Hace poco se estrenó en nuestras salas ‘Expediente Warren. The Conjuring’ (‘The Conjuring’, James Wan, 2013), la cual se está convirtiendo en un éxito de taquilla tal vez no demasiado esperado. La razón podría estar en lo que tanto nos gusta pasar miedo en el cine, miedo de verdad, no que nos peguen un par de sustos mientras nos dejan sordos subiendo el volumen de la banda sonora. El film dirigido por Wan es lo suficientemente inteligente para no someterse a dicho truco, al menos desde una perspectiva moderna. El milagro —por así llamarlo, dado lo mucho que hace que no nos asustan de verdad en una sala de cine— está en saber controlar los golpes de efecto y crear una atmósfera malsana que se mete en el cuerpo, alargando así el efecto de los momentos de impacto más allá del instante en sí. El miedo es algo tan subjetivo que lo que a una persona aterroriza a lo mejor a otra le deja indiferente o le produce risa. Algo que nos haya impactado siendo pequeños puede hacer estallar un resorte que asocie aquel momento con la actualidad y hacernos sentir miedo. En el cine la tan difícil tarea de atemorizar al espectador —tan difícil como hacerlos reír o llorar— ha reunido a lo largo y ancho de su historia un par de denominadores comunes. Por ejemplo, la soledad y la oscuridad, elementos que unen a muchos espectadores en sus particulares miedos. Así pues todo lo que la película de Wan ofrece al respecto puede encontrarse en otros contextos que le han podido, o no, servir de inspiración, ‘Poltergeist’ (id, Tobe Hooper, 1982) a parte. El miedo puede retratarse apoyándose en tres pilares fundamentales que el espectador elegirá, o sufrirá, dependiendo de sus experiencias. El miedo puede venir de una imagen sin más, algo concreto que despierte nuestros más profundos temores —Ejemplo: ‘Vampyr’ (id, Carl Theodor Dreyer, 1932), la narración en imágenes por excelencia, como debe ser—; el cuento de terror que tiene que ver con la muerte —tema universal y a lo que todos tenemos miedo— y al que no le falta la explicación con coherencia —Ejemplo: ‘La leyenda de la casa del infierno’ (‘The Legend of Hell House’, John Hough, 1973), en la que la impecable pluma de Richard Matheson no deja cabos sueltos—; y por último la ambigüedad, y en algunos casos ambivalencia, surgida a raíz de una atmósfera opresora —Ejemplo: ‘Suspense’ (‘The Innocents’, 1961), para el que esto firma el miedo filmado—. En 1001 Experiencias | Lo que no se sabe En 1001 Experiencias | Zombis en los videojuegos: desde 1984 hasta hoy
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]]>Hace poco se estrenó en nuestras salas ‘Expediente Warren. The Conjuring’ (‘The Conjuring’, James Wan, 2013), la cual se está convirtiendo en un éxito de taquilla tal vez no demasiado esperado. La razón podría estar en lo que tanto nos gusta pasar miedo en el cine, miedo de verdad, no que nos peguen un par de sustos mientras nos dejan sordos subiendo el volumen de la banda sonora. El film dirigido por Wan es lo suficientemente inteligente para no someterse a dicho truco, al menos desde una perspectiva moderna. El milagro —por así llamarlo, dado lo mucho que hace que no nos asustan de verdad en una sala de cine— está en saber controlar los golpes de efecto y crear una atmósfera malsana que se mete en el cuerpo, alargando así el efecto de los momentos de impacto más allá del instante en sí.
El miedo es algo tan subjetivo que lo que a una persona aterroriza a lo mejor a otra le deja indiferente o le produce risa. Algo que nos haya impactado siendo pequeños puede hacer estallar un resorte que asocie aquel momento con la actualidad y hacernos sentir miedo. En el cine la tan difícil tarea de atemorizar al espectador —tan difícil como hacerlos reír o llorar— ha reunido a lo largo y ancho de su historia un par de denominadores comunes. Por ejemplo, la soledad y la oscuridad, elementos que unen a muchos espectadores en sus particulares miedos. Así pues todo lo que la película de Wan ofrece al respecto puede encontrarse en otros contextos que le han podido, o no, servir de inspiración, ‘Poltergeist’ (id, Tobe Hooper, 1982) a parte.
El miedo puede retratarse apoyándose en tres pilares fundamentales que el espectador elegirá, o sufrirá, dependiendo de sus experiencias. El miedo puede venir de una imagen sin más, algo concreto que despierte nuestros más profundos temores —Ejemplo: ‘Vampyr’ (id, Carl Theodor Dreyer, 1932), la narración en imágenes por excelencia, como debe ser—; el cuento de terror que tiene que ver con la muerte —tema universal y a lo que todos tenemos miedo— y al que no le falta la explicación con coherencia —Ejemplo: ‘La leyenda de la casa del infierno’ (‘The Legend of Hell House’, John Hough, 1973), en la que la impecable pluma de Richard Matheson no deja cabos sueltos—; y por último la ambigüedad, y en algunos casos ambivalencia, surgida a raíz de una atmósfera opresora —Ejemplo: ‘Suspense’ (‘The Innocents’, 1961), para el que esto firma el miedo filmado—.
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]]>El pasado viernes día 9 se estrenaba por fin en nuestras pantallas, con bastante retraso con respecto a la cartelera norteamericana, ‘Pacific Rim’ la última espléndida locura salida de ese particular genio del séptimo arte que es Guillermo del Toro y una película con la que pasárselo bomba en el cine viendo a gigantescos robots más altos que la Estatua de la Libertad darse mamporrazos con monstruos que harían huir de miedo a cualquiera de las muchas versiones de Godzilla que hemos podido ver hasta ahora —sobre todo las entrañables primeras versiones niponas—. Y es por este motivo que dedico hoy mi espacio en esta bitácora a dar un repaso rápido por aquellas criaturas mecánicas que han estimulado la imaginación de los cinéfilos…desde que el cine es cine. Y es que aunque muchos pensarán que el primer robot que pudimos ver en una gran pantalla —bueno, que pudieron ver nuestros bisabuelos o tatarabuelos— fue la falsa María que creaba aquél científico loco imaginado por Fritz Lang en ‘Metrópolis’ (id, 1927), remontándonos un poco más en el tiempo, a finales del s.XIX, ya encontramos la atracción que el ser humano ha sentido siempre por crear inteligencias artificiales que nos suplan y descarguen de nuestras pesadas tareas diarias. Tras Lang, el cine de ciencia-ficción coqueteará constantemente con seres mecánicos, siendo particularmente recordados dos de los muchos que el género en su definición de serie B nos trajo en esa prolífica década de los años 50, en la que, junto a extraterrestres con aviesas intenciones que querían invadir nuestro planeta, conocimos al acompañante de Klaatu, ese ominoso robot llamado Gort que daba un ‘Ultimátum a la Tierra’ (‘The Day the Earth Stood Still’, Robert Wise, 1951) o al Robbie que, muy educadamente, servía los oscuros intereses del Dr.Morbius en esa versión de ‘La tempestad’ shakesperiana que fue la imprescindible ‘Planeta prohibido’ (‘Forbidden Planet’, Fred M.Wilcox, 1956). Aun a riesgo de dejarme por medio alguna que otra incursión relevante —como la de los Daleks del ‘Dr.Who’ o el Astro Boy de Osamu Tezuka— si hubo una IA en los años sesenta que sirvió para alertar sobre los peligros de la tecnología, al tiempo que para otras muchas disertaciones mucho más filosófico-existencialistas, esa fue la HAL9000 de la magistral ’2001. Una odisea en el espacio’ (’2001, a Space Odissey’, 1968) con la que Stanley Kubrick dejó anonadados a nuestros padres y abuelos, demostrando que un inmutable ojo rojo podía llegar a ser tan terrorífico como la pesadilla más horrenda si, entre otras cosas, canturreaba ‘Daisy, Daisy’. Marcada a fuego por el determinante carácter de HAL, la presencia de la robótica en la década de los setenta comenzó a analizar las repercusiones del desarrollo de una ciencia que ya comenzaba a dar sus frutos de cara a la inserción de las “máquinas” en los lugares de trabajo. Reflejo fiel de lo que la sociedad iba avanzando [...]
