Experiencias míticas

Visité los bastidores de una de las mejores series de TV, Studio 60

Una persona inteligente siempre supera una derrota… Un idiota jamás se sobrepone a una victoria. ¿A cuánta gente en el mundo del cine y la TV podríamos aplicar este aforismo? Se me ocurren muchos –sobre todo en el segundo caso– pero si hay alguien a quién la sentencia le sienta como un guante es Aaron Sorkin, una de las mejores plumas del teatro, la TV y el cine USA de los últimos 20 años. Y yo estuve en su set, en su despacho, y me quedé con las ganas de entrevistarlo.

Fue en septiembre de 2006. Las cadenas USA estaban en la recta final de los upfronts, la presentación de sus programas estrellas para la parrilla de la temporada, y yo estaba en Los Ángeles para cubrirlo. Docenas de series, un buen puñado de estrellas pero yo solo tenía un evento marcado en rojo en mi agenda: la puesta de largo de la gran apuesta de la NBC de ese año, Studio 60 on the Sunset Strip. Y Aaron Sorkin, claro, su creador.

Y de la obra de teatro ‘Algunos Hombres Buenos’, que después él mismo se encargó de adaptar para el cine brindándonos una de las mejores réplicas. Ésta, concretamente:

O de la poco conocida –aunque se pasó casi con nocturnidad y alevosía en La 2 a finales de los 90– Sports Night. Y, especialmente *todos de rodillas* la monumental ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’. Y es que tenemos que ponernos en situación. Año 2006. George W. Bush hacía cinco que campaba a sus anchas por el 1600 de Pennsylvania Avenue. Omnipresente. Casi omnipotente. Y, mientras tanto, nosotros teníamos que conformarnos con ver al presidente USA que todo el mundo quería en el despacho oval… una vez a la semana y en la TV. Era Josiah ‘Jed’ Bartlett, un demócrata –inspirado en Bill Clinton, qué más quisiera él– acompañado por un equipo más brillante si cabe: Josh, Leo, Toby, C.J. y Sam. O lo que es lo mismo, Martin Sheen, Bradley Whitford, John Spencer, Richard Schiff, Allison Janney y Rob Lowe. Su primera temporada, emitida en USA en 1999, se llevó 9 Emmys, incluído el de Mejor Serie, galardón que repetiría los tres años siguientes, durante los cuales Sorkin escribió, solo o en compañía de otros, 85 de los 88 episodios de las cuatro primeras temporadas. ¿Qué más se podía pedir? ¿A Martin Sheen como presidente? Sorkin. Era. El. ****. Amo.

Coincidiendo con el final de la cuarta temporada, Sorkin y el realizador de la serie, Thomas Schlamme, se enfrentaron con la cadena NBC y abandonaron la nave… Para regresar poco después y terminar, como era debido, los dos mandatos de Bartlett además de anticipar, con la presidencia de Matt Santos, la llegada años después de Barack Obama. En 2006 El Ala Oeste… era historia y Sorkin iniciaba un nuevo reto. Y yo estaba allí para verlo y para hablar con todo el equipo.

La cita era en los estudios de Burbank en los que se rodaba la serie. Una veintena de periodistas de todo el mundo recorrimos todos los sets en una visita turística que me habría tomado de otra forma de haber sabido qué le deparaba el destino a Studio 60: el fracaso. Y es que ni un reparto excelente (¿Cuándo y dónde ha estado mejor Matthew Perry?), el apoyo de viejos colegas como Whitford o Timothy Busfield, unos diálogos ágiles dirigidos a un público adulto o unas tramas con el contrapunto cómico que faltaba en El Ala Oeste pudieron salvar a la serie. Una temporada. 22 episodios. Nueve meses en antena. Y adiós. De haberlo sabido, la noticia que nos dieron en el último instante –El Sr. Sorkin lo lamenta pero no podrá acompañarles hoy– no habría empañado la visita. Perry, Whitford, Schlamme, Amanda Plummer, Sarah Paulson… Fueron unos perfectos anfitriones, nos mostraron y contaron todo y más pero yo con quién de verdad quería patearme los pasillos de los bastidores de ese sosías del SNL, era con Aaron Sorkin. Marcarme un walk & talk, como el que, tiempo después y demostrando que además de buen perder y sobreponerse a los fracasos el tipo sabe reírse de si mismo, Sorkin haría con Tina Fey en Rockefeller Plaza, una apuesta muy similar temáticamente que sí salió cara.

Lo que decía al principio del post: los inteligentes pueden superar las derrotas. Ojalá todas fueran tan dulces como Studio 60 on the Sunset Strip.

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Comentarios

  1. Comentario by Steve McQueen, el Rey del cool - enero 25, 2012 11:16 am

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  2. Comentario by Douglas Fairbanks, el gran espadachín - enero 31, 2012 12:38 pm

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  3. Comentario by Ray Davies, el chico de la noria hecha con pelos de color - marzo 21, 2013 01:32 pm

    [...] Para mí The Kinks siempre serán la frase que de enano mi padre me repetía al indicar con el dedo el debut homónimo de mala hostia y garage en rojo, ahí, con vuestros trajecitos y melenas, todos bien guapos. Al alzar ese índice de cuatro centímetros y apuntar sobre quiénes eran estos tíos oía el bucle: “¿Eres de los Beatles o de los Rolling Stones? Yo soy de los Kinks“. Debíais molar un huevo para tener vuestra propia tribu de alternativosaqué por aquella época antes de que un albino triste cantase ‘Creep’ sobre la ética de Wal-Mart de Sorkin. [...]

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