oportunidades. El mejor ejemplo es Triball, un nuevo barrio emergente en pleno corazón de Madrid. En concreto, entre las calles Fuencarral, Gran Vía y la Corredera Baja de San Pablo. Esta zona que, hasta hace no mucho tiempo era pura decadencia, se está convirtiendo en el nuevo SOHO de la capital. ¿Te vienes de paseo conmigo?
Hace unos años la modelo Almudena Fernández y su entonces pareja, el también modelo Cameron, junto con un grupo de socios-amigos vieron el gran potencial de este barrio que pasó de ser uno de los enclaves con más alma del centro de Madrid a convertirse en una zona conflictiva. Después de cinco años, Triball es hoy una realidad, aunque la crisis haya ralentizado su ambicioso plan de rehabilitación. Aún así, se aplican políticas de sostenibilidad y recuperación de antiguos negocios que son todo un referente.Te invito a conocer mis lugares favoritos.
García Madrid. Moda para chicos creada por uno de los jóvenes talentos de la nueva sastrería madrileña, Manuel García. Si puedes, encarga camisa y chaqueta en su taller. Nunca una prenda te habrá quedado mejor. Calle Corredera Baja de San Pablo, 26.
La antigua. Moda para chicas y mucho más: también obra gráfica, objetos de decoración papelería… Pero todo con el inconfundible sello del colectivo de disñadoras que hay tras la marca. Una apuesta por el nuevo grafismo. Calle Corredera Baja de San Pablo, 45.
Corta cabeza. Una de las peluquerías más deseadas de la ciudad. Aquí te dejarán guapo con los cortes más actuales. No te extrañe si en el sillón de al lado algún célebre actor o modelo se está haciendo un cambio de look. Calle Corredera Baja de San Pablo, 47
La eriza. Un lugar de cuento donde el tiempo parece haberse detenido en el que realizan encuadernación tradicional a mano. Sólo el espacio merece, por si solo, una visita. Sus álbumes de fotos y proyectos de encuadernación son una obra de arte. Calle Colón, 15.

Kike Keller. ¿Una tienda de decoración, una galería, un bar? Sí, todo eso y más. Aquí encontrarás las exclusivas piezas de Kike Keller, obra de jóvenes artistas y podrás tomar una copa tras salir de trabajar, rodeado de arte. Calle Corredera Baja de San Pablo, 17.
Kitchen Club. En este peculiar espacio puedes encontrar una escuela de cocina, un restaurante y una tienda gourmet. El chef Carlos Pascal puede enseñarte a hacer sushi, prepararte una cena solo para tu grupo de amigos o incluso asesorarte en la compra de productos para hacer una cena especial en casa. Calle Ballesta, 8
Gymage. El gimnasio de moda: diseño sofisticado y precio asequible en los antiguos Cines Luna. Un espacio consagrado al bien estar bañado por luz natural y con unas vistas increíbles. Además, tienen un proyecto que en breve revolucionará el ocio en la ciudad. Calle Corredera Baja de San Pablo, 2.
Y tras este recorrido por Triball mi propuesta es que descargues el mapa que te dejo aquí y disfrutes de esta nueva zona a mitad de camino entre el SoHo londinense y el Nolita neoyorkino.
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]]>Fundada hacia 1100 a.C. por colonos fenicios de Tiro bajo el nombre de Gadir, que significa “recinto cerrado”, Cádiz se considera la ciudad actualmente habitada más antigua de España. Se trata de uno de los asentamientos fenicios más antiguos de occidente. Después de la ocupación de los cartagineses y los romanos, que la rebautizaron como Gades, cayó en manos de los árabes en el siglo VIII, hasta su reconquista por Alfonso X el Sabio en 1262. Fue el acceso al Atlántico más empleado desde el siglo XVIII. Con 123.948 habitantes es la ciudad más poblada de la Bahía de Cádiz y la segunda más poblada de la provincia homónima por detrás de Jerez de la Frontera. Y además es uno de los mejores lugares para ponerse hasta arriba de pescaíto frito o cazón en adobo. El carnaval de Cádiz es uno de los más importantes de España. Y ha sido plató de rodaje de películas como Muerte otro día, de la saga de James Bond, Alatriste, o Noche y Día, aquel pestiño protagonizado por Tom Cruise donde mezclaban impunenteme diversos iconos culturales españoles. Cádiz, además, está construida en una isla que se une al continente por un istmo muy fino (en realidad un canal repleto de sedimentos). Y preparaos para el calor: en 2007, fue, junto a Granada, la cuarta ciudad más soleada de España, con 3.016 horas de sol. Sin embargo, si lo que queréis visitar es la ciudad más antigua del mundo, entonces deberéis viajar hasta Damasco, la capital de Siria, que se remonta a casi 12.000 años. Actualmente alberga cuatro millones de habitantes, y desde 1979, La Ciudad Antigua ha sido declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Ocupa una superficie de 135 hectáreas y estaba rodeada por una muralla romana, y toda la zona está repleta de mezquitas de diversas épocas (en todo Damasco hay casi 700). En 1001 Experiencias | Las montañas azules de Australia En 1001 Experiencias | El lugar habitado más frío del mundo
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]]>Fundada hacia 1100 a.C. por colonos fenicios de Tiro bajo el nombre de Gadir, que significa “recinto cerrado”, Cádiz se considera la ciudad actualmente habitada más antigua de España.