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]]>El pasado viernes día 9 se estrenaba por fin en nuestras pantallas, con bastante retraso con respecto a la cartelera norteamericana, ‘Pacific Rim’ la última espléndida locura salida de ese particular genio del séptimo arte que es Guillermo del Toro y una película con la que pasárselo bomba en el cine viendo a gigantescos robots más altos que la Estatua de la Libertad darse mamporrazos con monstruos que harían huir de miedo a cualquiera de las muchas versiones de Godzilla que hemos podido ver hasta ahora —sobre todo las entrañables primeras versiones niponas—. Y es por este motivo que dedico hoy mi espacio en esta bitácora a dar un repaso rápido por aquellas criaturas mecánicas que han estimulado la imaginación de los cinéfilos…desde que el cine es cine.
Y es que aunque muchos pensarán que el primer robot que pudimos ver en una gran pantalla —bueno, que pudieron ver nuestros bisabuelos o tatarabuelos— fue la falsa María que creaba aquél científico loco imaginado por Fritz Lang en ‘Metrópolis’ (id, 1927), remontándonos un poco más en el tiempo, a finales del s.XIX, ya encontramos la atracción que el ser humano ha sentido siempre por crear inteligencias artificiales que nos suplan y descarguen de nuestras pesadas tareas diarias.
Tras Lang, el cine de ciencia-ficción coqueteará constantemente con seres mecánicos, siendo particularmente recordados dos de los muchos que el género en su definición de serie B nos trajo en esa prolífica década de los años 50, en la que, junto a extraterrestres con aviesas intenciones que querían invadir nuestro planeta, conocimos al acompañante de Klaatu, ese ominoso robot llamado Gort que daba un ‘Ultimátum a la Tierra’ (‘The Day the Earth Stood Still’, Robert Wise, 1951) o al Robbie que, muy educadamente, servía los oscuros intereses del Dr.Morbius en esa versión de ‘La tempestad’ shakesperiana que fue la imprescindible ‘Planeta prohibido’ (‘Forbidden Planet’, Fred M.Wilcox, 1956).
Aun a riesgo de dejarme por medio alguna que otra incursión relevante —como la de los Daleks del ‘Dr.Who’ o el Astro Boy de Osamu Tezuka— si hubo una IA en los años sesenta que sirvió para alertar sobre los peligros de la tecnología, al tiempo que para otras muchas disertaciones mucho más filosófico-existencialistas, esa fue la HAL9000 de la magistral ’2001. Una odisea en el espacio’ (’2001, a Space Odissey’, 1968) con la que Stanley Kubrick dejó anonadados a nuestros padres y abuelos, demostrando que un inmutable ojo rojo podía llegar a ser tan terrorífico como la pesadilla más horrenda si, entre otras cosas, canturreaba ‘Daisy, Daisy’.
Marcada a fuego por el determinante carácter de HAL, la presencia de la robótica en la década de los setenta comenzó a analizar las repercusiones del desarrollo de una ciencia que ya comenzaba a dar sus frutos de cara a la inserción de las “máquinas” en los lugares de trabajo. Reflejo fiel de lo que la sociedad iba avanzando y con la eterna influencia de la literatura en los modos en los que se ha ido articulando a través del tiempo, el avance en la creación de inteligencias artificiales supuso la puesta en valor de las leyes de la robótica enunciadas por Isaac Asimov a principios de los años 40, unas leyes que irían dejando poco a poco su huella cinematográfica y que pueden intuirse en la frialdad de Yul Brynner como aquél vaquero imparable de ‘Almas de metal’ (‘Westworld’, Michael Crichton, 1973), en ese Ash que Ridley Scott introducía en la tripulación de la Nostromo infectada de cierto octavo pasajero o en las serviciales maneras de los C3-P0 y R2-D2 que George Lucas imaginaba en su saga galáctica.
Con la llegada de los ochenta, el interés por los organismos cibernéticos se disparó sobremanera por mano de ese puntal del género que fue ‘Blade Runner’ (id, Ridley Scott, 1982) que nos dejaba para el recuerdo la sobrecogedora interpretación de Rutger Hauer y aquél discurso que empieza con “He visto cosas que no creeríais…”. Notablemente influido por la obra de Scott, el cine posterior nos trajo, en todas sus vertientes presupuestarias posibles a inolvidables personajes como el T-800 interpretado por Arnold Schwarzenegger, el ‘D.A.R.Y.L’ al que ponía rostro el pequeño Barret Oliver, la versión mejorada de Ash que era el Bishop del regreso de los aliens o, cómo no, el ‘Robocop’ que Paul Verhoeven nos mostraba con toda brutalidad allá por 1988.
Marcados de nuevo de forma temprana por la presencia de James Cameron y sus dos terminators, los 90 no fueron unos años especialmente notables en lo que a autómatas respecta, y lo único destacable de aquellos años fue ese robot que quería tener forma humana que encarnó Robin Williams en la sosa ‘El hombre bicentenario’ (‘Bicentennial Man’, Ron Howard, 1999) —adaptación, por cierto, de un relato de Asimov—, la asimilativa raza de los Borg nacida en el formato televisivo de la mano de la nueva generación de ‘Star Trek’ o, por supuesto y por delante de todos, el ‘Gigante de hierro’ (‘Iron Giant’, Brad Bird, 1998) animado que quería ser Superman y que ganó para siempre nuestros corazones.
Y así llegamos a este s.XXI, una centuria de la que no han transcurrido ni tres lustros y en la que el cine, más preocupado de epatar que de lanzar discursos reflexivos a la chavalería que llena las salas —al menos en Estados Unidos—, ha optado por los espectáculos grandilocuentes con gigantescos robots que, o bien se transforman de la mano de Michael Bay y su horrorosa trilogía —bueno, tetralogía, que poco falta para la cuarta entrega— o bien homenajean a Mazinger Z o Evangelion en la citada ‘Pacific Rim’. Pero eso no significa que no haya lugar para vitales incursiones de androides a una escala más “humana” que sean fundamentales para entender la ciencia-ficción contemporánea. Y aquí la dudas son pocas a la hora de nombrar al entrañable Wall-E creado por Pixar y a ese niño llamado David que quiere reencontrarse con su madre con el que Spielberg rubricaba uno de los pináculos indiscutibles de su trayectoria, la magistral ‘Inteligencia artificial’.
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]]>Las calificaciones morales de las películas son un mundo, sobre todo en Estados Unidos donde la Motion Pictures Asociation of America (MPAA) lleva dando por saco con su censura desde los albores del cine. Porque no nos engañemos, las calificaciones nacieron como censura y lo siguen siendo en cierto modo. No una que se hace a priori, controlando el producto final que ve el espectador, pero sí una que funciona a dos niveles: en la autocensura que se aplican los creadores de contenidos y lo que la calificación provoca en los espectadores potenciales. Incoherencia y aparente aleatoriedad Mucho se ha comentado la ausencia total de sangre en una saga de aventuras como es ‘El Señor de los Anillos’ (algo que podéis ver actualmente en las salas en ‘Guerra Mundial Z’, una historia de zombies donde se sesgan extremidades pero oye, ni una gotita de sangre) y es que el peso de pasar de un PG-13 (cuidado padres, que puede no ser aceptable para menores de 13) a calificación R (restringido, no menores de 17 años sin un adulto) supone el peligro de eliminar uno de los perfiles de edad más importantes de cara engrosar la taquilla. Peor es NC-17 (prohibidos menores de 17 años), una calificación que directamente mata al título que la lleva, ya que muchos multiplex deciden incluso no programarla en ninguna de sus salas. El problema es que la MPAA cae en el absoluto ridículo con demasiada frecuencia, los Weinstein tienen una larga historia de disputas en este asunto. ‘El discurso de El Rey’ fue calificada R por esa secuencia de los tacos, muy cómico cuando pensamos que ‘Saw’ pasó el examen con un PG-13. Muy lógico; en ‘Saw’ se cortan extremidades, hay terror, una niña secuestrada… pero ni tetas ni palabras malsonantes. ¡Sobresaliente! También los Weinstein se pelearon con el documental sobre el abuso escolar que es ‘Bully’, intentando sin éxito que lo rebajasen de R a PG-13 mientras que ‘Los Juegos del Hambre’, que tiene chorracos de sangre saltando y adolescentes matándose los unos a los otros, campaba feliz con esa calificación. A principios de los ochenta hubo críticas por la violencia de películas como ‘Indiana Jones y el Templo Maldito’ o ‘Los Gremlins’, cuando aún no había calificación entre el PG y el R, lo que inspiró la creación del PG-13 a pesar de que, siguiendo sus pautas habituales, ambos títulos fácilmente podrían encajar en la categoría R. ¡En ‘El templo maldito’ arrancan corazones con las manos! Así, a pelo… ¿No es eso más chungo que un señor tartaja diciendo fuck shit fuck? En 2006 se produjo un documental que giraba en torno a este tema, ‘Los censores de Hollywood’. El contenido deja más de lado el ahondar en la interesante cuestión de por qué la violencia sí y el sexo no, y se centra más en el perfil de quienes realizan el corte [...]
Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">Las divertidas, absurdas e incoherentes calificaciones morales de la MPAA
]]>Las calificaciones morales de las películas son un mundo, sobre todo en Estados Unidos donde la Motion Pictures Asociation of America (MPAA) lleva dando por saco con su censura desde los albores del cine. Porque no nos engañemos, las calificaciones nacieron como censura y lo siguen siendo en cierto modo. No una que se hace a priori, controlando el producto final que ve el espectador, pero sí una que funciona a dos niveles: en la autocensura que se aplican los creadores de contenidos y lo que la calificación provoca en los espectadores potenciales.
Mucho se ha comentado la ausencia total de sangre en una saga de aventuras como es ‘El Señor de los Anillos’ (algo que podéis ver actualmente en las salas en ‘Guerra Mundial Z’, una historia de zombies donde se sesgan extremidades pero oye, ni una gotita de sangre) y es que el peso de pasar de un PG-13 (cuidado padres, que puede no ser aceptable para menores de 13) a calificación R (restringido, no menores de 17 años sin un adulto) supone el peligro de eliminar uno de los perfiles de edad más importantes de cara engrosar la taquilla.
Peor es NC-17 (prohibidos menores de 17 años), una calificación que directamente mata al título que la lleva, ya que muchos multiplex deciden incluso no programarla en ninguna de sus salas. El problema es que la MPAA cae en el absoluto ridículo con demasiada frecuencia, los Weinstein tienen una larga historia de disputas en este asunto. ‘El discurso de El Rey’ fue calificada R por esa secuencia de los tacos, muy cómico cuando pensamos que ‘Saw’ pasó el examen con un PG-13. Muy lógico; en ‘Saw’ se cortan extremidades, hay terror, una niña secuestrada… pero ni tetas ni palabras malsonantes. ¡Sobresaliente!
También los Weinstein se pelearon con el documental sobre el abuso escolar que es ‘Bully’, intentando sin éxito que lo rebajasen de R a PG-13 mientras que ‘Los Juegos del Hambre’, que tiene chorracos de sangre saltando y adolescentes matándose los unos a los otros, campaba feliz con esa calificación.
A principios de los ochenta hubo críticas por la violencia de películas como ‘Indiana Jones y el Templo Maldito’ o ‘Los Gremlins’, cuando aún no había calificación entre el PG y el R, lo que inspiró la creación del PG-13 a pesar de que, siguiendo sus pautas habituales, ambos títulos fácilmente podrían encajar en la categoría R. ¡En ‘El templo maldito’ arrancan corazones con las manos! Así, a pelo… ¿No es eso más chungo que un señor tartaja diciendo fuck shit fuck?
En 2006 se produjo un documental que giraba en torno a este tema, ‘Los censores de Hollywood’. El contenido deja más de lado el ahondar en la interesante cuestión de por qué la violencia sí y el sexo no, y se centra más en el perfil de quienes realizan el corte (con sus pullas a algunas normas ridículas de cara obtener una calificación u otra, lo mismo que pasa en televisión que hasta en las series de cable no pueden pasar un número concreto de “fucks”). También va más hacia el tema de intereses políticos y otros asuntos que se han denunciado varias veces que tienen que ver con tratos y vistas gordas con respecto a algunos estudios, nada sorpresivo, vaya.
Pero lo divertido llega cuando nos paramos a leer esas frases que resumen los motivos por los que se aplica una calificación u otra. Los informes son más exhaustivos, pero se suelen condensar en una breve línea que en muchas ocasiones no tiene desperdicio y pone aún más en evidencia a la MPAA.
Empecemos con el plato fuerte, ‘Twister’. Esta película de 1996 en la que un tornado provocaba estragos está calificada PG-13 por una representación intensa de una situación meteorológica muy mala. ¿no es la monda? En la línea está ‘Volcano’, PG13 esta vez por la representación intensa de desastre urbano y daños relacionados.
También me encanta cuando les da por evitar poner simplemente la etiqueta violencia y se dedican a clasificar la acción por géneros, como el PG-13 de ‘Tres ninjas peleones’ por acción ninja non-stop, la scifi action de ‘Star Wars: Clone Wars’, las situaciones estrafalarias de ‘Charlie y la fábrica de chocolate’ o, hablando de Burton, la acción fantástica de ‘Alicia en el país de las maravillas’, que además tenía añadida la coletilla de imágenes y situaciones que dan miedo y por una oruga fumadora.
Cuando se ponen tan específicos es cuando más hilarantes se vuelven. Como con ‘Team America’, que fue calificada R por humor gráfico y crudo, imágenes violentas y lenguaje ofensivo… todo ello involucrando a marionetas. Eso sí, ahí está ‘Pinocho’ con su letrita G (entrada general, sin restricciones) a pesar de que es una marioneta involucrada en tramas con niños secuestrados que fuman, juegan, se emborrachan y son convertidos en asnos para ser esclavizados. Coherencia.
‘Batman y Robin’ es PG-13 por acción estilizada y algunas insinuaciones. Insinuaciones. Un poco como la momentánea sensualidad de la ‘Mucho ruido y pocas nueces’ de Kenneth Branagh. Pero bueno, al menos todo esto es por sexo o por pezones marcados en trajes de superhéroes y no por material argumental intenso como en ‘Plan de vuelo: Desaparecida’. Cuando argumentan las calificaciones con cosas tan vagas como argumento intenso o elementos temáticos es cuando dejas de comprender que se les siga tomando en serio.
Pero sí, se les toma, y productoras, distribuidoras y directores se pelean constantemente (y se autocensura) para seguir las pautas de la panda de la MPAA, que puede tirar por el suelo todo el marketing de un título nuevo si les da por tocar las narices con la calificación.
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]]>El reciente estreno de ‘Lobezno inmortal’ ha vuelto a traer a primera plana a Hugh Jackman, el actor australiano que hasta hace algo más de una década era un perfecto desconocido pero que, por mano de Bryan Singer y su elección como Lobezno de cara a la primera entrega de la trilogía original de ‘X-men’, pasó de la noche a la mañana a ser una de las estrellas de más relumbre del Hollywood actual, acaparando flashes allí donde va gracias a su imponente físico y a una simpatía desbordante, factores ambos que llevaron a la revista People a nombrarlo “el hombre vivo más sexy del planeta” en 2008. Nacido en Sidney en 1968, Jackman comenzó su andadura profesional a mediados de los noventa en una serie para la ABC australiana que no prolongó su estancia en la caja tonta más allá de su primera temporada. Dedicado entonces a interpretar papeles que iban del Gaston de ‘La Bella y la Bestia’ al Joe Gillis del musical de ‘Sunset Bvld’ que William Holden nos diera a conocer de la mano de Billy Wilder en la magistral ‘El crepúsculo de los dioses’, Jackman saltó luego a la puesta en escena londinense de ‘Oklahoma!’, el mítico musical de Rodgers y Hammerstein, y no sería hasta 1999 cuando llegaría, prácticamente de rebote, la oportunidad de su vida. Hugh Jackman: héroe de armas tomar Y es que Jackman se subió a bordo de ‘X-men’ tan sólo tres semanas antes de que Singer comenzara el rodaje del filme, ya que el primer actor considerado para el papel fue un Russell Crowe que no fue elegido debido a la elevada demanda de honorarios que exigía el neozelandés. Tras Crowe, el papel de Lobezno pasaría a Dougray Scott, que también terminaría rechazándolo debido a un conflicto entre fechas de rodaje con ‘Misión imposible II’, cinta en la que interpretaba al villano de la función. Y fue así como uno de los papeles más determinantes de la saga cinematográfica mutante terminaría en las manos de un absoluto desconocido para el gran público. Una decisión que, a todas luces, fue de las más brillantes que tomó Singer de cara a los filmes de los hombres-X. Con su 1’89m de altura, la elección de Jackman fue una de las más criticadas por los puristas del cómic, que no eran capaces de entender —como siempre suele pasar con los fans más recalcitrantes— que un personaje que en las viñetas siempre había sido un “tapón de alberca” de no más de 1.60m de repente tuviera más estatura que cualquiera de sus compañeros de rodaje, pervirtiendo así, a sus ojos, una de las cualidades más importantes del personaje creado por Len Wein y Herb Trimpe a mediados de los setenta. Pero la elección de Jackman resultó ser todo lo contrario, sobresaliendo el actor como lo mejor a nivel interpretativo de la cinta gracias a un [...]
