
En el fondo creo que un hombre hecho y derecho no debería dedicarse a esto de ser actor. Pues no. Seguramente al autor de esta máxima le habría gustado mucho más dedicarse a la que fue su pasión: conducir. Sí, a Steve McQueen le gustaba conducir. También le gustaron, y mucho, las mujeres. Tanto como para birlarle a Ali McGraw a Bob Evans, uno de los hombres más poderosos de Hollywood en los primeros años 70 sin pensar si ese idilio tendría consecuencias. El amor te vuelve loco, aunque seas una estrella de cine. Pero las curvas que de verdad le volvían loco eran las que tomaba sobre ruedas, fueran dos o cuatro. Y de todo eso vamos a hablar un poco: de velocidad, chicas, talento y savoir-faire. Por algo Steve McQueen es el rey indiscutible del cool. Pero ya sabéis: todo rey tiene un yerno escondido.
McQueen era tan cool que pasó de Dos hombres y un destino porque los productores no quisieron poner su nombre antes que el de Paul Newman. Aunque hay malpensados que apuntan a otro tipo de celos. McQueen y Newman, antes de ser estrellas, coincidieron en Marcado por el odio, un biopic del boxeador Rocky Graziano dirigido por Robert Wise. McQueen no aparece ni acreditado. Los dos tenían un algo que les hacía diferentes, pasaron por el Actor’s Studio, les apasionaba la velocidad, fueron amantes de James Dean… No sigo, no sea que Joanne Woodward lea el blog. Leer más…
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