Se trata de uno de los asentamientos fenicios más antiguos de occidente. Después de la ocupación de los cartagineses y los romanos, que la rebautizaron como Gades, cayó en manos de los árabes en el siglo VIII, hasta su reconquista por Alfonso X el Sabio en 1262. Fue el acceso al Atlántico más empleado desde el siglo XVIII.
Con 123.948 habitantes es la ciudad más poblada de la Bahía de Cádiz y la segunda más poblada de la provincia homónima por detrás de Jerez de la Frontera. Y además es uno de los mejores lugares para ponerse hasta arriba de pescaíto frito o cazón en adobo. El carnaval de Cádiz es uno de los más importantes de España. Y ha sido plató de rodaje de películas como Muerte otro día, de la saga de James Bond, Alatriste, o Noche y Día, aquel pestiño protagonizado por Tom Cruise donde mezclaban impunenteme diversos iconos culturales españoles.
Cádiz, además, está construida en una isla que se une al continente por un istmo muy fino (en realidad un canal repleto de sedimentos). Y preparaos para el calor: en 2007, fue, junto a Granada, la cuarta ciudad más soleada de España, con 3.016 horas de sol.
Sin embargo, si lo que queréis visitar es la ciudad más antigua del mundo, entonces deberéis viajar hasta Damasco, la capital de Siria, que se remonta a casi 12.000 años. Actualmente alberga cuatro millones de habitantes, y desde 1979, La Ciudad Antigua ha sido declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Ocupa una superficie de 135 hectáreas y estaba rodeada por una muralla romana, y toda la zona está repleta de mezquitas de diversas épocas (en todo Damasco hay casi 700).
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]]>Mucho ha cambiado la Pequeña Habana en los últimos diez años. Lejos quedó aquella peligrosa ciudad, co-protagonista de la célebre serie de Sonny Crockett. Una década de desintoxicación, un cambio estético digno del Dr. Monereo y nuevos amores en el mundo del diseño y el arte han mejorado hasta su reputación. ¿El mejor ejemplo? Su Design District. De Versace a Craig Robins A lo largo de su historia, Miami ha mudado muchas veces de piel. Tantas como las caras bonitas que se han dejado seducir por su clima y su costa esmeralda. Pero, el nuevo resurgir de la ciudad está irremediablemente vinculado a dos apellidos ilustres: Versace y Robins. Allá por los 90 el diseñador italiano redescubrió el distrito Art Decó. Una joya arquitectónica frente al mar, en South Beach. Tras instalar allí su residencia de verano con él llegaron las supermodelos, las estrellas de la música y el cine… De todo aquello queda una estela de glamour a prueba de huracanes. Pero hoy, 20 años después, la ciudad tiene un nuevo mecenas: Craig Robins, un infalible hombre de negocios, experto en tendencias y creador del concepto Design District. La creatividad como bien social Hace más de una década Robins se planteó un reto… ¿Qué pasaría si inyectáramos una buena dosis de creatividad y cultura y en una zona conflictiva? El resultado de aquella arriesgada idea es hoy una deslumbrante realidad que ha cobrado la forma del llamado Design District: un barrio consagrado al arte, la decoración, la moda y la gastronomía. Hoy puedes pasar todo un día entre la N.E. 2nd Avenue y la calle N.E. 42nd St., descubriendo como donde había droga y delincuencia hoy se fusionan diversas disciplinas artísticas. Arte, moda y decoración en cada esquina ¿Cómo recorrer la zona? Simplemente déjate llevar por las calles del barrio. Te sorprenderán esculturas callejeras, grafitis y escaparates salidos de un sueño daliniano. Mis galerías favoritas en la zona son Etra Fine