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]]>El reciente estreno de ‘Lobezno inmortal’ ha vuelto a traer a primera plana a Hugh Jackman, el actor australiano que hasta hace algo más de una década era un perfecto desconocido pero que, por mano de Bryan Singer y su elección como Lobezno de cara a la primera entrega de la trilogía original de ‘X-men’, pasó de la noche a la mañana a ser una de las estrellas de más relumbre del Hollywood actual, acaparando flashes allí donde va gracias a su imponente físico y a una simpatía desbordante, factores ambos que llevaron a la revista People a nombrarlo “el hombre vivo más sexy del planeta” en 2008.
Nacido en Sidney en 1968, Jackman comenzó su andadura profesional a mediados de los noventa en una serie para la ABC australiana que no prolongó su estancia en la caja tonta más allá de su primera temporada. Dedicado entonces a interpretar papeles que iban del Gaston de ‘La Bella y la Bestia’ al Joe Gillis del musical de ‘Sunset Bvld’ que William Holden nos diera a conocer de la mano de Billy Wilder en la magistral ‘El crepúsculo de los dioses’, Jackman saltó luego a la puesta en escena londinense de ‘Oklahoma!’, el mítico musical de Rodgers y Hammerstein, y no sería hasta 1999 cuando llegaría, prácticamente de rebote, la oportunidad de su vida.
Y es que Jackman se subió a bordo de ‘X-men’ tan sólo tres semanas antes de que Singer comenzara el rodaje del filme, ya que el primer actor considerado para el papel fue un Russell Crowe que no fue elegido debido a la elevada demanda de honorarios que exigía el neozelandés. Tras Crowe, el papel de Lobezno pasaría a Dougray Scott, que también terminaría rechazándolo debido a un conflicto entre fechas de rodaje con ‘Misión imposible II’, cinta en la que interpretaba al villano de la función. Y fue así como uno de los papeles más determinantes de la saga cinematográfica mutante terminaría en las manos de un absoluto desconocido para el gran público. Una decisión que, a todas luces, fue de las más brillantes que tomó Singer de cara a los filmes de los hombres-X.
Con su 1’89m de altura, la elección de Jackman fue una de las más criticadas por los puristas del cómic, que no eran capaces de entender —como siempre suele pasar con los fans más recalcitrantes— que un personaje que en las viñetas siempre había sido un “tapón de alberca” de no más de 1.60m de repente tuviera más estatura que cualquiera de sus compañeros de rodaje, pervirtiendo así, a sus ojos, una de las cualidades más importantes del personaje creado por Len Wein y Herb Trimpe a mediados de los setenta.
Pero la elección de Jackman resultó ser todo lo contrario, sobresaliendo el actor como lo mejor a nivel interpretativo de la cinta gracias a un personaje en el que el actor trató de reunir las personalidades de Clint Eastwood en ‘Harry el sucio’ o Mel Gibson en ‘Mad Max’, personajes ambos que tenían que transmitir una fuerte carga emocional con el uso de sus expresiones faciales y casi sin mediar palabra, algo que Jackman lograba sin problemas, desarmando así a todos los que habían arremetido a priori contra su elección.
Cambiando pues su estatus de la noche a la mañana, Jackman comenzó a ser requerido por todo tipo de producciones, interviniendo en 2001 en cintas tan diferentes como la mediocres comedias románticas que fueron ‘Kate & Leopold’ o ‘Siempre a tu lado’ o el thriller de acción ‘Swordfish’ antes de volver a meterse en la piel de Lobezno en ‘X-2′, segunda entrega de la franquicia mutante en la que su protagonismo crecería sobremanera y donde, por exigencias de los fans, pudimos contemplar una versión muchísimo más salvaje del personaje —asombrosa era, en este sentido, la secuencia del asalto a la escuela de Xavier—.
A partir de ahí, el actor ha ido jalonando su trayectoria con filmes puramente comerciales de diversa índole y eficacia con otros de gran calado interpretativo que le han permitido demostrar que es algo más que una cara bonita y un cuerpo de envidia. En los primeros hemos podido verle como un renovado Van Helsing en la horrenda película homónima que Stephen Sommers —el responsable de la nueva y estimulante versión de ‘La momia’ de 1999— dirigía en 2004, de nuevo como Logan/Lobezno tanto en ese lamentable cierre de la trilogía mutante que fue ‘X-men: la decisión final’ como en el oportunista y olvidable vehículo del personaje que fue ‘X-men. Orígenes: Lobezno’, o en la piel de un boxeador acabado en la reivindicable ‘Acero puro’.
En su vertiente menos comercial —que no por ello más seria, no siempre, al menos—, Jackman se codeó en un mismo año, el 2006, con tres directores de la talla de Darren Aronofsky, con el que filmó la fascinante ‘La fuente de la vida’; Christopher Nolan, a las órdenes del cual interpretó a un ambicioso mago sin escrúpulos en ‘El truco final’; y Woody Allen, quien lo emparejó con Scarlett Johansson en la simpática ‘Scoop’. Junto a ellas encontramos, en primer lugar y en 2008, esa ambiciosa y anodina cinta que fue la ‘Australia’ de Baz Luhrman, una cinta en la que emparejaban a Jackman con Nicole Kidman, dos actores que por separado son espléndidos pero que juntos carecían de química alguna.
Su paso por los Oscar’09 como presentador sirvió tanto para dejarnos a todos anodados por sus impresionantes dotes de cante y baile —el número musical que abría la ceremonia era genial e hilarante, el que servía de intermedio, junto a Beyoncé, hacía que se nos cayeran las mandíbulas al suelo— como para que Tom Hooper quisiera contar con el de cara a la magnífica adaptación cinematográfica que el pasado año ponía en pie sobre ‘Los miserables’, interpetando el australiano a un más que convincente Jean Valjean que le valió la nominación al Oscar.
Y así llegamos al momento actual, y al estreno de ‘Lobezno inmortal’, segunda entrega de las aventuras en solitario del afamado mutante que, según han dicho sus responsables, nada tiene que ver con la anterior cinta, planteándose como una suerte de adaptación de una de las mejores historias del hombre-x canadiense que haya visto la luz en las páginas del cómic, ‘Honor’, un tebeo escrito por Chris Claremont, el que es considerado padre de los mutantes modernos, y dibujado por el inigualable Frank Miller y que tiene como marco de fondo un Japón plagado de peligros, invencibles enemigos… y ninjas, claro.
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En 1001 Experiencias | ‘Under the Dome’, la cúpula de los estereotipos
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]]>En una época de preponderancia de lo narrativo, donde prácticamente todo se considera en tanto relato articulado, es importante recordar lo fructíferas que pueden llegar a ser las aboliciones del tiempo y del espacio tradicionales, configurando un nuevo tipo de relato desarticulado que puede ahondar en verdades que escapan a sus limitaciones. Aquí van algunos ejemplos. 1. Fantasmagorie (Emil Cohl, 1908). El primer corto animado de la historia destila, como tantas obras del cine de los primeros tiempos, un evidente aroma a vodevil y espectáculo de variedades, que en realidad son los verdaderos padres de la disciplina. La obra está compuesta por más de 700 dibujos realizados con líneas negras sobre fondo de papel posteriormente negativizadas, lo que le da la apariencia de estar dibujado con tiza. Es, además, una de las primeras obras que incluye elementos de cine dentro del cine. 2. Walking (Ryan Larkin, 1968). Uno de los cortometrajes que mejor indaga en la descontextualización de los espacios. Su narración, que por momentos recuerda a Marker, demuestra que hace falta poco más que una silueta humana para hablar del hombre, de su individualidad, o de la ausencia de la misma. 3. El viejo y el mar (Aleksandr Petrov, 1999). Una de las obras maestras irrenunciables de la historia de la animación, y también uno de sus mayores tours de force. Dos años y medio fueron necesarios para producir sus 20 minutos de metraje: Petrov y su hijo necesitaron este tiempo para pintar a mano los más de 29.000 cuadros que componen la película. En cuanto a lo narrativo, la película es capaz de reproducir fielmente el sentido de suspensión temporal que encontramos en la obra de Hemingway. No dejen de descubrir el resto de la obra de Petrov, igualmente interesantísima. 4. Surogat (Dusan Vukotic, 1961). En general, la animación rusa ofrece una visión totalmente novedosa con respecto a la americana, explotada hasta la saciedad en su modelo; la serie Masters of Russian animation ofrece una panorámica interesante sobre muchos de sus elementos fundacionales. En el caso de Surogat, un personaje de dudoso antropomorfismo crea y destruye a su antojo usando una bimba. Chúpate ésa, Pixar. Merece la pena prestar atención especial a las influencias pictóricas sobre las figuras y los fondos. 5. Mona Lisa descending a staircase (Joan C. Gratz, 1992). Si hablamos de influencia pictórica sobre la animación, mencionar este cortometraje es ineludible. La obra, que consiguió el Oscar en su categoría, revisa en 7 minutos algunos de los grandes nombres y cuadros de la historia de la pintura. 35 artistas en una subversión absoluta de los parámetros temporales, que une unas piezas con otras de manera líquida, con una obsesión particular por el papel que juega el rostro. Su repaso a la vanguardia del siglo XX es especialmente emocionante. 6. Sísifo (Marcell Jankovics, 1974). Pocas cosas hay tan atemporales como los mitos. Jankovics, consciente de esto, [...]
