Experiencias extremas

“¿Crees que iba a dejarte sólo en esto?” Cuando un cuento de hadas puede convertirse en una pesadilla. Soy maratoniano

El principio del fin

Todos los sueños pueden convertirse en pesadillas, todo aquello que puede ser tu ilusión puede transformarse en lo que más odias, pero lo más importante es que decidas lo que decidas, pongas todo tu empeño en ello. Cuando luchas hasta el final, siempre puedes ir con la cabeza bien alta, por qué tendrás la convicción de darlo todo. No es cobarde el que se retira en la lucha, el cobarde es el que ni siquiera ha intentado luchar.

La Maratón es como una vida, se empieza con mucha ilusión, se disfruta, se divierte, se lucha, se sufre, pero sobre todo, acaba igual, con lágrimas.

Empieza la cuenta atrás

Ya no hay vuelta atrás, ya estoy en la última semana. El domingo será el gran día, llevo 14 semanas seguidas centrándome sólo y exclusivamente en ese día, en esa hora en la cual daré el primer paso en la salida de mi gran carrera, de mi primera Maratón.

Ésta semana me está resultando difícil, muy difícil, mi cabeza no para de dar vueltas y pensar en la carrera. Correr me relaja mucho, me transmite toda la calma que necesito, pero justamente cuando más lo necesito, no puedo correr, ésta semana está casi prohibido, sólo 2 días y no más de 6 kilómetros, hay que cuidar las piernas.

Cuando te has habituado a correr horas y kilómetros media hora no satisface mis necesidades de correr. Soy como un adicto que necesita su descarga de adrenalina. Todo a mi alrededor me recuerda mi gran cita, igual como ese enamorado que va a declararse por primera vez o como esos amantes que llevan meses sin verse y que saben que sólo quedan minutos para reencontrarse.

En un afán por relajarme decido aislarme por completo de todo lo que represente correr, cambio mis hábitos deportivos e intento desconectar por completo. Lo único que mantengo en mente es la preparación de las cosas para el viaje, para ese viaje que me llevará desde Barcelona a Valencia a correr.

Comienza el fin de semana

Alfombra Azul

El sábado por la mañana me dirijo a Valencia rodeado por un grupo de amigos que me van a apoyar y acompañarme en ésta aventura. Vamos a comer una paella para cargar energías, intentar relajarnos y nos dirigimos a la feria del corredor a recoger el dorsal.

En ese momento, justo en el momento que veo la alfombra azul que delimita los 195 metros finales de la carrera, un torrente de emociones inunda mi corazón. Revivo cuando hace menos de un año corría sobre ese tapiz finalizando mi carrera de 10 km. Mis ojos empezaban a humedecerse al pensar que un año más tarde iba a luchar por cruzarla superando la mayor distancia olímpica. Yo, un simple corredor que no llevaba más de 1 año corriendo, tenía la osadía de atreverme a mirar a la maratón a la cara.

La noche del sábado pude dormir sólo seis horas pero las piernas estaban muy descansadas. El tiempo anunciaba lluvia por lo que decido que voy a correr con mallas piratas y con camiseta interior compresiva sin mangas para no tener frío en el cuerpo, camiseta técnica de manga corta y unos manguitos.

Nos reunimos el grupo que vamos a correr juntos, objetivo 5 horas (oficiales).

Antes de la salida

Ya queda menos de 5 minutos para tomar la salida y los nervios empiezan a aparecer en el ambiente, las ganas de empezar nos llegan a todos y, aunque parezca ilógico, justo en ese momento comienzo a tranquilizarme, después de una semana casi histérico por la ansiedad empiezo a notar que estoy calmado.

Preparados, listos, YA

Y dan el pistoletazo de salida. Todo el grupo avanza poco a poco hacia la alfombra de salida, el punto donde el tiempo empieza a contar y justo cuando piso la alfombra y el bip suena, empieza MI CARRERA (con mayúsculas).

Por delante 42195 metros.

Los kilómetros caían con facilidad y rapidez, según indicaba el práctico de 5 horas íbamos a 6:40, 6:35, 6:40, … minutos por kilómetro y casi sin darnos cuenta ya estábamos en el 10.

Kilómetro 10

Empiezan las dudas

La carrera iba genial, más que una maratón, era una fiesta. Iba acompañado por grandes amigos y todo estaba yendo genial.

Los kilómetros seguían pasando bajo mis pies y nos acercábamos a los 26 kilómetros, ya quedaba menos de la mitad de la carrera y en ese momento noté que algo no iba fino. Mi cuerpo tendía a echarse hacia adelante para ayudarme a correr pero no iba nada seguro. La pierna derecha empezaba a cargarse y no entendía el porqué. Empecé a probar diferentes pisadas a ver si me encontraba más cómodo y descargaba el cuádriceps derecho y pareció que se relajaba un poco. Una falsa alarma.