Art (50, NE 40 St), Markowicz Fine Art (114, NE 40th Street), en la imagen) o 101 Exhibit (101, NE 40th St). Lo más curioso es lo agradables que son los galeristas. Te atienden sin prejuicios y están encantados de mostrarte sus colecciones y el material de sus nuevos artistas. Los amantes de la decoración también encuentran aquí su particular oasis, con tiendas como Abitare (21, NE 39th St), el espectacular showroom de Vitra (4141 NE 2nd Avenue) o las concept store de Madinitaly (4, NE 39th St.), en la imagen, y el flagship store de Armani Casa (10 NE 39th St.). Mi recomendación es que entres en alguna de ellas solo por el gusto de ver los muebles tan originales y las soluciones de interiorismo que desarollan. Son realmente inspiradores. También hay lugar para la moda, lejos de los mastodónticos malls de las afueras. Margiella, Louboutin o Marni fueron de los primeros en abrir. Cartier, Louis Vuitton [...]
Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">Miami Design District: un barrio de diseño
]]>Mucho ha cambiado la Pequeña Habana en los últimos diez años. Lejos quedó aquella peligrosa ciudad, co-protagonista de la célebre serie de Sonny Crockett. Una década de desintoxicación, un cambio estético digno del Dr. Monereo y nuevos amores en el mundo del diseño y el arte han mejorado hasta su reputación. ¿El mejor ejemplo? Su Design District.
A lo largo de su historia, Miami ha mudado muchas veces de piel. Tantas como las caras bonitas que se han dejado seducir por su clima y su costa esmeralda. Pero, el nuevo resurgir de la ciudad está irremediablemente vinculado a dos apellidos ilustres: Versace y Robins. Allá por los 90 el diseñador italiano redescubrió el distrito Art Decó. Una joya arquitectónica frente al mar, en South Beach. Tras instalar allí su residencia de verano con él llegaron las supermodelos, las estrellas de la música y el cine… De todo aquello queda una estela de glamour a prueba de huracanes. Pero hoy, 20 años después, la ciudad tiene un nuevo mecenas: Craig Robins, un infalible hombre de negocios, experto en tendencias y creador del concepto Design District.
Hace más de una década Robins se planteó un reto… ¿Qué pasaría si inyectáramos una buena dosis de creatividad y cultura y en una zona conflictiva? El resultado de aquella arriesgada idea es hoy una deslumbrante realidad que ha cobrado la forma del llamado Design District: un barrio consagrado al arte, la decoración, la moda y la gastronomía. Hoy puedes pasar todo un día entre la N.E. 2nd Avenue y la calle N.E. 42nd St., descubriendo como donde había droga y delincuencia hoy se fusionan diversas disciplinas artísticas.
¿Cómo recorrer la zona? Simplemente déjate llevar por las calles del barrio. Te sorprenderán esculturas callejeras, grafitis y escaparates salidos de un sueño daliniano. Mis galerías favoritas en la zona son Etra Fine Art (50, NE 40 St), Markowicz Fine Art (114, NE 40th Street), en la imagen) o 101 Exhibit (101, NE 40th St). Lo más curioso es lo agradables que son los galeristas. Te atienden sin prejuicios y están encantados de mostrarte sus colecciones y el material de sus nuevos artistas.
Los amantes de la decoración también encuentran aquí su particular oasis, con tiendas como Abitare (21, NE 39th St), el espectacular showroom de Vitra (4141 NE 2nd Avenue) o las concept store de Madinitaly (4, NE 39th St.), en la imagen, y el flagship store de Armani Casa (10 NE 39th St.). Mi recomendación es que entres en alguna de ellas solo por el gusto de ver los muebles tan originales y las soluciones de interiorismo que desarollan. Son realmente inspiradores.