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]]>En una época de preponderancia de lo narrativo, donde prácticamente todo se considera en tanto relato articulado, es importante recordar lo fructíferas que pueden llegar a ser las aboliciones del tiempo y del espacio tradicionales, configurando un nuevo tipo de relato desarticulado que puede ahondar en verdades que escapan a sus limitaciones. Aquí van algunos ejemplos.
1. Fantasmagorie (Emil Cohl, 1908). El primer corto animado de la historia destila, como tantas obras del cine de los primeros tiempos, un evidente aroma a vodevil y espectáculo de variedades, que en realidad son los verdaderos padres de la disciplina. La obra está compuesta por más de 700 dibujos realizados con líneas negras sobre fondo de papel posteriormente negativizadas, lo que le da la apariencia de estar dibujado con tiza. Es, además, una de las primeras obras que incluye elementos de cine dentro del cine.
2. Walking (Ryan Larkin, 1968). Uno de los cortometrajes que mejor indaga en la descontextualización de los espacios. Su narración, que por momentos recuerda a Marker, demuestra que hace falta poco más que una silueta humana para hablar del hombre, de su individualidad, o de la ausencia de la misma.
3. El viejo y el mar (Aleksandr Petrov, 1999). Una de las obras maestras irrenunciables de la historia de la animación, y también uno de sus mayores tours de force. Dos años y medio fueron necesarios para producir sus 20 minutos de metraje: Petrov y su hijo necesitaron este tiempo para pintar a mano los más de 29.000 cuadros que componen la película. En cuanto a lo narrativo, la película es capaz de reproducir fielmente el sentido de suspensión temporal que encontramos en la obra de Hemingway. No dejen de descubrir el resto de la obra de Petrov, igualmente interesantísima.
4. Surogat (Dusan Vukotic, 1961). En general, la animación rusa ofrece una visión totalmente novedosa con respecto a la americana, explotada hasta la saciedad en su modelo; la serie Masters of Russian animation ofrece una panorámica interesante sobre muchos de sus elementos fundacionales. En el caso de Surogat, un personaje de dudoso antropomorfismo crea y destruye a su antojo usando una bimba. Chúpate ésa, Pixar. Merece la pena prestar atención especial a las influencias pictóricas sobre las figuras y los fondos.
5. Mona Lisa descending a staircase (Joan C. Gratz, 1992). Si hablamos de influencia pictórica sobre la animación, mencionar este cortometraje es ineludible. La obra, que consiguió el Oscar en su categoría, revisa en 7 minutos algunos de los grandes nombres y cuadros de la historia de la pintura. 35 artistas en una subversión absoluta de los parámetros temporales, que une unas piezas con otras de manera líquida, con una obsesión particular por el papel que juega el rostro. Su repaso a la vanguardia del siglo XX es especialmente emocionante.
6. Sísifo (Marcell Jankovics, 1974). Pocas cosas hay tan atemporales como los mitos. Jankovics, consciente de esto, vuelve —y revuelve— los conceptos de la Fantasmagorie de Cohl (en este caso, negro sobre blanco), para abolir tiempo y espacio fílmicos y arrojarnos la asfixia eterna sobre la que también reflexionó Camus en su obra El mito de Sísifo. Buena parte de su fuerza reside en el doblaje, como podrán comprobar.
7. El corazón delator (Ted Parmelee, 1953). Pocos autores han sido capaces de estirar el tiempo hasta convertirlo en una soga como Edgar Allan Poe. De la misma manera que hace Petrov con Hemingway, Parmelee transfiere la angustia de Poe a la animación a través de imágenes casi surrealistas que necesitan una voz en off para poder articularse narrativamente. Presten especial atención al fantástico uso de las perspectivas y las sombras, un auténtico alarde de talento.
8. Artificial Paradise (Jean-Paul Frenay, 2010). Para que no todo sean clásicos, una distopía surrealista tecnológica. Con una estética que recuerda por momentos a aquel hito de la droga que fue el videoclip de Gantz Graf de Autechre, narra —afirma su director— la historia de un usuario que se conecta a la base de datos de una empresa que ha conseguido guardar todos los recuerdos perdidos de la humanidad. Estoy seguro de que cualquiera de ustedes puede crear una interpretación alternativa y disfrutarlo igualmente.
ARTIFICIAL PARADISE,INC. from JP Frenay on Vimeo.
9. The Pub (Joseph Pierce, 2012). Un ejemplo magnífico para ilustrar la capacidad de la animación de construir estados de ánimo a través de la deformación de una representación naturalista. Su estética, entre noir y tebeo, se une a una selección de momentos también deformados que generan un retrato poco edificante y sincero de un día en la vida de un pub londinense.
The Pub from Joseph Pierce on Vimeo.
10. Jumping (Osamu Tezuka, 1984). Probablemente mi corto de animación favorito, un auténtico despliegue de desbordante imaginación, ideas estéticas atrevidas y ejecución impecable. Necesitaría demasiado espacio para explicar todos los códigos que son aquí puestos en duda, todas las reglas que se rompen con la mayor naturalidad del mundo, la enorme condensación de ideas en cada uno de sus pequeños —o no tanto— saltos. Pero es mejor que lo vean ustedes mismos, y luego me cuenten.
Jumping (1984) – Osamu Tezuka from Vincent Stephens on Vimeo.
¡Que lo disfruten!
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]]>Durante aquellos locos años 90, Arnold Schwarzenegger era una de las mayores estrellas de Hollywood. Por lo general, cada vez que se estrenaba una película protagonizada por el forzudo austriaco, el cartel estaba dominado por su duro rostro y su complicado apellido. El público iba a verle a él. Nunca tuvo talento para la interpretación, pero supo sacar partido de su imponente presencia y su sentido del humor, entendió el negocio y sacó partido de las circunstancias. Fue muy listo. Y cuando vio que su carrera empezaba a flaquear, optó por dejarlo y centrarse en otra de sus pasiones: la política. “Volveré“; uno de los diálogos cinematográficos más recordados, salió de boca del Terminator, el cíborg de la obra maestra dirigida por James Cameron en 1984. Los fans del “Chuache” –si no conoces el mote deberías ver esto– esperaban que su ídolo cumpliera la misma promesa. Dos años después de dejar el cargo de gobernador de California, Schwarzenegger ha vuelto. Todo empezó a fraguarse gracias a uno de sus mejores amigos, otro icono del cine de acción, Sylvester Stallone, quien le dio un papel en una película con pinta de inicio de franquicia que iba a dirigir: ‘Los mercenarios’ (‘The Expendables’, 2010). Solo era un cameo, un primer paso para estirar las piernas, para volver a sentirse actor. La experiencia le dejó buen sabor de boca y repitió en ‘Los mercenarios 2′ (‘The Expendables 2′, Simon West, 2012), ya con más minutos en pantalla. Fue el trampolín para su verdadero regreso. A principios de este año llegó a los cines ‘El último desafío’ (‘The Last Stand’, Kim Jee-woon, 2013), ya con Schwarzenegger como gran protagonista, algo que no ocurría desde ‘Terminator 3: La rebelión de las máquinas’ (‘Terminator 3: Rise of the Machines’, Jonathan Mostow, 2003). La mala noticia fue la tibia respuesta en taquilla, entró en novena posición en el box office estadounidense. Lejos de desanimarse, el actor no ha dejado de encadenar rodajes y anunciar proyectos para los próximos años. Lo más inmediato es ‘Escape Plan’ (Mikael Håfström, 2013), un thriller carcelario donde vuelve a compartir protagonismo con Sly. Después le podremos ver en ‘Sabotage’ (David Ayer, 2014), una cinta de acción basada en el célebre ‘Diez negritos’ de Agatha Christie. Si todo marcha como está previsto, “Chuache” encabezará los repartos de ‘Maggie’ –una historia con zombies–, ‘Los mercenarios 3′, ‘Triplets’ –inesperada secuela de ‘Los gemelos golpean dos veces’ (‘Twins’, Ivan Reitman, 1988)–, ‘Terminator 5′ y ‘The Legend of Conan’. Quizá la pregunta es: ¿seguirá teniendo el apoyo del público? En 1001Experiencias | ¿Te gusta Hollywood? ¿Te gusta la bolsa? Prueba HSX En 1001Experiencias | Cinco actores que podrían encarnar al nuevo Batman
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]]>Durante aquellos locos años 90, Arnold Schwarzenegger era una de las mayores estrellas de Hollywood. Por lo general, cada vez que se estrenaba una película protagonizada por el forzudo austriaco, el cartel estaba dominado por su duro rostro y su complicado apellido. El público iba a verle a él.