Y de pronto un ángel

Todo estaba siendo como el guión de una mala película, el héroe, muy seguro de sí mismo se cree invencible, empieza la película y todo va perfectamente pero de repente algo se pone en contra y todos nos ponemos a angustiarnos. Cuando parece que todo está perdido aparece alguien que le ayuda a salir del problema. En mi caso apareció mi ángel de la guarda, la persona que consiguió que me enamorase de correr. Siempre diré que hay personas que son importantes y sobre todo que si quieres vencer cualquier reto tienes que trabajar duro y rodearte de gente que te apoye y confíe en ti, y en mi caso es ella. En el kilómetro 31, como si bajase del cielo, apareció a mi lado, me tocó mi hombro y me dijo: ¿Crees que iba a dejarte sólo en esto? Completamente bloqueado, completamente descolocado, no pude responder, sólo supe suspirar y levantar mi cabeza que estaba empezando a caer sobre mi pecho.

Kilometro 31

Se acabó

Correr con ella es lo que más me gusta, es mi sueño, me conoce a la perfección, sabe sacar lo mejor que llevo dentro. Hasta ése momento iba muy bien acompañado pero algo no había hecho bien y estaba pagando las consecuencias.

No sabía lo que fallaba, no sabía lo que estaba sucediendo en mi cuerpo, por qué no estaba funcionando como debía. La pierna derecha estaba completamente cargada, la izquierda estaba empezando a bloquearse y sólo íbamos por el kilómetro 34, faltaban ocho kilómetros, sólo ocho y mis metas ya no eran llegar al final, sólo al kilómetro siguiente.

En el 35 ya pensaba en llegar al siguiente metro, esto no iba bien, mi cuerpo gritaba PARA YA, mí mente gritaba PARA YA, mi corazón gritaba PARA YA, mis pulmones no podían seguir, no podía respirar y tuve que gemir que no podía seguir corriendo, estaba en el kilómetro 36 y no podía más, tuve que ponerme a caminar. Intentaba dar un paso y me dolía todo, no podía caminar, estaba completamente agarrotado, mis piernas no respondían y no podía respirar. Le pregunté si era buena idea estirar y Maje me dijo que sí. No era capaz de estirar mis piernas y me tuvo que ayudar a estirar, en ese momento noté que me mareaba y empecé a vomitar, me acababa de dar una bajada de azúcar. En ese momento me sentí completamente derrotado y vencido.

El muro

Es importante la alimentación en una carrera, muy importante, pero en una maratón es CRÍTICO. Yo llevaba 4 geles para alimentarme durante La Maratón, además contaba con los avituallamientos cada cinco kilómetros. Durante los entrenamientos, planificaba el consumo de geles cada 12 ó 13 kilómetros y todo funcionaba bien. En la carrera me tomé un gel en el 16 y luego fui tirando con los avituallamientos de la organización (isotónicos, plátanos, frutos secos, …), pero sólo me había tomado un gel, eso provocó mi bajada de azúcar y mi casi desfallecimiento. Maje me dio un caramelo de glucosa y aunque al principio mi cuerpo no lo toleraba, al final pude tomármelo entero y empecé a beber agua. Mi cuerpo empezaba a responder un poco y nos pusimos a andar. El muro me había mostrado la cara amarga de La Maratón.

Mi fénix despertó

En el punto kilométrico del 37 empecé a recuperar el color y a sentirme mejor. El fuego de mi interior empezó a calentar mi corazón, y volvía a notar que estaba resurgiendo de la escombrera en la que me había dejado el muro, ese muro que te puede destrozar y que te hace darte cuenta que una maratón no es una broma.

Aceleramos el paso de cara a llegar al 38 y en ese momento dije con confianza plena: Ésta maratón ya es mía. Decido empezar a correr de nuevo, a ritmo calmado.

Poco a poco me empezaba a recuperar y las piernas se habían relajado por completo, a ritmo muy controlado me dirigía hacia la meta, hacia mi meta, ésa que tanto soñaba y que tanto deseaba con alcanzar.

En el kilómetro 40, se reunió parte del grupo que había venido a Valencia conmigo y me acompañaron hasta el kilómetro 42.

El principio del fin

Justo en el 42 comenzaba la alfombra azul, sólo quedaban 195 metros. Había luchado durante más de 5 horas, había superado una bajada de azúcar, había llorado frustrado por que creía que no podría seguir y, sin embargo, ya tenía LA META delante. 5 horas, 19 minutos y 30 segundos después de dar la salida cruzaba la línea imaginaria que delimitaba la frontera y a partir de la cual podía decir con orgullo: SOY MARATONIANO.

Meta

Finisher con Mar y JoseAbrazo FinisherFinisher Con Maje

En 1001 Experiencias | Soy un corredor que disfruta y vive su nueva pasión
En 1001 Experiencias | De 159 kilos a 42 kilómetros. Empezando un reto

Comentarios

  1. Comentario by Fitnes en la red (LIX) | Todas las Dietas - noviembre 25, 2012 06:31 pm

    [...] Y, para terminar, en 1001 experiencias podemos encontrar nuevamente una experiencia muy reveladora sobre la dureza física y mental que supone preparar y afrontar una maratón. [...]

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  2. Comentario by JOAN GINER - noviembre 25, 2012 09:48 pm

    Enhorabuena. La de Valencia también fue mi primera, y tengo que decir que me sentí orgulloso tanto de los 7781 que oficialmente completamos la distancia, como de los que no la acabaron o no se vieron preparados para correrla. Enhorabuena otra vez, VALIENTE!

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