También hay lugar para la moda, lejos de los mastodónticos malls de las afueras. Margiella, Louboutin o Marni fueron de los primeros en abrir. Cartier, Louis Vuitton (en la imagen) y Dior Homme son los recién llegados. El efecto llamada que han supuesto estas aperturas se deja notar. Se está produciendo un auténtico fenómeno de éxodo de grandes firmas que históricamente estaban en otras zonas y que ahora quieren abrir en el barrio. Sólo cabe esperar que el barrio mantenga su identidad y frescura.
Para reponer fuerzas merece la pena visitar los restaurantes de moda en el barrio. Si quieres tomar algo a media mañana, pásate por Buena Vista Deli (4590, NE 2nd Ave.). Tienen los mejores pasteles de la zona.
Para disfrutar de un buen brunch, no te pierdas el sitio donde van los locales: Michael´s Genuine, el bistro del famoso chef Michael Schwartz (130, NE 40th St).
Y si quieres un cocktail tras el cierre de las tiendas, no dejes de ir a The Stage (170 NE 38th St.)con sus actuaciones en directo y estupendos cocktails.
Tal ha sido el cambio que ha dado la ciudad que, por méritos propios, se ha convertido en la sede transatlántica de la más importante feria de arte del mundo, Art Basel. Esta feria que se realizada desde hace décadas en Basilea, eligió Miami para deslocalizar su sede y romper fronteras. Ahora, cada mes de Diciembre se celebra Miami Art Basel, donde más de 250 galerías presentan las obras de unos 2000 artistas. Durante esos días el arte toma las calles con los proyectos Art Public, con intervenciones sobre en el espacio público, y Art Video Nights, que permite disfrutar al caer el sol de las creaciones de los videoartistas más reconocidos.
Hotel Mondrian. Un viaje para descubrir la nueva meca del diseño no está completo sin alojarse en un lugar que refleje ese estilo de vida. Y no hay otro como éste, el Mondrian: un hotel que salió de las manos de Philippe Starck y que hoy sigue siendo todo un referente.
FDR. El club más deseado está bajo el nivel del mar. Ni más ni menos que bajo los cimientos del celebérrimo hotel Delano. Su lista de espera es la más larga de la ciudad. Los VIP celebran aquí sus fiestas más sonadas y los DJ´s más aclamados pinchan regularmente.
Setai Hotel Spa. Considerado por muchos como el mejor Spa de la ciudad, puestos a elegir un lugar donde hacerte un tratamiento, ésta sería mi recomendación. Reserva el Pampering Ritual que incluye desde masaje corporal balinés y hasta un facial de una hora. Saldrás como nuevo.
Coral Gables. A poco mas de 20 minutos de Miami descubrirás esta ciudad llena de mansiones, jardines y lagos que fue diseñada para convertirse en la ciudad jardín de los pudientes comerciantes sureños. Su célebre hotel Baltimore ha alojado a la realeza europea, las rutilantes estrellas del cine y hasta al mismísimo Al Capone.
Aventura Mall. Estando en suelo americano no puedo dejar de recomendarte un mall. Éste, en concreto, a las afueras de Miami bien se merece una visita. Se consagró como el favorito de Michael Jackson y cuenta con cientos de tiendas y varios grandes almacenes en su interior como Nordstrom, Bloomingdale’s o Macy’s.
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]]>Después del affaire Bárcenas, uno no puede evitar formularse algunas preguntas. Cómo alguien puede tener un jeto de cemento armado como ése. O cómo es posible que hayan tantos paraísos fiscales para evitar pagar impuestos. Ya sea por curiosidad turística, o porque algún día pensáis eludir al fisco, vamos a intentar dilucidar dónde se encuentra el paraíso fiscal más grande del mundo. ¿Quién decide qué es un territorio fiscal bueno o malo? Delaware, Nevada, Wyoming, Luxemburgo, Malta, Chipre, Andorra, Jersey, Irlanda, Lichtenstein, Suiza o incluso Navarra… Todos tienen distintos e importantes beneficios fiscales. Bárcenas, por ejemplo, escogió Suiza. Porque, si bien los suizos son restrictivos en su política inmigratoria, se muestran generosos con la entrada de capital extranjero, que se almacena con un celo y una reserva que la mayoría de bancos del mundo no proporciona (los banqueros tienen prohibido facilitar la identidad de un cliente o el estado de su cuenta). Pero difícilmente se puede competir con las islas Caimán. Cada año, alrededor 100.000 millones de euros circulan por las islas Caimán, un archipiélago del Caribe donde la mayoría de los grandes bancos internacionales y cientos de compañías de seguros evitan que sus recursos sean gravados. Y todo porque en 1778, los pobladores de esta colonia británica salvaron de morir ahogados a los tripulantes de 10 barcos de su Majestad. Como agradecimiento, el rey Jorge III otorgó a sus habitantes la exención del pago de impuestos de por vida. De las casi 40.000 compañías que se encuentran registradas en la isla 600 son bancos. Pero las Caimán también merecen una visita por otros motivos. Por ejemplo, el Castillo St. James en BoddenTown, o el paisaje Ironshore del Infierno, un Parque Marino de 9,3 hectáreas en la playa del contramaestre En 1001 Experiencias | Las montañas azules de Australia En 1001 Experiencias | El lugar habitado más frío del mundo
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]]>Después del affaire Bárcenas, uno no puede evitar formularse algunas preguntas. Cómo alguien puede tener un jeto de cemento armado como ése. O cómo es posible que hayan tantos paraísos fiscales para evitar pagar impuestos.