Nunca tuvo talento para la interpretación, pero supo sacar partido de su imponente presencia y su sentido del humor, entendió el negocio y sacó partido de las circunstancias. Fue muy listo. Y cuando vio que su carrera empezaba a flaquear, optó por dejarlo y centrarse en otra de sus pasiones: la política. “Volveré“; uno de los diálogos cinematográficos más recordados, salió de boca del Terminator, el cíborg de la obra maestra dirigida por James Cameron en 1984. Los fans del “Chuache” –si no conoces el mote deberías ver esto– esperaban que su ídolo cumpliera la misma promesa. Dos años después de dejar el cargo de gobernador de California, Schwarzenegger ha vuelto.
Todo empezó a fraguarse gracias a uno de sus mejores amigos, otro icono del cine de acción, Sylvester Stallone, quien le dio un papel en una película con pinta de inicio de franquicia que iba a dirigir: ‘Los mercenarios’ (‘The Expendables’, 2010). Solo era un cameo, un primer paso para estirar las piernas, para volver a sentirse actor. La experiencia le dejó buen sabor de boca y repitió en ‘Los mercenarios 2′ (‘The Expendables 2′, Simon West, 2012), ya con más minutos en pantalla.
Fue el trampolín para su verdadero regreso. A principios de este año llegó a los cines ‘El último desafío’ (‘The Last Stand’, Kim Jee-woon, 2013), ya con Schwarzenegger como gran protagonista, algo que no ocurría desde ‘Terminator 3: La rebelión de las máquinas’ (‘Terminator 3: Rise of the Machines’, Jonathan Mostow, 2003). La mala noticia fue la tibia respuesta en taquilla, entró en novena posición en el box office estadounidense. Lejos de desanimarse, el actor no ha dejado de encadenar rodajes y anunciar proyectos para los próximos años.
Lo más inmediato es ‘Escape Plan’ (Mikael Håfström, 2013), un thriller carcelario donde vuelve a compartir protagonismo con Sly. Después le podremos ver en ‘Sabotage’ (David Ayer, 2014), una cinta de acción basada en el célebre ‘Diez negritos’ de Agatha Christie. Si todo marcha como está previsto, “Chuache” encabezará los repartos de ‘Maggie’ –una historia con zombies–, ‘Los mercenarios 3′, ‘Triplets’ –inesperada secuela de ‘Los gemelos golpean dos veces’ (‘Twins’, Ivan Reitman, 1988)–, ‘Terminator 5′ y ‘The Legend of Conan’. Quizá la pregunta es: ¿seguirá teniendo el apoyo del público?
En 1001Experiencias | ¿Te gusta Hollywood? ¿Te gusta la bolsa? Prueba HSX
En 1001Experiencias | Cinco actores que podrían encarnar al nuevo Batman
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]]>Necesito compañeros en HSX, gente con la que compartir el ostracismo que me genera esta obsesión por un juego tan específico, extraño y complejo como el Hollywood Stock Exchange. Os cuento. Su nombre es muy autoexplicativo: es un mercado de valores de Hollywood, esto es, compraventa de acciones relacionadas con el mundo del cine principalmente, aunque también hay acciones relacionadas con la televisión y con entregas de premios variadas. Jolivú, para entendernos. Aquí lo que se compra y vende son directores, actores, películas y activos derivados de los estrenos del fin de semana. HSX no es para no iniciados en la actualidad cinematográfica ni para nostálgicos empedernidos ya que para ganar dinero son vitales dos principios: estar al día del mundillo y no guiarse por el corazón. A veces tendréis que apostar a la baja por vuestro director favorito; la vida es dura pero el capitalismo más. Por si hay alguna duda en este punto: es un juego. El dinero es de mentira y por mucho que consigáis convertir en medio año los 2 millones de dólares iniciales en 400 millones, no servirá para nada más que para alimentar vuestro ego. Como decía, este juego es de actualidad y los valores van fluctuando de acuerdo con las recaudaciones de taquilla que hagan las películas en el mercado norteamericano (USA + Canadá), tanto el valor de las producciones en sí mismas como el valor de las personalidades asociadas a ellas. BoxOfficeMojo es al jugador de HSX lo que iMDB es al cinéfilo. También es ideal si tenéis un mínimo conocimiento de la bolsa, lo que es comprar al alza o a la baja, lo que significa comprar un CALL o un PUT de un estreno de fin de semana… Pero no hace falta ser un broker, no hay nada que el propio HSX no explique al detalle en su glosario y sus FAQs (todo pitinglish, eso sí). Muchos de vosotros acabaréis de leer esto y pensaréis cuán fatal está el universo con gente jugando a una bolsa de mentira, pero para aquellos que os pique la curiosidad, lo probéis y tengáis dudas, podéis abordarme en mi twitter si de primeras hay cosas que no os cuadran o que no acabéis de encajar. Pista en relación a un error de principiante muy común: vuestras primeras compras que sean a corto plazo.No compréis acciones para ‘Los Vengadores 2’ y embarguéis así vuestro dinero a 2 años vista. Ni siquiera a 2 meses vista hasta que no dispongáis de más fondos. Para lo demás, mastercard. En 1001 Experiencias | Gordon Freeman, el héroe con el que aún no se ha atrevido la industria del cine En 1001 Experiencias | Mentiras musculosas en Hollywood
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]]>Necesito compañeros en HSX, gente con la que compartir el ostracismo que me genera esta obsesión por un juego tan específico, extraño y complejo como el Hollywood Stock Exchange. Os cuento. Su nombre es muy autoexplicativo: es un mercado de valores de Hollywood, esto es, compraventa de acciones relacionadas con el mundo del cine principalmente, aunque también hay acciones relacionadas con la televisión y con entregas de premios variadas. Jolivú, para entendernos. Aquí lo que se compra y vende son directores, actores, películas y activos derivados de los estrenos del fin de semana.
HSX no es para no iniciados en la actualidad cinematográfica ni para nostálgicos empedernidos ya que para ganar dinero son vitales dos principios: estar al día del mundillo y no guiarse por el corazón. A veces tendréis que apostar a la baja por vuestro director favorito; la vida es dura pero el capitalismo más. Por si hay alguna duda en este punto: es un juego. El dinero es de mentira y por mucho que consigáis convertir en medio año los 2 millones de dólares iniciales en 400 millones, no servirá para nada más que para alimentar vuestro ego.

Como decía, este juego es de actualidad y los valores van fluctuando de acuerdo con las recaudaciones de taquilla que hagan las películas en el mercado norteamericano (USA + Canadá), tanto el valor de las producciones en sí mismas como el valor de las personalidades asociadas a ellas. BoxOfficeMojo es al jugador de HSX lo que iMDB es al cinéfilo. También es ideal si tenéis un mínimo conocimiento de la bolsa, lo que es comprar al alza o a la baja, lo que significa comprar un CALL o un PUT de un estreno de fin de semana… Pero no hace falta ser un broker, no hay nada que el propio HSX no explique al detalle en su glosario y sus FAQs (todo pitinglish, eso sí).
Muchos de vosotros acabaréis de leer esto y pensaréis cuán fatal está el universo con gente jugando a una bolsa de mentira, pero para aquellos que os pique la curiosidad, lo probéis y tengáis dudas, podéis abordarme en mi twitter si de primeras hay cosas que no os cuadran o que no acabéis de encajar. Pista en relación a un error de principiante muy común: vuestras primeras compras que sean a corto plazo.No compréis acciones para ‘Los Vengadores 2’ y embarguéis así vuestro dinero a 2 años vista. Ni siquiera a 2 meses vista hasta que no dispongáis de más fondos. Para lo demás, mastercard.
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]]>Por si no había quedado claro tras el final de ‘El caballero oscuro: La leyenda renace’ (‘The Dark Knight Rises’, Christopher Nolan, 2012), Christian Bale quiso zanjar el asunto recientemente manifestando que su etapa como Batman ha concluido. Pero claro, Warner Bros. y DC Cómics tienen intención de seguir explotando al personaje en los próximos años, y el éxito de ‘El hombre de acero’ (‘Man of Steel’, Zack Snyder, 2013) acerca más que nunca la esperada película de la Liga de la Justicia, el grupo de superhéroes que incluye a Superman y el hombre murciélago, entre otros. David S. Goyer ya trabaja en el guion y, según los últimos rumores, la producción podría iniciarse en 2015. Así que hace falta un nuevo actor para Batman. Y pronto. Sustituir a George Clooney fue muy fácil pero ocupar la vacante dejada por Bale, un actor carismático y de reconocido talento, al que muchos consideran el más acertado en la piel del justiciero creado por Bob Kane, puede resultar problemático. Para evitarlo, aquí van cinco sugerencias que podéis hacer llegar a los despachos de la Warner. La primera opción que hay que barajar, sin duda, es la de Joseph Gordon-Levitt. Sencillamente, por cómo acaba la última aventura de Batman. A favor: carismático, popular, cuenta con el visto bueno de los fans y fue elegido por Nolan. En contra: algo débil físicamente y que los productores quieran empezar de cero, sin tener en cuenta la trilogía del caballero oscuro. Jake Gyllenhaal intentó ser Spider-Man y era el favorito de Goyer –guionista de ‘Batman Begins’ (2005) y coautor de las historias de las dos entregas posteriores– para encarnar a Bruce Wayne/Batman antes de que Bale conquistara a Nolan. Podrían volver a él para esta nueva etapa. A favor: tiene experiencia como héroe de acción –’Prince of Persia’ (Mike Newell, 2010)–, cae simpático y arrastra su propia legión de admiradoras desde que empezó a ir al gimnasio. En contra: su faceta infantil, bromista y despreocupada, puede alejarle de un personaje caracterizado por su seriedad y dramatismo –al menos, en su caracterización más reciente–. Se dice que antes de elegir a Henry Cavill como el nuevo Superman, el principal candidato era Matt Bomer, pero admitió su homosexualidad en público y perdió el papel. Nunca sabremos hasta qué punto esto es cierto o un jugoso rumor, pero ha dado que hablar y podría dar pie a una compensación, quedándose con el papel de Batman. A favor: físicamente no podrían encontrar a alguien mejor. En contra: sus dotes interpretativas son cuestionables, algo que se mirará con lupa tras el legado de Bale. No sería la primera vez que se le ofrece el papel a Armie Hammer. La revelación de ‘La red social’ (‘The Social Network’, David Fincher, 2010) iba a ser Batman en 2008, cuando George Miller quiso poner en marcha ‘La Liga de la Justicia’. A favor: ya [...]
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]]>Por si no había quedado claro tras el final de ‘El caballero oscuro: La leyenda renace’ (‘The Dark Knight Rises’, Christopher Nolan, 2012), Christian Bale quiso zanjar el asunto recientemente manifestando que su etapa como Batman ha concluido. Pero claro, Warner Bros. y DC Cómics tienen intención de seguir explotando al personaje en los próximos años, y el éxito de ‘El hombre de acero’ (‘Man of Steel’, Zack Snyder, 2013) acerca más que nunca la esperada película de la Liga de la Justicia, el grupo de superhéroes que incluye a Superman y el hombre murciélago, entre otros. David S. Goyer ya trabaja en el guion y, según los últimos rumores, la producción podría iniciarse en 2015.
Así que hace falta un nuevo actor para Batman. Y pronto. Sustituir a George Clooney fue muy fácil pero ocupar la vacante dejada por Bale, un actor carismático y de reconocido talento, al que muchos consideran el más acertado en la piel del justiciero creado por Bob Kane, puede resultar problemático. Para evitarlo, aquí van cinco sugerencias que podéis hacer llegar a los despachos de la Warner.
La primera opción que hay que barajar, sin duda, es la de Joseph Gordon-Levitt. Sencillamente, por cómo acaba la última aventura de Batman. A favor: carismático, popular, cuenta con el visto bueno de los fans y fue elegido por Nolan. En contra: algo débil físicamente y que los productores quieran empezar de cero, sin tener en cuenta la trilogía del caballero oscuro.
Jake Gyllenhaal intentó ser Spider-Man y era el favorito de Goyer –guionista de ‘Batman Begins’ (2005) y coautor de las historias de las dos entregas posteriores– para encarnar a Bruce Wayne/Batman antes de que Bale conquistara a Nolan. Podrían volver a él para esta nueva etapa. A favor: tiene experiencia como héroe de acción –’Prince of Persia’ (Mike Newell, 2010)–, cae simpático y arrastra su propia legión de admiradoras desde que empezó a ir al gimnasio. En contra: su faceta infantil, bromista y despreocupada, puede alejarle de un personaje caracterizado por su seriedad y dramatismo –al menos, en su caracterización más reciente–.
Se dice que antes de elegir a Henry Cavill como el nuevo Superman, el principal candidato era Matt Bomer, pero admitió su homosexualidad en público y perdió el papel. Nunca sabremos hasta qué punto esto es cierto o un jugoso rumor, pero ha dado que hablar y podría dar pie a una compensación, quedándose con el papel de Batman. A favor: físicamente no podrían encontrar a alguien mejor. En contra: sus dotes interpretativas son cuestionables, algo que se mirará con lupa tras el legado de Bale.
No sería la primera vez que se le ofrece el papel a Armie Hammer. La revelación de ‘La red social’ (‘The Social Network’, David Fincher, 2010) iba a ser Batman en 2008, cuando George Miller quiso poner en marcha ‘La Liga de la Justicia’. A favor: ya preparó el papel y está a punto de alcanzar el estatus de estrella, esto sería el empujón definitivo. En contra: quizá prefiera pasar página y olvidarse del personaje, además el reciente fracaso de ‘El llanero solitario’ (‘The Lone Ranger’, Gore Verbinski, 2013) puede restarle puntos.
Y acabo con una apuesta personal, el cada vez más solicitado Joel Edgerton. Empezó a sonar su nombre tras intervenir en ‘Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma’ (‘Star Wars: Episode I – The Phantom Menace’, George Lucas, 1999) y desde entonces no ha parado, demostrando una innegable evolución como actor y como celebridad de la industria cinematográfica. A favor: tiene talento y buen físico –ojo a ‘Warrior’ (Gavin O´Connor, 2011)–. En contra: la edad (39 años) si quieren a alguien joven y que aún es poco conocido para el gran público.