Ya sea por curiosidad turística, o porque algún día pensáis eludir al fisco, vamos a intentar dilucidar dónde se encuentra el paraíso fiscal más grande del mundo. ¿Quién decide qué es un territorio fiscal bueno o malo? Delaware, Nevada, Wyoming, Luxemburgo, Malta, Chipre, Andorra, Jersey, Irlanda, Lichtenstein, Suiza o incluso Navarra… Todos tienen distintos e importantes beneficios fiscales.
Bárcenas, por ejemplo, escogió Suiza. Porque, si bien los suizos son restrictivos en su política inmigratoria, se muestran generosos con la entrada de capital extranjero, que se almacena con un celo y una reserva que la mayoría de bancos del mundo no proporciona (los banqueros tienen prohibido facilitar la identidad de un cliente o el estado de su cuenta).
Pero difícilmente se puede competir con las islas Caimán. Cada año, alrededor 100.000 millones de euros circulan por las islas Caimán, un archipiélago del Caribe donde la mayoría de los grandes bancos internacionales y cientos de compañías de seguros evitan que sus recursos sean gravados. Y todo porque en 1778, los pobladores de esta colonia británica salvaron de morir ahogados a los tripulantes de 10 barcos de su Majestad. Como agradecimiento, el rey Jorge III otorgó a sus habitantes la exención del pago de impuestos de por vida.
De las casi 40.000 compañías que se encuentran registradas en la isla 600 son bancos. Pero las Caimán también merecen una visita por otros motivos. Por ejemplo, el Castillo St. James en BoddenTown, o el paisaje Ironshore del Infierno, un Parque Marino de 9,3 hectáreas en la playa del contramaestre
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]]>¿En España hay túneles temporales? Que haya paz: antes de que empecéis a fantasear con el Delorean y con un Marty McFly celtíbero, cabe advertir de que no nos estamos refiriendo a túneles temporales en el sentido cronológico del término, sino en el sentido climatológico. Es decir, túneles en los que entramos, por ejemplo, lloviendo, y que al emerger por el otro lado hace un sol espléndido, o viceversa. Los túneles del tiempo acostumbran a localizarse en zonas de montaña, dado que las barreras orográficas retienen las nubes en el lado de barlovento (de donde viene el viento), donde a menudo se registran lluvias, mientras que en el lado contrario, el de sotavento, la nubosidad se disgrega, despejándose el cielo. El túnel del tiempo más espectacular que un servidor ha cruzado en el ámbito español fue en un viaje a Mieres. Realmente fue algo tan brusco, y en cuestión de pocos minutos, que me dio la impresión de que habíamos viajado en el tiempo (esta vez cronológico, Doc). Pero si queréis atravesar los dos túneles de tiempo más espectaculares de España, entonces deberéis viajar a los siguientes puntos. El primero es el túnel de El Negrón, situado en la autovía A-66 que une León con Oviedo. Sólo tiene 4 km de longitud, pero es frecuente entrar con el sol por el lado leonés y salir con el cielo gris por el lado de Asturias. El otro túnel está en la isla de la Palma, en la LP-2, que une Santa Cruz de La Palma con Los Llanos de Aridane. En 1001 Experiencias | Las montañas azules de Australia En 1001 Experiencias | El lugar habitado más frío del mundo
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¿En España hay túneles temporales? Que haya paz: antes de que empecéis a fantasear con el Delorean y con un Marty McFly celtíbero, cabe advertir de que no nos estamos refiriendo a túneles temporales en el sentido cronológico del término, sino en el sentido climatológico.