En 1001Experiencias | El enfermo plan de Octopus o el pulpo que se hizo araña
En 1001Experiencias | La barba del villano
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]]>A la hora de crear a un villano, uno puede recurrir a variados elementos para caracterizarlo y darle personalidad. Por ejemplo, ropas oscuras, un parche o un ojo tuerto, una cicatriz, una máscara, un gato, una voz siniestra, una risa malévola, una tragedia o un trauma que marcara su destino, un amor no correspondido… y una barba. Mientras los héroes suelen representarse afeitados, las perillas y barbas de chivo han adornado los rostros de numerosos antagonistas, hasta el punto de provocar un estudio para descubrir la razón de este fenómeno –al parecer, nuestro cerebro considera amenazante la barbilla puntiaguda provocada por el pelo–, no obstante, estos personajes se rigen por sus propias normas, rechazan etiquetas y no limitan las posibilidades del catálogo barbudo. Vamos a echar un vistazo a algunos de los más ilustres villanos del cine cuya barba forma parte inseparable de su identidad: Teniendo aún reciente el estreno de ‘El hombre de acero’ (‘The Man of Steel’, Zack Snyder, 2013), es inevitable acordarse del General Zod, el poderoso enemigo de Superman al que daba vida Terence Stamp en ‘Superman 2′ (Richard Donner, Richard Lester, 1980); en la nueva versión este papel lo interpreta –con escasa fortuna– Michael Shannon, al que tenéis en la imagen que encabeza el post, aportando otro estilo de barba. Sin duda, uno de los malos más famosos del séptimo arte es el elegante Hans Gruber, el personaje encarnado por Alan Rickman en ‘Jungla de Cristal’ (‘Die Hard’, John McTiernan, 1988), uno de los referentes cuando se trata de buscar un oponente de altura –nunca mejor dicho, ese final…– para una película de acción. Aún es pronto para asegurarlo, pero estoy convencido de que el esclavista Calvin Candie será recordado como uno de los mejores villanos del séptimo arte. Por la película, ‘Django desencadenado’ (‘Django Unchained’, Quentin Tarantino, 2012) y, sobre todo, por lo insólito de ver a Leonardo DiCaprio en la piel de un barbudo tan despreciable. En la saga de 007 podemos encontrar una gran variedad de villanos, para todos los gustos, pero si se trata de buscar barbudos malvados, hay que destacar al genocida Hugo Drax, interpretado por Michael Lonsdale. James Bond debía acabar con él en ‘Moonraker’ (Lewis Gilbert, 1979) para salvar al mundo una vez más –nunca se lo agradeceremos lo suficiente–. Y acabamos con otra barba que será mítica, la de Liam Neeson en ‘Batman Begins’ (Christopher Nolan, 2005). El actor irlandés, habitual héroe o mentor de héroes, se puso ahí en la piel del enigmático Ra´s al Ghul, uno de los villanos más temibles a los que se ha enfrentado jamás el hombre murciélago. En 1001Experiencias | La presuntuosa barba rusa En 1001Experiencias | Ser o no ser metrosexual
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]]>A la hora de crear a un villano, uno puede recurrir a variados elementos para caracterizarlo y darle personalidad. Por ejemplo, ropas oscuras, un parche o un ojo tuerto, una cicatriz, una máscara, un gato, una voz siniestra, una risa malévola, una tragedia o un trauma que marcara su destino, un amor no correspondido… y una barba.
Mientras los héroes suelen representarse afeitados, las perillas y barbas de chivo han adornado los rostros de numerosos antagonistas, hasta el punto de provocar un estudio para descubrir la razón de este fenómeno –al parecer, nuestro cerebro considera amenazante la barbilla puntiaguda provocada por el pelo–, no obstante, estos personajes se rigen por sus propias normas, rechazan etiquetas y no limitan las posibilidades del catálogo barbudo.
Vamos a echar un vistazo a algunos de los más ilustres villanos del cine cuya barba forma parte inseparable de su identidad:
Teniendo aún reciente el estreno de ‘El hombre de acero’ (‘The Man of Steel’, Zack Snyder, 2013), es inevitable acordarse del General Zod, el poderoso enemigo de Superman al que daba vida Terence Stamp en ‘Superman 2′ (Richard Donner, Richard Lester, 1980); en la nueva versión este papel lo interpreta –con escasa fortuna– Michael Shannon, al que tenéis en la imagen que encabeza el post, aportando otro estilo de barba.
Sin duda, uno de los malos más famosos del séptimo arte es el elegante Hans Gruber, el personaje encarnado por Alan Rickman en ‘Jungla de Cristal’ (‘Die Hard’, John McTiernan, 1988), uno de los referentes cuando se trata de buscar un oponente de altura –nunca mejor dicho, ese final…– para una película de acción.
Aún es pronto para asegurarlo, pero estoy convencido de que el esclavista Calvin Candie será recordado como uno de los mejores villanos del séptimo arte. Por la película, ‘Django desencadenado’ (‘Django Unchained’, Quentin Tarantino, 2012) y, sobre todo, por lo insólito de ver a Leonardo DiCaprio en la piel de un barbudo tan despreciable.
En la saga de 007 podemos encontrar una gran variedad de villanos, para todos los gustos, pero si se trata de buscar barbudos malvados, hay que destacar al genocida Hugo Drax, interpretado por Michael Lonsdale. James Bond debía acabar con él en ‘Moonraker’ (Lewis Gilbert, 1979) para salvar al mundo una vez más –nunca se lo agradeceremos lo suficiente–.
Y acabamos con otra barba que será mítica, la de Liam Neeson en ‘Batman Begins’ (Christopher Nolan, 2005). El actor irlandés, habitual héroe o mentor de héroes, se puso ahí en la piel del enigmático Ra´s al Ghul, uno de los villanos más temibles a los que se ha enfrentado jamás el hombre murciélago.
En 1001Experiencias | La presuntuosa barba rusa
En 1001Experiencias | Ser o no ser metrosexual
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]]>Henry Cavill estuvo en Madrid el mes pasado para presentar ‘El hombre de acero’ (‘The Man of Steel’, Zack Snyder, 2013) y fue recibido como una estrella. No es para menos, ¡es el mismísimo Superman! Sin embargo, no era la primera vez que el actor visitaba la capital española ya que parte del thriller ‘La fría luz del día’ (‘The Cold Light of Day’, Mabrouk El Mechri, 2012), que protagonizó junto a Bruce Willis y Sigourney Weaver, se rodó allí a finales de 2010. En menos de tres años, el estatus del actor ha cambiado radicalmente. Y parte de su éxito se lo debe a Russell Crowe, quien casualmente interpreta al padre del hombre de acero en la nueva versión. 16 años tenía Cavill cuando participó como extra en una escena de ‘Prueba de vida’ (‘Proof of Life’, Taylor Hackford, 2000); fue así como se encontró cara a cara con Crowe, uno de sus ídolos. Cuenta el inglés que durante un descanso entre tomas, se sintió ridículo al notar que todos los extras estaban delante del célebre actor neozelandés y nadie se atrevía a decir nada. Él decidió acercarse, presentarse como un aspirante a actor y pedirle consejo. La estrella compartió una breve charla con su joven admirador, que quedó muy sorprendido cuando, dos días más tarde, recibió en su casa un paquete de parte de Crowe. En su interior, unos caramelos de Jersey (donde nació Cavill), un bote de Vegemite (muy popular en Nueva Zelanda), un CD de la banda 30 Odd Foot Of Grunts (en la que canta Crowe) y una foto firmada de ‘Gladiator’ (Ridley Scott, 2000). Además de la firma, Crowe había escrito un mensaje: “Querido Henry, un viaje de mil millas comienza con un solo paso“. Cavill colgó la imagen en su habitación y confiesa que la miró durante años, lo animaba a continuar cada vez que no conseguía un papel o pensaba que iba a fracasar. Al final, paso a paso, llegó a su destino. En 1001 Experiencias | ‘El Hombre de Acero’, un decepcionante despropósito En 1001 Experiencias | Zack Snyder y sus diez reglas para hacer cine
Puedes ver el artículo original completo: 1001 Experiencias - Men Expert de L'Oréal">Henry Cavill cumplió su sueño gracias a Russell Crowe
]]>Henry Cavill estuvo en Madrid el mes pasado para presentar ‘El hombre de acero’ (‘The Man of Steel’, Zack Snyder, 2013) y fue recibido como una estrella. No es para menos, ¡es el mismísimo Superman! Sin embargo, no era la primera vez que el actor visitaba la capital española ya que parte del thriller ‘La fría luz del día’ (‘The Cold Light of Day’, Mabrouk El Mechri, 2012), que protagonizó junto a Bruce Willis y Sigourney Weaver, se rodó allí a finales de 2010. En menos de tres años, el estatus del actor ha cambiado radicalmente. Y parte de su éxito se lo debe a Russell Crowe, quien casualmente interpreta al padre del hombre de acero en la nueva versión.
16 años tenía Cavill cuando participó como extra en una escena de ‘Prueba de vida’ (‘Proof of Life’, Taylor Hackford, 2000); fue así como se encontró cara a cara con Crowe, uno de sus ídolos. Cuenta el inglés que durante un descanso entre tomas, se sintió ridículo al notar que todos los extras estaban delante del célebre actor neozelandés y nadie se atrevía a decir nada. Él decidió acercarse, presentarse como un aspirante a actor y pedirle consejo.
La estrella compartió una breve charla con su joven admirador, que quedó muy sorprendido cuando, dos días más tarde, recibió en su casa un paquete de parte de Crowe. En su interior, unos caramelos de Jersey (donde nació Cavill), un bote de Vegemite (muy popular en Nueva Zelanda), un CD de la banda 30 Odd Foot Of Grunts (en la que canta Crowe) y una foto firmada de ‘Gladiator’ (Ridley Scott, 2000). Además de la firma, Crowe había escrito un mensaje: “Querido Henry, un viaje de mil millas comienza con un solo paso“. Cavill colgó la imagen en su habitación y confiesa que la miró durante años, lo animaba a continuar cada vez que no conseguía un papel o pensaba que iba a fracasar.
Al final, paso a paso, llegó a su destino.
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