Es decir, túneles en los que entramos, por ejemplo, lloviendo, y que al emerger por el otro lado hace un sol espléndido, o viceversa.
Los túneles del tiempo acostumbran a localizarse en zonas de montaña, dado que las barreras orográficas retienen las nubes en el lado de barlovento (de donde viene el viento), donde a menudo se registran lluvias, mientras que en el lado contrario, el de sotavento, la nubosidad se disgrega, despejándose el cielo.
El túnel del tiempo más espectacular que un servidor ha cruzado en el ámbito español fue en un viaje a Mieres. Realmente fue algo tan brusco, y en cuestión de pocos minutos, que me dio la impresión de que habíamos viajado en el tiempo (esta vez cronológico, Doc).
Pero si queréis atravesar los dos túneles de tiempo más espectaculares de España, entonces deberéis viajar a los siguientes puntos. El primero es el túnel de El Negrón, situado en la autovía A-66 que une León con Oviedo. Sólo tiene 4 km de longitud, pero es frecuente entrar con el sol por el lado leonés y salir con el cielo gris por el lado de Asturias. El otro túnel está en la isla de la Palma, en la LP-2, que une Santa Cruz de La Palma con Los Llanos de Aridane.
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]]>A pesar de que el frío resulta muy desapacible para el ser humano, en su afán por conquistar hasta el último rincón del planeta y asentarse en él, algunas personas decidieron ponerse a vivir en Oymyakon, un pequeño poblado en el noroeste de la República de Sakha, en el este de Siberia, Rusia, y allí siguen. Sin importarles que Oymyakon se considera el lugar poblado más frío del mundo. Y es que, a pesar de que oficialmente se han alcanzado temperaturas de -68 ºC, como la registrada en 1933, aquí residen 4.000 personas. No puede confirmarse, pero el 26 de enero de 1926 hay indicios que apuntan a que hubo -71,2 ºC. Pero ¿qué importa tres grados más o menos cuando estamos hablando de semejante frío? Seguro que nadie notaría nada… si es que se puede notar algo cuando te cuelgan carámbanos de las cejas. Para que os hagáis una idea: allí la leche se comercializa en bloques helados de color mármol. La comida no se almacena en neveras, sino en el vestíbulo de casa, que tiene calefacción. Si en este pueblo situado en una meseta a 750 metros sobre el nivel del mar donde el invierno dura 9 meses probáis de lanzar un vaso de agua al aire, ésta agua líquida caería contra el suelo en forma de hielo quebradizo. La temperatura más baja registrada en un lugar no habitado en la Tierra hay que buscarla en Plateau Station, en la Antártida, donde hay -89 ºC de media. En 1001 Experiencias | La Isla de la Inteligencia, donde se reúnen las mentes más brillantes del mundo En 1001 Experiencias | Diarios de una motocicleta, de Alaska a Argentina en 500 días
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Sin importarles que Oymyakon se considera el lugar poblado más frío del mundo.
Y es que, a pesar de que oficialmente se han alcanzado temperaturas de -68 ºC, como la registrada en 1933, aquí residen 4.000 personas. No puede confirmarse, pero el 26 de enero de 1926 hay indicios que apuntan a que hubo -71,2 ºC. Pero ¿qué importa tres grados más o menos cuando estamos hablando de semejante frío? Seguro que nadie notaría nada… si es que se puede notar algo cuando te cuelgan carámbanos de las cejas.
Para que os hagáis una idea: allí la leche se comercializa en bloques helados de color mármol. La comida no se almacena en neveras, sino en el vestíbulo de casa, que tiene calefacción. Si en este pueblo situado en una meseta a 750 metros sobre el nivel del mar donde el invierno dura 9 meses probáis de lanzar un vaso de agua al aire, ésta agua líquida caería contra el suelo en forma de hielo quebradizo.
La temperatura más baja registrada en un lugar no habitado en la Tierra hay que buscarla en Plateau Station, en la Antártida, donde hay -89 ºC de media.
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